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martes, 30 de enero de 2018

Propósitos de nuevo año

imagen que representa a una foca sumergida en el agua y que solo se ve el morro
imagen obtenida en Pizabay: Suju
Acaba de empezar el año y los gimnasios se llenan de gente que se prometió a sí misma, mientras engullía las uvas al ritmo de los cuartos y las doce campanadas, que perdería los kilos que le sobran, que se pondría a dieta y haría el ejercicio que siempre supo que debería hacer, pero que nunca hace porque no encuentra tiempo ni ocasión ni quien le acompañe ni... Pero eso sí, primero el roscón de Reyes y luego... ¡a dieta!
Cuando llega enero los gimnasios se llenan, las consultas de endocrinos, dietistas y nutricionistas y/o de cirujanos plásticos tienen sus citas cubiertas durante semanas, las tiendas de deporte agotan sus stocks de ropa deportiva y observamos a nuestros amigos y conocidos mientras nos cuentan con gesto decidido su nuevo plan de choque contra esos kilos de más, dieta, ejercicio y  hasta dejar de fumar…
Dejar de fumar es otra promesa que uno se hace en su fuero interno mientras el año viejo da sus últimos estertores: vemos anuncios de chicles, parches y espráis de nicotina que te aseguran facilitarte el duro proceso de dejar de fumar… cuando es una cuestión de fuerza de voluntad y decisión firme, con chicles o sin ellos.
Es un plan de choque que, en la mayoría de los casos, no llega a febrero y que pocos van más allá de marzo. Mientras fracasamos en nuestros propósitos, uno tras otro, los que anunciaban ropa deportiva, productos de nicotina y los gimnasios ya han hecho su agosto… ellos saben que muchos fracasaremos pero ellos ya tienen su franja de negocio asegurada. Los propósitos de nuevo año se repiten una vez y otra, sin fin…
¿Y por qué este fracaso?
Creo que primero deberíamos valorar cuáles son los motivos reales que impulsan a estas personas a hacerse promesas de renovación física cuando el año viejo está tocando a su fin. ¿Por qué decide uno ponerse a dieta o hacer ejercicio para adelgazar? La mayor parte se ve impelido por motivos físicos: se miran al espejo y no se gustan con esos kilos de más. Dejar de fumar es algo que un fumador sabe que debe plantearse más pronto que tarde: es nocivo y produce patologías graves. ¿Son buenos motivos, son malos? No seré yo quien lo juzgue, por ello, hoy voy a atravesar ese fino velo que separa al profesional de la salud y la persona y voy a mostrar mi experiencia personal.
Yo me hice esas mismas promesas de fin año durante muchos años; la de los kilos y la del tabaco. Me miraba al espejo, me veía gordita y me decía: « ¡De este año no pasa, me pongo a dieta y hago ejercicio y bajo esos... kilos de más!» Hoy ya no fumo y al fin conseguí quitarme esos kilos de más. Este enlace os lleva al artículo en el que explico mi experiencia: «Memoria de una mujer obesa»

Con respecto al tabaco, la respuesta es obvia, pero, ¿por qué alguien piensa que debe bajar peso? Mi experiencia me indica que casi todo el mundo que desea bajar peso no se lo suele plantear porque le importe más su salud, casi siempre es por estética, por una «operación bikini» que está mal planteada desde su misma formulación: bajar de peso para entrar en un bañador o para que la ropa de verano nos siente tan bien como en nuestro fuero interno deseamos que nos siente. Nos planteamos un objetivo…, equis kilos; nos marcamos un plazo…, de meses; establecemos un método: más ejercicio físico —o ejercicio físico a secas, dado que muchas personas no hacen nada de nada— y una dieta.
Como persona que ha practicado este método durante años y años, fracasando tantas veces como veces lo intentó, y como enfermera que ha visto a personas enfermas y sanas años y años llevar este método a cabo abandonándolo meses después, diré que, de entrada, el planteamiento está equivocado.

imagen que muestra una escalera de caracol fotografiada desde abajo. Semeja el dibujo propio de una concha de caracol
imagen obtenida en Pixabay

¿Por qué? Vamos a analizarlo:
·      Ejercicio: hay muchas personas que sí hacen algún deporte o llevan a cabo una cierta actividad física de forma rutinaria. Pero la gran mayoría de las personas que conozco y a las personas que atiendo profesionalmente no hacen nada ni tienen hábito. Por eso pasar de 0 a 100 en un segundo es un error… si nunca has hecho deporte no puedes pretender que en una semana tu capacidad física sea la de un deportista de élite. Pasarán semanas o meses hasta que tu cuerpo se acostumbre y rinda como debe. Hay que coger una rutina y perseverar.
      El gimnasio como única opción es un error… Para mí  ir al gimnasio es algo tedioso, en el que las máquinas y aparatos mal utilizados pueden producir lesiones y daños graves. Sin un monitor que te dirija, el gimnasio es de entrada una mala opción.
      Es más positivo probar con ejercicios cómodos de llevar a la práctica: caminar a buen ritmo, montar en bicicleta, bailar (bailes de salón, zumba…) o incluso, si te gusta, correr o nadar; todas ellas son opciones asequibles sobre todo las que no requieren pagar cuotas mensuales ni matrículas. Aumentar de forma progresiva la intensidad de la actividad física y el tiempo es una magnífica forma de hacer ejercicio. Cuando ya te veas en condiciones puedes combinar varios de estos a lo largo de la semana: andar y correr; andar y bailar; montar en bici y nadar… solo o en grupo es maravilloso llevar a cabo una nueva actividad, tu cuerpo rápidamente te pide más y la sensación de bienestar, si te lo tomas con calma y le vas dando tiempo a tu organismo a acostumbrarse, es muy estimulante. Objetivo mínimo: hacer a la semana unas 5 horas o unos 45 minutos diarios.
      Siempre que se sufra una enfermedad, sea la que sea, antes deberéis consultar al médico para que os indique lo oportuno o no del ejercicio que habéis elegido.

·       Dieta o régimen: lo diré hasta la saciedad: plantearse una dieta o régimen con un plazo de inicio y uno de fin, con un objetivo en «kilos», con un papel que te diga qué debes comer en cada ingesta, pesado y medido, está abocado al fracaso… casi casi desde que se sale por la puerta de la consulta del profesional que te haya dado el papel en cuestión. Y ya si la dieta propuesta no es saludable ni variada ni asequible, o es una de las famosas que todos nombran en las revistas, no solo se está abocado al fracaso sino que nuestra salud corre un importante riesgo (disociadas, detox…).
      Se debe plantear nuestra dieta como un cambio de forma de comer y no como una dieta en sí. El profesional que nos ayude debe partir de nuestros hábitos de alimentación, conocerlos y estudiarlos para valorar de forma individualizada qué no hacemos bien y qué nos hace engordar. Nos debe plantear un cambio de elección de alimentos, diferentes formas de prepararlos, de combinarlos y repartirlos a lo largo del día, para no pasar hambre, para no aburrirnos, para disfrutar cada vez que te sientes a comer, para que la ansiedad no te lleve a abandonar. No debe tener una fecha fin o solo buscar el perder unos kilos concretos. El objetivo a conseguir debe ser modificar y mejorar nuestra forma de alimentarnos para siempre, marcando como meta que nuestro peso recupere una cifra saludable, que nuestra alimentación sea variada, atractiva, apetecible y sana.
      La palabra «régimen» debería ser desterrada de nuestro vocabulario porque marca un fracaso continuado año tras año. Tal es su fracaso que al inicio del siguiente año volvemos a retomarla.
Por ello creo que debemos buscar un objetivo fundamental cuando nos hagamos esas promesas de fin de año: ¿qué deseamos de verdad dejando de fumar o haciendo dieta? Cuando tu respuesta es que deseas estar sano y encontrarte mejor físicamente, creo que el éxito es más fácil.
Y, por favor, acudan a un médico, a un enfermero o un nutricionista. Huyan de los manuales de autoayuda o de revistas con dietas disociadas, la dietas detox, la de la piña, y todas las aberraciones de este tipo, que proponen dietas estrambóticas que ponen en serio riesgo la salud del que la sigue.
Debemos buscar una alimentación saludable, variada, con presencia de todos los grupos de alimentos, planteada a medio y largo plazo, con objetivos alcanzables y lógicos y que permitan un cambio de hábitos saludables; un plan que se apoye, además, en el ejercicio físico diario. Nunca se debería perder más de 3-4 kilos por mes sin supervisión. Y ojo a los que sufrís diabetes o ERC-IRC o tenéis problemas endocrinos o de tiroides o cualquier otra patología aguda o crónica. Sólo un profesional de la salud debe planear y seguir vuestra dieta.
Cuando el sobrepeso o la situación de obesidad suponen perder más de 10 kilos no hay milagros. No dejéis que os engañen y no os pongáis en manos de cualquiera.
Os animo a que llevéis una vida sana, una dieta saludable y variada y hagáis ejercicio de forma regular. Si aun así os sobran unos kilos, perdedlos antes de que sean muchos, pero hacedlo en el marco de una alimentación saludable y propuesta por un profesional de la salud: médico, nutricionista o vuestro enfermero de Atención Primaria. Desconfiad de las revistas y sus cantos de sirena en forma de tórax fornidos, vientres planos y bikinis de ensueño.

Y, por ahora, nada más. Cuidaos, por favor...


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