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lunes, 14 de junio de 2010

Memoria de mi enfermera XI: "Turno de noche"

Por fin, a las cinco y cuarto de la madrugada, Manuel se sentó en el sillón de la sala de estar con una humeante taza de café entre las manos. Elena, la auxiliar de enfermería, aún se encontraba con el celador acomodando a Evaristo, el paciente de la 6-A, al que habían tenido que cogerle una vía central de urgencia para pasarle la medicación y los concentrados de hematíes, en cuanto llegaran del banco. El internista de guardia, un adjunto con gesto adusto y desabrido, aún escribía las nuevas pautas en el mostrador del control. Con un desagradable gruñido había rechazado la invitación de Manuel para que se tomará un café con él en la sala de estar de enfermería. La mala suerte, propiciada por unos hados con un sentido del humor incomprensible, había determinado que, cuando llamaran al internista de guardia apareciera este joven adjunto de humor agrio y simpatía inexistente en lugar de la adjunta que también se encontraba esa noche de guardia, Adela, más mayor y con un talante más positivo y colaborador. Nadie tiene la culpa «¡y menos aún yo -pensó Manuel ahogando un bostezo» de que en medio de la noche, Evaristo sufriera una crisis que casi le lo lleva por delante. Eso y lo movidita que estaba el resto de la planta, habían convertido una noche más -y ya iban seis-, en un infierno.
El murmullo de las conversaciones de Elena con el celador le llegaron a través de la puerta entornada. Ya habían terminado de limpiar y acomodar a Evaristo. En la mesa de la salita, Manuel había puesto ya otras dos tazas, leche y café calientes y unas madalenas para que se sirvieran en cuanto terminaran. Se lo merecían.
Suspiró al tiempo que cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás.
Las cosas en la planta estaban regular, pero en su casa no estaban mejor. Sus dos pequeños estaban con fiebre... probablemente una gastroenteritis. Sería algo banal, seguro, pero su madre le había llamado una decena de veces para consultarle todo lo que hacía, el apiretal o el dalsy que les daba, si los bañaba o no... ¡Un agobio! Como padre soltero debía de reconocer que a veces las fuerzas y las ganas no eran suficiente bagaje para ocuparse de todo, de su casa, del trabajo. ¡Menos mal que podía contar con su madre! Pero, ¿qué haría si su madre le faltara o cayera ella misma enferma...? ¡¡No, mejor no pensar!! El turno de noche fijo le había costado su matrimonio. La necesidad de ganar un poco más en el magro sueldo que supone el trabajo como enfermero se había cobrado demasiadas bajas. Su vida, su pareja, casi su salud...
Manuel se incorporó en la silla, abrió los ojos y le dio un largo sorbo a su café ya frío.
En el control de enfermería el adjunto terminó de escribir las nuevas pautas y se fue hacia los acensores sin despedirse, arrastrando los pies como única forma de avisar que se marchaba a descansar. Manuel sonrió con malicia cuando escuchó cómo sonaba el busca del adjunto una vez más. «¡Por lo estúpido que eres, te mereces una mala guardia!», pensó Manuel con rabia.
Elena y el celador entraron en la salita. Mientras se servían un café, le informaron de cómo había quedado Evaristo. Él asintió en silencio. Elena trabajaba mucho y bien. No era necesario que le informara de nada, pero ella siempre lo consideraba oportuno.
De repente, un timbre sonó. Su suave cadencia retumbó en el silencio del pasillo como una bomba. Manuel se levantó con ligereza y atendió la llamada en el mostrador del control... Y unos minutos más tarde llamó a su compañera:
- Elena, llama al adjunto de guardia ¡rápido!
La mala suerte propiciada por unos hados con dudoso sentido del humor consiguieron que...
----oooo0000oooo----
El trabajo y buen hacer de muchos profesionales de la salud no es algo que se note a menudo o que se conozca con frecuencia. Se da por hecho, se presupone.
Me gustaría que con este pequeño relato se conociera un poco más.
Y, por ahora, nada más.

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11 comentarios:

CumbresBlogrrascosas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
CumbresBlogrrascosas dijo...

Es cierto que muchas veces no tenemos conciencia de la inmensa labor que hacéis los profesionales de la salud, y eso que, tarde o temprano, todos hemos pasado o vamos a pasar por vuestras manos; incluso vosotros mismos no sois inmunes a la enfermedad y los accidentes, así que el adjunto también debería hacer una pequeña reflexión y pensar que en cualquier momento puede estar al otro lado.

Es cierto que tampoco pensamos en los que diseñan las carreteras, en los que construyen las casas donde vivimos, en los que cultivan las frutas que nos comemos, y así, ad infinitum, pero no es lo mismo que ignorar a las personas que cuidan de nuestra salud o, muy importante también, educan (co-educan) a nuestros hijos.

Buen post, como siempre, Lola. Por cierto, ¿para cuándo uno sobre la eutanasia, o el ayudar a bien morir? Sé que ya lo tocaste en Memoria de mi enfermera VI "Muerte digna", pero me gustaría leer algún post que, más que descripción, fuera denuncia; es un tema que me interesa muchísimo.

Beso enorme.

PS. Me gusta la nueva imagen del blog.

Lola Montalvo dijo...

CUMBRESBLOGRRASCOSAS: Acabas de resumir de un plumazo mi novela de mi enfermera Marian...!! ;))
Las noches en los hospitales son algo distinto, porque durante la noche las personas tienen más miedo al dolor, al sufrimiento, a la soledad, a la muerte. Es cierto que muchos de los que trabajan en el turno de noche fijo están separados o divorciados: ¿causa o efecto? Es un turno que te lleva a vivir al revés que los demás, en el que muchas veces estás sólo...
Gracias por tu comentario y me alegra que te guste la decoración de mi pisito. Besos

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Hola Lola.
No sé que pasaba pero no podía comentar, hoy prece que sí podré.
Me gusta el cambio que has hecho en el rincón y me sigue gustando mucho leer lo que escribes.
Un beso

Lola Montalvo dijo...

MIARMA: he de reconocer que te he echado de menos. Sé que estabas bien por esos mundos de Dios, pero aún así... Gracias por leerme y por decirme. Besos

Anónimo dijo...

Muy cierto Lola! gracias por hacer ver a la gente a través de tu fantástico blog nuestra labor.
Saludos, de un compi de profesión ;).

Lola Montalvo dijo...

ANÓNIMO: en estos días en los que tanto se pone en duda la labor de los trabajadores de las diferentes administraciones públicas, creo necesario recordar a la gente profana el enorme esfuerzo que muchos profesionales de la salud llevan a cabo a diario, sin que ellos se den cuenta, en hospitales y centros de salud. Es un trabajo que pocos aprecian, que pocos valoran y que ni siquiera está bien pagado. La vocación tiene derroteros imprevisibles...
Besos miles, compañero. Vuelve cuando quieras y gracias por leer y por opinar.

Serena van der Woodsen dijo...

Me encanta cómo te expresas, lo bien que plasmas una realidad diaria. Tienes una forma de narrar preciosa, gran talento.

Lola Montalvo dijo...

SERENA: muchas gracias por tus palabras. Tú sabes cómo es esta realidad que cuento, lo sabes de primera mano, lo sufres a diario. Un abrazo.

ana dijo...

El turno de noche es muy intenso... y aunque especialmente duro, deja espacio al silencio del hospital, y junto a él, a perspectivas que durante la vorágine del día pasan desapercibidas.

Es siempre algo emocionante saber que hay alguien que vela, que se queda guardando nuestra presencia.

Emocionante tu relato. El yo profesional y los adentros... sí, quizá sea en el misterio despierto de la noche en el que todo sale a flote. Todo...

Un abrazo.

Lola Montalvo dijo...

ANA: tus palabras hacen innecesario más comentario. Tú sabes de primera mano lo que supone un turno de noche. Besos miles, amiga.

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