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viernes, 30 de enero de 2015

Reflexión: «Un grito de desesperación e impotencia que los políticos no escuchan»


Hoy en Facebook he leído un comentario que me ha dado qué pensar, por lo desesperado que me ha parecido, por la impotencia que expresa. Defiendo la Sanidad Pública y a sus profesionales, lo sabéis de sobra, pero está claro que en estos tiempos está herida de ¿muerte? Hoy voy a dar voz al autor de ese comentario, JUAN CHAIN, enfermero que trabaja en el Servicio Andaluz de Salud, que escribe lo siguiente: 

«Hoy de nuevo estoy indignado con la situación que atraviesa nuestra sanidad pública andaluza. Ayer se trasladaban pacientes de las urgencias de los 2 principales hospitales sevillanos a una planta del maternal del «Virgen del Rocío». Da igual si tiene una patología infecciosa, si la planta estaba adecuadamente abastecida o no, si esa persona estaba a punto de fallecer...
       Da igual. Los pacientes pueden tratarse como mercancía de un lado a otro y los profesionales son ninguneados pese a los muchos años de experiencia que arrojen...
       Hoy leo que en Cádiz trasladan a los de «Puerta del Mar» a «San Rafael», también por los cierres de camas...
       Cierres de camas para ahorrarse en personal, y el personal que hay atendiendo camas también al mínimo. ¿¿Sabes cuánto se están ahorrando?? Si a eso le juntas que estamos tirando de la medicación ¡más barata del mercado EUROPEO! (sí, ayer me trajeron un fármaco habitual pero hecho en Grecia con su hoja traducida al español). Todo vale...
     ¿Os habéis enterado que somos la comunidad autónoma que menos gasta en sanidad por habitante? Y eso en un país que es de los que menos gasta en sanidad en la UE...
       Y el ciudadano ¿qué dice? «¡Me voy a sacar un seguro privado! Es que están dando citas médicas para 14 y 18 meses, o que voy a tardar un año en operarme con los trucos de la lista de espera... Y si no me llega pues cruzaremos dedos o llamaremos a Fulanito a ver qué puedo hacer
       Y las privadas saben que basta con hacerlo sólo un pelín mejor para que no les dejes... (Estarás conmigo en que no es difícil —hacerlo un poco mejor que la sanidad pública—).
       Y cada vez más profesionales que no pasan la criba de las llamadas para trabajar. Antes de la crisis, una enfermera trabajaba de forma continuada si habías alcanzado lo equivalente a 5 años de trabajo en el sistema... Ahora, pese a que dijeron que nos iban a bajar al 75% a algunos para mantener el trabajo a tod@s, el periodo ha subido a lo equivalente a 8-9 años... Según los sindicatos, se ha perdido casi un 10% de puestos, y otro 11-12% (no saben decir cuántos) hemos estado al 75% (hasta marzo que, con las elecciones, pasaremos al 100%, sin asegurarnos que caigan —despidan— unos pocos más).
     Pues sí, están desmantelado el Sistema Sanitario Andaluz...con VUESTRO CONSENTIMIENTO, ahora ya informado, Y CON EL MIO...»
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Creo que estos comentarios nuestros políticos no los leen. Ellos nos piden que les sigamos en los perfiles de Twitter y Facebook para, salvo honrosas excepciones de las que doy fe, que les escuches a ellos. No hay feed back, solo discurso unidireccional, de ellos a ti... para que les escuches y te hagan la propaganda directo a casa.
      A renglón seguido leo a un periodista, Antón Losada, en un artículo de Diario.es, «Matar la sanidad pública» en donde desgrana esa malicia que tienen los que deciden estas cosas, en ir agotando poco a poco la calidad y los servicios y prestaciones de la pública, haciéndonos pagar incluso por lo que ya costeamos de sobra con nuestros impuestos, para lanzarnos a los brazos de las compañías privadas, al igual que Chain explica en su entrada de Facebook. 
      Las Urgencias de nuestros hospitales estos días están saturadísimas de enfermos en los pasillos, en camillas, en sillas de ruedas o de pie esperando a ser atendidos, unos, o ser ingresados, otros. Las enfermeras que se niegan a vulnerar la intimidad de los enfermos atendiéndoles en los pasillos... o la paradójica noticia de que la Defensora del Pueblo Soledad Becerril, que alerta del riesgo de aumento de muertes por las graves carencias en Urgencias.
      En fin. 
      Los políticos del gobierno central y los Servicios de Salud autonómicos se están matando poco a poco la Sanidad Pública. Están quemando vivos a sus trabajadores... que muchos de ellos se dejan la piel a diario para atender a los enfermos que tienen a cargo y se ven incapaces de seguir el ritmo que les marca de forma canalla los recortes y los repagos y el mal uso de los recursos en los diversos servicios de salud.
      Y los que se comen este «marrón» son los trabajadores de a pie... que tienen que ver a diario cómo esos recursos y ese dinero que se dice que no hay se malgasta en otras cuestiones de diverso calado que no son tan baratas: externalizaciones, consejeros a dedo, dietas y kilometraje... Si algún político está interesado, por favor, que vaya a los servicios de hospitales, centros de salud y otros centros asistenciales públicos. Deberían escuchar por una vez a los que de verdad tienen algo que decir: a los trabajadores de la sanidad pública, que se están quemando vivos desde hace años.

Y por ahora, nada más. Cuidáos, por favor...

domingo, 25 de enero de 2015

ENCUESTA: «acoso sexual en el ÁMBITO SANITARIO»

 Credit: Wellcome Library, London
«A busy hospital ward»
Collection: Medical Photographic Library
 
Sé que muchos ya habéis contestado la ENCUESTA, pero os agradecería que los que aún no lo habéis hecho me echarais una mano...
 
Voy a escribir una entrada sobre el ACOSO SEXUAL EN EL ÁMBITO SANITARIO y me gustaría hacer un pequeño análisis de cómo está la cuestión en la actualidad. Yo sufrí ACOSO en uno de los hospitales de Madrid en los que trabajé y me gustaría sacar a la luz uno de los problemas que existen al respecto y de lo que, por cierto, casi nunca se comenta nada... nada. 
  • La encuesta es ANÓNIMA 
  • Está dirigido a HOMBRES Y MUJERES  
  • Me gustaría que respondiera tanto PERSONAL SANITARIO como PERSONAL NO SANITARIO que trabaja en nuestros centros asistenciales. 
  • Tanto centros PÚBLICOS como PRIVADOS. 
Por favor, os animo a que si aún no lo habéis hecho, respondáis a estas preguntas y se lo paséis a otros compañeros para que contesten. Os lo agradezco.
 
ENCUESTA, (pincha aquí) o copia y pega esta dirección en la barra de tu navegador:
  http://goo.gl/forms/UpQmt7E7aN
 
MUCHAS GRACIAS
 

jueves, 22 de enero de 2015

Reflexiones: Si no investigas, al menos lee, aprende y aplica

Imagen perteneciente a Enfermería Basada en la Evidencia

Me he quedado subyugada con esta imagen y este eslogan, que con permiso de Azucena Santillán hago mío y adopto como si me fuera la vida en ello. Os animo a leer el artículo de Azucena que ha inspirado este, «Lectura crítica como estrategia para el aprendizaje delproceso de investigación» Constantemente lanzo proclamas sobre la profesionalidad, capacidad docente, investigadora de las enfermeras... esas capacidades que no siempre se nos presupone y que debemos a diario demostrar... 25 horas al día 8 días a la semana. También estas últimas entradas he declarado mi guerra particular a los malos profesionales de la salud mostrándolos en su cruda realidad como un enorme tumor que crece y crece sin que nadie se anime a tomar el bisturí y extirparlo o desbridarlo (algo más nuestro) de una dichosa vez.

Está claro que no todo es tan bonito como nos gustaría. Son unos pocos (y muy válidos la mayoría) los profesionales de la enfermería que llevan las riendas y tiran del carro hacia delante (aunque no se mueva nada de nada...) y los demás se dedican a observar. Cuando se habla de que el avance de nuestra profesión debe ser una labor de todos y de todas, muchos se arrullan en sus propias y soporíferas excusas y manifiestan que ellos no tienen tiempo, no pueden, no tienen recursos ni apoyos, que sus contratos son eventuales... bla y bla. 

Vale... no todos nos podemos o debemos lanzarnos a investigar. No debe ser un algo loco o fútil; debe surgir de una curiosidad, de una inquietud, de una necesidad. De un afán de mejorar, de explicar, de avanzar, en definitiva. Y, por supuesto y creo que fundamental, hay que saber investigar. Pero supongo que este último es el menor de los problemas. Lo que no se sabe se aprende... todo se aprende en esta vida, sobre todo cuando se tiene ganas. 

Aceptamos, por tanto, la conclusión de que no todos vamos a investigar. Pero dado que esto es así... por lo menos leamos lo que investigan otros. Aprendamos de y con su trabajo. Apliquemos lo aprendido y mejoremos nuestra práctica enfermera diaria. Ellos investigan para algo. Sus conclusiones dan respuestas a algo. Y nuestra labor cotidiana debe modificarse y evolucionar en base a esas evidencias obtenidas, a esas respuestas conseguidas. Recordemos que en Cuidados nada es inamovible, todo es cuestionable, discutible y, sobre todo, mejorable.

Esas frases casposas y siempre irritantes: «Esto siempre se ha hecho así» o «Si siempre ha funcionado esto para qué cambiarlo» o «si el médico no me lo dice... preguntemos a ver qué opina»... esta última, tiene el poder de matarme cuando la oigo... Hace pocos días la leí en un foro, pero ya estoy mejor.

Si deseas que te llamen «pinchaculos», «ponebatas», «sivercafés»... o «ateese» y «oyetú...» no investigues ni leas lo que investigan otros. El conformismo y la inacción, el pasotismo, es la peor lacra para una enfermera. Es necesario desear hacer nuestro trabajo cada día mejor y, como todas no podemos investigar, por lo menos lee, estudia y aplica lo que escriben otras y mejora tu trabajo y tu labor. Contagia a tus compañeros de este deseo de saber y mejorar... te aseguro que es contagioso y mejor aún, adictivo. Porque cuando los enfermos a los que cuidas, atiendes y curas salen beneficiados de tus cuidados basados en evidencias e investigaciones (propias o ajenas) eso produce tal subidón que solo se desea más y más... créeme es impresionante. 

Prueba y, cuando lo hagas, ya no podrás parar. Y si tus compañeros no te siguen, da igual. Hazlo tú. Para empezar a moverse y caminar, primero hay que lanzar un pie hacia delante. Y después el otro...

Y por ahora nada más. Cuidaos, por favor...

jueves, 8 de enero de 2015

Memoria de mi enfermera LIV: «Yo no defiendo a los malos profesionales. SEGUNDA PARTE»

Imagen obetnida en Pinterest de MartinaUrbina(C)

Retomo el tema que inicié hace unas semanas, «Yo no defiendo a los malos profesionales»
He comprobado con no poco asombro la enorme repercusión que ha tenido esta entrada, la cantidad de comentarios tanto en este espacio, como por mail, como en redes sociales... me ha sorprendido comprobar que hay tantos profesionales de la sanidad (española y no española) que se han sentido identificados.
      Hoy, 8 de enero 2015, Chema Antequera -@defensorenferme- me ha invitado a que retomemos el tema y debatamos en twitter sobre este escabroso tema con el Hashtag #SanitariosDañinos. Me siento muy contenta de que podamos debatir libremente de este tema tan feo, que podamos abrir este melón podrido que tanto daño hace a las profesiones sanitarias en general y la enfermería en particular. Estoy sumergida desde que nació en la plataforma #EnfermeríaVisible y solo voy a defender la profesionalidad y calidad humana de las buenas enfermeras... del resto, no. Al resto voy a ponerlas en evidencia siempre que pueda y tenga ocasión. Nuestra profesión se merece que sólo seamos visibles los buenos y que arranquemos a los malos profesionales como si de un tumor maligno se tratara.

Me he visto en situaciones muy complicadas desde que inicié mi labor profesional hace más de 27 años ya, como auxiliar de enfermería (TCAE) y he denunciado muchas de ellas a mis superiores... superiores que no sólo no han hecho nada si no que han mirado hacia otro lado.
Esto me ha pasado a mí...
  • He trabajado con enfermeros borrachos que no han sabido reaccionar ante una urgencia grave;
  • He trabajado con celadores borrachos que han venido a amortajar a un paciente y se han tenido que sentar para no caer o que su peste a vino se olía a kilómetros; 
  • He trabajado con auténticos enfermeros kamicazes, capaces de coser cualquier herida que cayera en sus manos como si no hubiera un mañana... Sedas enormes en dedos o en cara, sin levantar curas durante días aunque lo sucio de la herida inicial recomendara una revisión diaria.
  • He visto a auxiliares cuasi-ordenar a familiares y acompañantes que lavaran a su familiar si querían estar limpitos ese día... si no, ese día no tocaba.
  • He visto como enfermos comían su comida fría porque nadie se ha dignado a calentarla... o las auxiliares han protestado cuando se les ha pedido. 
  • He visto sistemas de drenaje colgar de camas durante días y de palos de suero porque nadie se dignaba a llevárselos una vez retirados de la herida o de la sonda vesical; 
  • he visto quitar puntos con uñas de manicura por no ir a buscar unas pinzas adecuadas; hasta una supervisora me ordenó una vez quitar todos los puntos de la planta de pediatría que tocara retirar esa jornada con las mismas pinzas... alegando falta de material. Por supuesto, no lo hice.
  • He tenido que ver cómo compañeros míos estaban sentados en el despacho del jefe comiendo pipas, mientras otros corríamos de un lado para otro atendiendo urgencias o atendiendo más de 60 números en la sala de curas, sencillamernte porque habían terminado con lo que les tocaba ese día. 
  • He trabajado con enfermeros que se quedaban dormidos en el control a la vista de todos y la supervisora nos pedía que no habláramos alto para no despertarlo
  • He visto a enfermeros «convencer» a enfermos crónicos y familiares que no era necesario que se les fuera a curar a casa...y ese enfermero no iba. Aunque la situación del enfermo o el calibre de las úlceras así lo aconsejaran.
  • He visto a enfermeros cometer errores en la medicación por no ir a revisarlo a la hoja de pautas... lo he visto como paciente.
  • He visto... he visto dejar una planta de uci con un solo enfermero a diario desde las 14 a 15 horas y desde las 21 a 22 horas. Creo que con conocimiento de la supervisora, si no, no comprendo que se hiciera con tal asiduidad... de hecho a la jefa se la veía durante la mañana un segundo y después desaparecía hasta el día siguiente. Yo me negaba a dejar mi servicio antes de final de mi turno y se me tachaba de «tonta»
  • He tenido noticia muy cercana de enfermeros que realizaban mal su trabajo de forma patente para todos y nadie hacía nada. Hasta que los familiares denunciaban... entonces, sí.
Creo que todos debemos tomar el toro por los cuernos en este asunto. Debemos afrontarlo para erradicarlo, todos: enfermeros, jefes, cargos intermedios... Creo que también las escuelas/facultades de enfermería son responsables: muchas de ellas se dedican a fabricar «enfermeros de serie» en una cadena de montaje nefasta e impersonal, descuidan la formación de sus alumnos, no supervisan qué enfermeros les forman en los servicios asistenciales ni cómo les forman; sus docentes no son siempre los más adecuados (sobre todo en enfermería... deberían ser docentes convencidos de la profesionalidad, capacidad y ciencia de la enfermería... no médicos revenidos, rebotados de otros sitios o que no valen para otro lugar, que muestran su incapacidad y resentimiento profesional en alumnos que han elegido enfermería por vocación y que sólo esperan que se les muestre lo que es y debería ser la enfermería en todo su esplendor, no solo como «pinchaculos» y «ponebatas»). Como ya dije en su día, en las Facultades de Enfermería deberían estar los mejores... no solo los elefantes buscando la senda de su cementerio profesional o los acomodaticios que solo buscan un sueldo bueno y un buen lugar hasta la jubilación... ¡Ojo, no digo que todas las facultades sean iguales! Seguro que las hay buenas y muy buenas; pero a mí solo me han contado de primera mano cosas que dejan mucho que desear. Cada uno que se mire lo suyo... Generalmente los alumnos se forman a imagen de quien les forma... De ahí pueden proceder muchos malos profesionales.

Esto es todo lo que deseaba contar hoy. Complementar lo que escribí hace semanas y dar la puntilla a lo que vamos a debatir hoy.

Y, por ahora, nada más... Cuidaos, por favor.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Diferencia entre vivir y morir: HEPATITIS C, Ministerio de Sanidad y un fármaco



 imagen perteneciente al diario Yo me tiro al monte

El Ministerio de Sanidad (por los recovecos legales que sean...) no proporciona a los pacientes de Hepatitis C el fármaco que podría lograr su curación completa, condenándolos a una muerte segura.
      Cada día mueren es España una media de 11 pacientes de Hepatitis C
      Si el Ministerio de Sanidad no proporciona ese fármaco que está a disposición de quien lo pague cada día morirán unas 11 personas que podrían vivir si se les proporcionara ese fármaco.

«Actualmente en España hay cerca de 35.000 pacientes cirróticos a la espera de recibir el Sovaldi, la nueva medicación con una elevada tasa de curación que el Gobierno reparte con cuentagotas debido a su elevado precio. Cada día, 11 personas mueren en España a causa de esta enfermedad.»

El gobierno de este país gasta millones en cosas como rescate a bancos, perdona deuda de 3000 millones de euros a las eléctricas sin ningún pudor, los parlamentarios viajan a costa de los impuestos de los ciudadanos sin creerse en la necesidad de justificarlo... sí, el gobierno de este país gasta, incluso derrocha (sistemas informáticos, iPad e iPhones..., viajes, cenas, gastos representación, sus sueldos, el de sus asesores puestos a dedo...), nuestro dinero como le place; pero pocas cosas en Sanidad son tan imprescindibles para que las personas puedan sobrevivir a corto plazo como lo es este fármaco... Ya hemos sufrido sobradamente, RECORTES, REPAGOS, PRIVATIZACIONES ENCUBIERTAS..., MENOSPRECIOS A LA SANIDAD PÚBLICA.
      Ellos, los que conforman este gobierno, no tienen que debatirse a diario sobre recibir un medicamento que podría salvarles la vida y luchar por ello; sólo por esa razón no tienen ninguna prisa. Muchos creíamos que con la desaparición de la gestión ineficaz de Mato del Ministerio quizá el panorama sería otro. Pero está claro que no es cuestión de quién ocupe una silla concreta, lo realmente importante es que debe ser algo, alguna carencia, que emana del propio gobierno... que no considera que esto, salvar vidas de personas enfermas, sea una prioridad real para los ciudadanos. Estoy segura que si alguien del gobierno tuviera Hepatitis C y su vida dependiera de ese fármaco, ya se estaría sirviendo en las farmacias hospitalarias sin problema ninguno. Lo digo sin acritud...
Los pacientes y sus familias se han encerrado en el hospital 12 de Octubre para reivindicar algo que entra dentro de toda lógica. Nos necesitan, por eso se van a un hospital a hacer su encierro...
Este espacio y yo misma nos unimos a su reivindicación:
SALVAR VIDAS DE PERSONAS ENFERMAS ENTRA DENTRO DE CUALQUIER PRIORIDAD, PORQUE PARA ELLOS, los enfermos de Hepatitis C, QUIZÁ, NO HAY UN MAÑANA... ESPEREMOS QUE LA VIDA DE ESTOS ENFERMOS ENTRE TAMBIÉN DENTRO DE LA PRIORIDAD DEL MINISTERIO.

Y, por ahora, nada más. Cuidaos por favor...

martes, 16 de diciembre de 2014

Memoria de mi enfermera LIII: «Yo no defiendo a los malos profesionales»

Foto Lola Montalvo (C)

Me pone el compresor para sacarme sangre... me lo pone muy apretado, dándome pellizco en la piel.
   Se lo digo:
   —Oye, perdona, la goma me hace daño, ¿puedes aflojarla?
   Suspira irritado y me dice:
   —Será sólo un segundo.
   Me frota con una gasita en la flexura del codo y me golpea hasta escocerme con el dorso de los dedos.Suelta una risita, que a mí me resulta cínica, y me dice:
   —Para venir a sacarse sangre hay que traerse puestas las venas de casa...
   —Nunca he tenido problema... y...
   —Usted no tiene venas.
   Suelta un último suspiro y me pincha. Con decisión. Estuve tentada a no mirar, pero lo hice. Mete toda la aguja y no sale sangre, como me temía. Entonces empieza a meter y sacar la aguja sin sacarla nunca del todo, rebuscando con gestos irritados. Me hace daño y se lo digo.
   —¡Señora, no tiene buenas venas! ¡Tengo que hacer mi trabajo!
   No tarda en aparecer un bulto azulado que nadie me tiene que explicar que supone que la vena se ha roto. Me quita el compresor con un gesto seco y me pone la gasita. Saca la aguja y me ordena:
   —¡Apriete fuerte!
   Obedezco. Me duele mucho y se lo digo. Sin mediar palabra me pone un esparadrapo sobre la gasita dándome un par de vueltas a todo el brazo. Se le nota enojado —¿conmigo?— y me ordena:
   —Déme el otro brazo.
   Obedezco otra vez.
   Y nuevamente comienza todo el proceso. Goma apretada hasta el pellizco. Golpes en la flexura del codo. Piel enrojecida. Pinchazo. 
   Y, nuevamente, falla. Rebusca como antes con la aguja, metiendo y sacando. Me produce un dolor insoportable pero no me quejo. No me apetece escuchar su tono desabrido.
   —Señora, usted no tiene venas.
   Me lo dice con un tono seco, sin llegar a ser desagradable. Pero me lo lanza como si fuera culpa mía. Me coloca la gasita y el esparadrapo dando otro par de vueltas. Me pone el compresor sobre el antebrazo y me busca en las manos. Sigue todo el proceso... tres veces más. Tras cinco —¡¡cinco!!— intentos fallidos... y volverme a repetir que no tengo venas, me quita el compresor, se levanta y le pide entre susurros a su compañera que le haga el favor de pincharme ella, «que la mujer esta no tiene venas...», insiste. Yo, a esas alturas, ya tengo lágrimas en los ojos que contengo a duras penas.
   La enfermera se sienta ante mí con una sonrisa amable en la cara y me pide con voz suave que le deje un brazo. Asó lo hago. Quita el esparadrapo, me aprieta y ajusta el compresor sobre la blusa, «para que no le pellizque la goma», me dice y me busca con dedos expertos sobre la piel de la flexura. «Aquí hay una» me cuenta con un tonillo esperanzador. Me limpia con una gasita y me avisa, «respire hondo».
   —¡Ya está! —me dice al tiempo que me quita el compresor. Ha llenado los cuatro tubos casi sin pestañear.
   Me aprieto la gasita que ella me ha puesto con el brazo extendido, tal como ella me indica. Me levanto, le doy las gracias y me voy. No puedo evitarlo, siento alivio de que haya terminado todo bien. Podría haber sido peor, sin duda alguna. Todo habría sido mucho peor si, en lugar de al quinto pinchazo fallido, el otro enfermero se hubiera empeñado en que yo no me iba de allí hasta que fuera él, y sólo él, el que me sacara la sangre. Por suerte no todos son como ese enfermero...

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Llevo dos semanas con esta entrada paralizada, releyéndola, retocándola. sin decidirme a publicarla. Pero la entrada de Rosa Nieto, con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LA VISIBILIDAD ENFERMERA, en su blog titulado, «Decálogo para la enfermera INvisible» me ha dado razón a que continúe. Y así lo hago...

Esto es un relato, sí, pero está basado en un hecho totalmente real. Todos los que lean esto, tanto profesionales de la salud como usuarios y enfermos, saben que no es inventado. Alguno, desde un lado o desde el otro ha vivido una experiencia similar. Por desgracia.
      En mi actual trabajo me dedico a tomar muestras de sangre a diario, entre otras procedencias. Y muchas de las personas que acuden a nuestra sala nos cuentas historias muy peregrinas que les ha sucedido en otras salas de extracciones, públicas y privadas. Decirle a un usuario que «no tiene venas» es la más suave y frecuente. Hay otras perlas dialécticas como: «Que tiene la sangre solidificada», «que sus venas están esclerosadas», «que me pone el brazo muy rígido»... Es una pequeña muestra de otras muchas de las estupideces que nuestros colegas enfermeros/as pueden soltarle a la cara a un usuario/enfermo sin pestañear para no reconocer jamás que no está a la altura de las características anatomofisiológicas de la persona que tiene delante para tomarle una muestra de sangre. Que no es que el usuario no tenga venas... es que el enfermero/a es ¿un inepto? Debe serlo para no reconocer su incapacidad para sacar sangre.
     El enfermero/a debe poner todo su conocimiento para adaptarse a cada persona que le corresponde atender... y no al revés. Está claro que a muchos y a muchas profesionales de la enfermería se les olvida algo tan básico. No todos nuestros usuarios/enfermos tienen las venas como tubos de butano. Por eso cuando la cosa se pone difícil el profesional debe echar el resto para atender a esa persona de la mejor forma posible, sin menospreciar la labor de tomar muestras de sangre, procurando no hacer daño ni molestia, sin cabezonerías ni ensañamientos y, sobre todo, con respeto a su inteligencia. Que los usuarios y enfermos la tienen, aunque no tengan conocimientos de cuidados de enfermería.
    
No cuento nada nuevo si digo que no todos los profesionales de la salud son buenos profesionales. La profesionalidad no viene con el título; es un algo que se aprende, que de adquiere y que esa persona debe buscar con ahinco. Yo me esfuerzo a diario por aprender más, saber más y llevar a cabo mis técnicas de la mejor manera posible, cuidando a cada usuario/enfermo que tengo delante como me gustaría que me cuidaran a mí. Pero no todos los enfermeros hacen lo mismo. Muchos son malos profesionales... y otros son hasta nefastos. Y no es que yo sea estupenda y superguay... es que los otros son malos.
   Estos meses atrás he tenido ocasión de ser usuaria del sistema sanitario público en el papel de madre de enferma, esposa de enfermo y enferma yo misma... Y he podido observar con mis propios ojos y en primera persona cómo se trabaja. La mayor parte de mis colegas son buenos profesionales, (muy buenos, todo hay que decirlo) y llevan su trabajo de forma correcta y adecuada. Pero por desgracia otros (que siempre son muchos... ¡demasiados!) eran nefastos. Voy a contar sólo lo que yo he vivido en mis carnes:
  • Al hacerme un TAC con contraste tenía miedo. El que me cogió la vía me dijo que cómo me atrevía a donar un riñón si no era capaz de sufrir un pinchacito y un contraste de nada. Salí llorando de la sala sin que el enfermero pestañeara.
  • Pedí que me durmieran antes de llegar a quirófano... se me prometió que así sería. No se hizo. Al final en quirófano, muerta de miedo y supernerviosa, me durmieron a toda prisa. No recuerdo haberme echado en la mesa de quirófano pero sí entrar llorando.
  • Ya en planta, una enfermera apareció una noche e intentó con todas sus fuerzas darme a mí la medicación de la señora de al lado. Al final conseguí que fuera a su control de enfermería y revisara el tratamiento de cada una de nosotras. Y lo hizo. Y regresó riendo: «¡Ay, es que tengo mucho lío esta noche y yo no soy de este servicio...!» Bla, bla, bla...
  • Ingresada tras una intervención de apendicitis, a mi hija le prometieron que si bebía y toleraba le darían ese día de comer. Tenía mucha hambre. El cirujano se fue sin escribir esa orden. Y ningún enfermero fue capaz de llamarle por teléfono para que lo escribiera. Mi hija se estuvo 24 horas de más sin comer por no hacer una llamada. Al día siguiente el cirujano intentó regañar a mi hija por no estar ya comiendo... Yo expliqué lo sucedido en realidad.
  • A mi hija le ponían los botes de medicación y tras finalizar, los retiraban. Aprovechaban los sistemas para no tener que poner uno cada vez. Algunos tapaban la conexión antes de colgar el sistema en el palo. Pero uno de ellos lo dejaba al aire... colgando. Me tuve que dirigir al control y pedir una aguja para tapar la conexión del sistema. Otra de las veces, lo tiré al suelo y le dije a ese enfermero que el sistema estaba en el suelo, para que no se lo pusiera a mi hija otra vez... la guarrindonguez de algunos y algunas me deja estupefacta...
  • En fin... más cosas, pero sería cansino.
Defiendo mi profesión con uñas y dientes. Los que leen esto con cierta frecuencia lo saben. Defiendo mi trabajo y el de mis colegas en todos los servicios de salud y asistenciales hasta la extenuación. Llevo 25 años haciéndolo y lo seguiré haciendo. Pero jamás defenderé al que no hace su trabajo bien. Al que no estudia y se forma para mejorar cada día, al que no se deja la piel a diario, como lo he hecho y lo hago yo, para intentar ser cada día mejor enfermera. Al que no reconoce sus errores o su ignorancia y sigue tan pancho/a haciendo como que no pasa nada. Al que es capaz de dejar a un enfermo sin cura o sin medicación o sin analgesia o sin comer porque no son capaces de hacer una llamada o médicos que se cabrean porque se les llama porque un paciente tiene dolor o insomnio o ansiedad... o hambre.

¿Dejadez? ¿Ignorancia? ¿Pasotismo? ¿Cansancio?
      El motivo da igual. Lo único que importa es que están ahí. Eso sí, son muy pocos; una gota en el mar con respecto a los miles de profesionales que hacen bien su labor a diario, pero cuando a uno mismo como usuario le toca esa gota en el mar...

Sí, hay demasiados malos profesionales. No sé cuantos son. Dos, tres... uno por servicio. Me da igual. Porque para mí, uno sólo, uno, ya me parece demasiado. Demasiado. No pienso defender jamás una mala praxis ni justificarla ni ocultarla ni intentar siquiera explicarla cuando proceda de un profesional de este tipo. Creo que hay algunos que se han equivocado de profesión y no se dan cuenta que trabajan con personas. La defensa que hago de mi labor y la de mis compañeros, los que se dejan a diario la piel en lo que hacen y se esfuerzan por trabajar cada día mejor, jamás tapará una mala práctica de personas como éstas.

Lo peor de todo es que los superiores de estas personas suelen ser conocedores de su mal hacer y lo tapan o lo justifican o hacen que lo ignoran... lo que sea. El caso es que he visto a estas personas mantener su trabajo (sin ser fijas, ojo, o sea que imaginen los que tenían plaza en propiedad) mientras a otros profesionales muy válidos y que hacían bien su trabajo se les ha despedido sin pestañear al vencer su contrato. Creo que hay «enchufes» y recomendaciones muy mal entendidos...¡Demasiados!

Bueno, esto es lo que deseaba hacer. He retocado el texto decenas de veces, lo he releído... una vez y otra. Y aquí está. Creo que el sistema debería tener sus propias herramientas para detectar a estos malos profesionales y poder deshacerse de ellos y que no vuelvan a tocar ni se acerquen a un enfermo o usuario. Algo muy importante falla cuando muchos de estos malos profesionales siguen ahí.

Y por ahora, nada más. Cuidaos, por favor...

viernes, 12 de diciembre de 2014

#ENFERMERIAVISIBLE MANIFIESTO

http://enfermeriavisible.es/?page_id=60










El pasado 25 de octubre iniciamos un movimiento reivindicativo que creo todos conocéis ya, que se ha dado en llamar #EnfermeríaVisible, con el lema:  
Lo que no se ve, existe. 
A veces, lo esencial es invisible a los ojos. 
Seguimos con la misma idea y fomentamos la esencia y el espíritu de nuestra reivindicación, que tiene como meta hacer visible a los profesionales de enfermería en el ámbito de un equipo multidisciplinar, así como al resto de los componentes y profesionales no médicos de dicho equipo, que posibilitan que se cuide la salud de los ciudadanos, se curen sus enfermedades y se atienda de forma integral sus procesos de enfermedad e invalidez. Queremos hacer hincapié en la idea de que todos juntos, con una labor conjunta y organizada, posibilitan el cuidado y la curación. No se va contra nadie... muy al contrario, pretende aunar a todos en una misma idea.
      Los que conformamos este grupo, creemos necesario que la sociedad se implique en este cambio ya necesario y sin vuelta atrás. Por ello solicitamos la adhesión a nuestra reivindicación en forma de la aceptación del siguiente MANIFIESTO#EnfermeríaVisible, dirigido a tres grupos fundamentales: 
  • Enfermeras
  • Organizaciones Sanitarias
  • Medios de Comunicación

#EnfermeríaVisible solicita tu adhesión a este manifiesto, que lo hagas tuyo, que lo compartas y lo difundas. Consideramos hoy, 12 de 12 de 2014 el Día Internacional de la Visibilidad Enfermera, queremos volver a generar una corriente de opinión y que, de nuevo, se debata en las redes sobre este asunto. Pero conscientes de que el gran lastre de nuestra invisibilidad no está en las redes sociales, queremos llegar más allá hasta las enfermeras de a pie y para ello necesitamos de tu ayuda.
      Por este motivo, te pedimos que nos ayudes a difundir, propagar y promocionar este manifiesto e incluso, llegado el caso, a que te atrevas a publicar un post junto a nosotros o, yendo más allá, colabores suscribiéndolo públicamente e incluyendo la imagen que te adjunto, en el banner lateral de tu blog redirigiendolo al manifiesto, es decir, a: 
http://enfermeriavisible.es/?page_id=60

 Sólo con tu ayuda podemos conseguirlo.
Y, por ahora, nada más. Cuidaos, por favor...

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Campaña «Mujeres por el corazón», también a ellas les enferma el corazón

http://www.mujeresporelcorazon.org/

Existe cierta tendencia a pensar que las enfermedades cardiovasculares (infarto, angina...) sólo afectan o afectan más a los hombres. Por desgracia, esa idea es un error...
      Se ha puesto en marcha una campaña dirigida a las mujeres para acabar con esta idea y concienciar sobre el verdadero problema que suponen estas patologías para las mujeres. En esta entrada os informo de la misma:


«Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de mortalidad en nuestro país (30%). También es el motivo de fallecimiento más habitual entre las mujeres: sólo en 2012 provocaron la muerte de 43.000 españolas. El infarto en la mujer tiene peor pronóstico; tarda más en ser atendida, pues los síntomas no suelen reconocerse. Por eso, FUNDACIÓN MAPFRE, Fundación ProCNIC, y la Comunidad de Madrid lanzan la campaña “Mujeres por el corazón”, para dar a conocer las medidas preventivas que evitan la enfermedad en la mujer, sus principales síntomas, y cómo actuar» 
fuente http://www.mujeresporelcorazon.org/
Esta campaña informa sobre este problema y pone a disposición de las mujeres recursos gratuitos para ayudarlas a desear cuidarse y llevar una vida saludable... una vida cardiosaludable. También expone el problema que supone a veces el diagnóstico de situaciones agudas por el enmascaramiento de ciertos síntomas que pueden suponer la no asistencia inmediata/precoz en un cuadro agudo.
      En la web, que encontraréis AQUÍ, podreís encontrar una guía muy interesante, amena y sencilla, en .pdf para que consultéis on line o descargueis en el movil o en la tablet; se lleva a todos los sitios y se consulta donde haga falta.
      Creo que es un recurso muy interesante que os recomiendo consultar a todos y todas. Y a los profesionales de la salud os puede venir bien para recomendar a vuestros enfermos y usuarios. Es importante que estimulemos en los ciudadanos el deseo de estar bien y llevar una vida saludable. 
Y, por ahora, nada más. Cuidáos, por favor.

lunes, 1 de diciembre de 2014

1 diciembre 2014 Día mundial en la lucha contra el SIDA


Otros años, en otras ocasiones he hablado del SIDA.
Y poco ha cambiado. Sigue habiendo casos nuevos... quizá cuando a estas alturas se espera que el número de casos nuevos se frenara algo en su crecimiento, a las alturas en las que nos encontramos. ¿Qué falla? ¿La información? ¿La educación sanitaria? ¿Los recursos sociosanitarios? ¿Quizá puede ser un efecto de que la población en general ya considera el sida una enfermedad no mortal... crónica?
      Demasiadas preguntas se generan al hilo de esta información.
    Pero el sida es una pandemia y como tal afecta a otras regiones del mundo... y a países en desarrollo, que no tienen acceso a medios diagnósticos ni de tratamiento que tenemos en los países más privilegiados.
       La ONU se plantea en la boca de su Secretario General, Ban Ki-moon, el siguiente reto:


«En este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, exhorto a los dirigentes de todo el mundo a unirse en pro de nuestra causa común. Ya hemos comenzado a dar un giro a la situación y nos hemos fijado un objetivo audaz. Acabemos con el SIDA, todos juntos, antes de 2030.»


¿Y cómo se acaba con esta brecha?
En la página de la ONU encontramos esta información, pero resumidos sus puntos fundamentales son estos (fuente ONU)

«Acabar con la epidemia del sida para el año 2030 es posible, pero sólo si logramos que todas las personas, en todos los lugares del mundo, tengan acceso a los servicios que precisan: prevención, tratamiento, atención y apoyo.
  • Cerremos la brecha en las pruebas diagnósticas de VIH, para que 19 millones de personas que desconocen su estado serológico positivo puedan finalmente acceder a servicios de apoyo.
  • Cerremos la brecha en el acceso al tratamiento contra el VIH, para que 35 millones de personas que viven con el virus dispongan de medicamentos que salvan vidas. 
  • Cerremos la brecha en el acceso de los niños a las medicinas, para que todos los menores que viven con el VIH reciban el tratamiento correspondiente. Tan solo un 24% tiene acceso actualmente. 
  • Cerremos la brecha en el acceso a los servicios, para que todas las personas puedan formar parte de la solución a este problema.»
En fin.
Esta es la información, pero soy escéptica. Los países desarrollados son egoístas en el repartos de sus recursos para sus propios ciudadanos menos afortunados. Dudo enormemente que sean generosos con países que hasta hace poco les traía (y les trae) sin cuidado. Sólo hay que ver los casos recientes de contagios de Ébola... sólo cuando se han contagiado ciudadanos pertenecientes a países poderosos es cuando les ha importado esta infección. Y lo mismo con el sida desde que se conoció su extensión desmesurada. Los gobiernos... y muchos de los ciudadanos son egoístas y poco solidarios. Pero demos un pequeño voto de confianza... quizá esta vez sea la buena.

Y, por ahora, nada más. Cuidaos, por favor...

jueves, 27 de noviembre de 2014

Reflexiones: DENIS MUKWEGE, Premio Sájarov 2014

Imagen perteneciente a BBC

Imagen perteneciente a Clarin.com

Yo creo que la mayor parte de nosotros no conocemos a este médico congoleño que ha recibido el premio Sájarov 2014 de Libertad de Conciencia, DENIS MUKWEGE. Le conocí ayer, lo vi en la tele, le escuché en la radio y me encogió su labor. Me emocionó.

Este médico ginecólogo se ha dedicado desde hace ya muchos años, desde 1998, a curar las lesiones brutales que sufren mujeres y niñas por ser violadas. El Congo, que vive en constante conflicto armado desde hace ya tantos años que ni es noticia en los medios, sufre esta lacra de la violencia sobre las mujeres, en el que se utiliza la violación de mujeres como arma de guerra, algo que está condenado ya desde 1925, pero que a los que hacen las guerras les da igual. Y hacen un daño no sólo físico, por el mero espanto de una violación; hacen un daño psicológico, anulando a la víctima y  una daño social, condenándola al ostracismo entre sus iguales

«Al concederme el Premio Sájarov, llaman ustedes la atención del mundo sobre la necesidad de proteger a las mujeres en periodos de conflictos armados, y rechazan la indiferencia frente a una de las mayores catástrofes humanitarias de estos tiempos modernos»,  Mukwege ante los eurodiputados en Estrasburgo  (fuente: Huffinton Post).

En el hospital que él mismo fundó, el Hospital Panzi en Bukavu, a diario opera a una decena de mujeres con heridas horripilantes a resultas de violaciones brutales, violaciones en grupo, violaciones con objetos, lesiones producidas por productos químicos, violaciones a niñas... incluso bebés.

«Este premio no significará nada para las mujeres víctimas de violencia sexual si ustedes no se unen a nuestra búsqueda de paz, justicia y democracia (...) Juntos, los políticos, la sociedad civil, los ciudadanos, los hombres y las mujeres, tenemos que rechazar el uso de la violación como arma de guerra»
 (fuente: Huffinton Post).

Este médico ha puesto su vida en riesgo (sufrió un atentado en 2012) por hacer lo que hace. Y, aún así, sigue ayudando a estas mujeres todos los días.

«Los cuerpos de las mujeres se han convertido en un auténtico campo de batalla y la violación se utiliza como arma de guerra»
(fuente: Huffinton Post)

Espero que ya conozcamos todos quien es este hombre y lo que hace. Y que no lo olvidemos. Mi admiración absoluta hacia estos profesionales de la salud que convierten el motivo de su profesión en su objetivo en la vida. 

Y, por ahora, nada más. Cuidaos, por favor....

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