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martes, 23 de noviembre de 2010

Memoria de mi enfermera XXI: "Cruz y Cara"

CRUZ:

  • Me llamo Manuel y tengo cuarenta y cinco años. Soy diabético desde hace más o menos tres, aunque supongo que padezco esta enfermedad crónica desde hace mucho más. En mi familia todos mis hermanos y yo padecemos esta enfermedad, pero sólo yo me pongo insulina. Ellos se controlan con pastillas, con antidiabéticos orales. He de reconocer que ellos están mejor y eso que yo soy el más joven. ¿Por qué? Sencilla y llanamente porque desde que me diagnosticaron la enfermedad me negué a cuidarme, a reconocer que estaba enfermo, porque aunque tenía más de 200 mg/dl de glucemia basal, me encontraba perfectamente. Tengo sobrepeso y me negaba a adelagazar o hacer ejercicio; menos aún, a seguir una dieta. Tengo Hipertensión y no consentía en dejar de consumir sal y tomarme las pastillas de la tensión... que me tomaba cuando me acordaba, lo que no era ni todos los días ni a la misma hora. El colesterol comenzó a subirme pero nunca acepté la medicación ni me limité en mis comidas. De todo lo que sufría y sufro le echaba la culpa a la médica... «¡cuanto más me busque, más cosas me encontrará!», le decía a mi médica con sorna. ¡Como si todo lo que padezco fuera culpa de nadie! Era un mal paciente, aunque ella intentó con todas sus fuerzas que entrara en razón, ella y el enfermero de mi centro de salud que nunca dejó de informarme y de intentar que me cuidara; pero yo me negaba a reconocer lo evidente. Un día me puse muy enfermo... me llevaron a Urgencias y me tuvieron que meter directamente en la UCI. Sólo fueron unas horas, pero me sirvieron para darme cuenta del daño que había sufrido mi cuerpo por negarme a reconocer lo evidente: sufro una enfermedad crónica, Diabetes tipo II, que requiere una serie de cuidados a todos los niveles: dieta, ejercicio, bajar de peso, medicación. Debí de aceptarlo desde el primer día porque ahora sufro consecuencias irremediables por mi diabetes mal cuidada: una afección cardiaca, inicio de ceguera, mala circulación en las piernas, úlceras y los primeros estadíos de una afección renal irreversible. Sí, mis hermanos están mucho mejor que yo... como yo podría estarlo si hubiera hecho caso a mi médica y a mi enfermero.

CARA:

  • Me llamo Manuel y tengo cuarenta y cinco años. Soy diabético desde hace diez. Mis hermanos mayores también lo son. En cuanto supe que ellos estaban enfermos acudí a mi médico y pedí que me hiciera una revisión, dado que la diabetes que sufren ellos, la tipo II, tiene un compenente familiar-hereditario. Y, efectivamente, también yo padezco esta enfermedad crónica. Al principio mi médica me indicó que existía la posibilidad de que me tuvieran que pautar insulina por las altas cifras de glucemia basal con las que empecé y el sobrepeso que padecía, pero como he llevado la dieta a rajatabla desde el primer día, he hecho ejercicio de forma regular y he bajado mucho peso, aún sigo tomando antidiabéticos orales que me controlan las cifras de glucosa en sangre muy bien. Yo mismo me hago los controles y me ajusto la dieta en base a mis necesidades. He aprendido a controlar mi enfermedad gracias a mi enfermero del centro de salud que me ha facilitado, por medio de unos sencillos cursos de autocontrol de la enfermedad y visitas regulares de refuerzo, las herramientas que me posibilitan que sepa qué debo hacer en todo momento, lo que me evita la angustia ante posibles subidas o bajadas de las cifras de glucemia. Cada cierto tiempo me revisan la vista, la función del corazón y la circulación y el funcionamietno de los riñones, órganos que pueden sufrir a corto y medio plazo con esta enfermedad, pero hasta ahora todo está muy bien y correcto. Soy un paciente bien controlado y sin afeccciones secundarias. Consciente del riesgo, he llevado a mis hijos al médico para que los revise; por ahora no debo preocuparme, están bien, así que llevan una vida sana en alimentación y ejercicio saludable, lo que les disminuye el riesgo, más que probable, de sufrir esta enfermedad... Cuando se conoce al detalle a lo que uno se enfrenta, se pueden utilizar las herramientas adecuadas para plantarle cara.

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Con motivo del Día Mundial de la Diabetes, que se ha celebrado el pasado 14 de noviembre, me animo a mostrar las dos caras de una enfermedad que arrasa la salud de miles de personas en nuestro país. Es una enfermedad crónica que, en inicio, puede no dar unos síntomas muy llamativos, motivo por el cual las personas que lo sufren no suelen tener conciencia de enfermedad... Ello hace que no acepten, en ciertas ocasiones, el estricto plan de cuidados que muchas veces se les plantea. La mayoría de los diabéticos que sólo necesitan hacer dieta o toman pastillas para el control de su enfermedad, se miran a sí mismos pensando que ellos tienen «azúcar de la buena», lo que podría hacer que miraran con demasiada benevolencia su mal y dejaran de controlarse y cuidarse. No existe «azúcar» mala o buena. Existen enfermos de diabetes. Cada uno precisa un tratamiento y un plan de cuidados personalizado. Por último, sólo añadir que, una diabetes bien controlada, evita un montón de complicaciones. Evitar el sobrepeso, hacer ejercicio físico de forma regular, llevar una dieta saludable y variada y vigilar nuestras cifras de glucemia es vital. Y fácil.

Y, por ahora, nada más.

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12 comentarios:

Juanma dijo...

Yo nunca entenderé a esa gente que se niega, se niega y se niega a ir al médico. Vale que no vamos a ir por estornudar un par de veces, pero hay que cuidarse cuando uno nota que algo no va como deber ir, ¿no?
Y, bueno, a partir de ahí atender a lo que nos digan y aplicarlo. No sé, me parece tan de sentido común que no entiendo otra postura.

Por lo demás, y para no variar, el ejercicio literario vuelve a ser de nota. Siempre con tanta claridad, con tanta facilidad para ponernos en la piel del personaje.

Besos.

limón dijo...

Es una pena que haya personas que no estén dispuestas a comer sin sal y tomarse un par de pastillas al día para tener una buena calidad de vida. Muy buena exposición Lola,
Besos

Lola Montalvo dijo...

JUANMA: entiendo que no lo entiendas porque no tiene sentido. Hay personas a las que no les llega lo que se le pretende transmitir y que no van a seguir el plan que les plantea. Se les ve en la expresión de la cara tal como se lo estás explicando. Pero esa es nuestra labor: hacerles comprender, enseñarles y darles las herramientas para que se cuiden. Gracias, Juanma, por tus palabras y gracias por seguir viniendo a este humilde hogar. Besos miles.

LIMÓN: Creo que para muchas personas ese plan tan sencillo les resulta un muro infranqueable. A unos porque supone el inicio de un declive propio de la edad; a otros, porque no comprenden las verdaderas repercusiones que pueden tener una diabetes mal controlada. Creo que a veces es culpa de los profesionales, que llamamos «azúcar» a los que es una diabetes en toda regla. Gracias por venir, por leer y por opinar, Limón. Besos miles

Alberto Puyana dijo...

Voy a compartir un par de experiencias con vosotros sobre la Diabetes que me marcaron. Hace años tuve una novia con Diabetes, de las que no se cuidan (CRUZ). Rara era la vez que bajaba de 250 mg/dl, pero ni dieta, ni ejercicio,...y la insulina a discreción...un disparate. Con 24 años ya tenía una retinopatía diabética, necrosis lipoidicas en la piel e incluso problemas de huesos. Mi relación con ella se fue al traste porque no podía soportar vivir al lado de alguien que se está "suicidando en vida".
La otra experiencia fue trabajando junto a una compañera en el Hospital de Cádiz. Diabética, compartí con ella solo un turno, una tarde, y me sorprendió verla con su manzana a cuestas para merendar y haciendose una glucemia antes (CARA)...dos caras de la misma moneda que además coincidieron en el mismo espacio temporal en mi vida y me hicieron comprender que de nada sirve ofrecer salud si no se está dispuesto a recibirla.
Espero que no os haya aburrido.
Un abrazo, Lola, genial de nuevo.

Raúl Peñaloza dijo...

Teniendo este país la excelencia en servicios de salud, para mí es un gozo ir a ver a mi doctora.

A veces hasta me dan ganas de invitarla a comer a casa.

CreatiBea dijo...

Somos así de irracionales a veces. Uno se cree que negando, o haciando como si nada, la enfermedad desaparece... en fin, que es totalmente incomprensoble, pero está ahí.

Tengo casos en la familia y sé lo que es esta enfermedad. Hay que cuidarse mucho, es un poco latazo,pero afortunadamente si se lleva bien no es mortal.

Hay cosas infinitamente peores.

Besos.

Lola Montalvo dijo...

ALBERTO: Poco puedo añadir. Lo cuentas de forma magnífica. Ese es el concepto que hemos aprendido los profesionales de la salud: ofrecemos posibilidades y los usuarios/pacientes deciden en aceptarlas o no. Pero cuando uno no la acepta, yo creo que algo falla.
Gracias Alberto por leer y opinar. Besos miles

RAÚL: Yo creo que también tener pacientes como tú es otro gozo. Sus esfuerzos son recompensados con tu magnífica actitud. Besos miles, Raúl y gracias por lñeer y opinar.

Lola Montalvo dijo...

BEA: Entiendo que muchas veces esta actitud es el resultado de un miedo a lo desconocido. Tiene lógica. Pero a veces, lo digo por mi experiencia, es que los profesionales de la salud no dejamos realmente claro lo que un paciente sufre y las consecuencias que pueden derviar. Unos pacientes requieren mayor esfuerzo que otros y no podemos tratarlos a todos por igual. Eso, creo yo, es lo que falla a veces. Besos miles, Bea, y gracias por leer y opinar.

ana dijo...

¿Por qué esa necesidad de ignorar lo que es evidente? A veces pienso que es una manera de destruirse, y que detrás de comportamientos tan llamativos sólo hay una petición de ayuda: alguien que pide a gritos que le digan lo necesario que es para los demás. Alguien que necesita saberse valioso.

Otras veces pienso que es negar la realidad porque así, uno no es consciente de que está enfermo. Un actitud que contrariamente a lo que queremos ser, personas sanas, nos lleva a estar todavía mucho más enfermos y dependientes.

Yo no lo entiendo, tampoco. Pero hay tantos casos...

Una Ana en Concreto dijo...

A veces el hecho de tomarse la enfermedad como algo sin importancia viene dado por la falta de conocimientos sobre dicha dolencia. Imprescindible la educación sobre diversos aspectos: síntomas, tratamiento, complicaciones... de la diabetes, cada vez más extendida en esta sociedad. No solo eso, sino también un interés y motivación por parte de las personas a conocer su enfermedad, porque solo así podrá controlarla. Un post de 10. Un beso, Lola :)

Lola Montalvo dijo...

ANA: Muy bien explicado, Ana. Lo difícil, la complicada tarea que tenemos como profesionales es conseguir que estas personas acepten su problema y pongan en práctica su propio cuidado. Besos miles, Ana y gracias por visitarme y leer.

UNA ANA EN CONCRETO: Has dado en la tecla, según mi opinión en este asunto. Nuestro papel como profesionales de la Salud es mostrar a estas personas las verdaderas consecuencias y su forma de cuidarla. Creo que muchas veces el problema procede de nosotros cuando a un paciente recién diagnosticado le decimos: «esto no es nada con un poco de dieta y unas pastillas...» El paciente, muchas veces oye lo que quiere escuchar y sólo se queda con «pastillas»... si nadie los caza al vuelo es el preludio de una gran desgracia.
Besos miles, Ana, y gracias por tus palabras, por leer y opinar.

Serena van der Woodsen dijo...

Qué bien les vendría leer esto a tantos diabéticos que no se cuidan...

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