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lunes, 28 de enero de 2019

Resistencia a Antibióticos: responsabilidad compartida

imagen de píldoras, comprimidos y capsulas sobre fondo blanco

Los antibióticos son medicamentos cuya finalidad es combatir infecciones en las que el agente causal son las bacterias. No son efectivos frente a infecciones producidas por hongos ni por virus, solo las ocasionadas por bacterias. Es decir, en gripes y resfriados los antibióticos no tienen ninguna utilidad.
      El uso indiscriminado de antibióticos o su mala utilización, es decir, tomar antibióticos para tratar procesos gripales y catarrales o en infecciones banales, o interrumpir por nuestra cuenta una pauta de antibióticos antes de tiempo porque nos encontramos mejor, entre otros muchos errores, ha generado un problema de gran envergadura a nivel mundial: el desarrollo de bacterias multirresistentes, es decir, las bacterias se han acostumbrado a la presencia constante o frecuente de ciertos antibióticos y ya no mueren en su presencia. Es lo que se conoce como resistencia a antibióticos.

«Hoy por hoy, el desarrollo de bacterias resistentes a este tipo de medicamentos —antibióticos— constituye una de las amenazas más serias para la salud pública; las bacterias multirresistentes causan 33.000 muertes al año en Europa y generan un gasto sanitario adicional de unos 1.500 millones de euros.» 
—fuente: Plan Nacional Resistencia Antibióticos, (PRAN): 
http://www.resistenciaantibioticos.es/es/sumate-al-pran

      Es fácil entender que cuando las bacterias capaces de producir infecciones en personas y animales se acostumbran a los antibióticos y se vuelven resistentes, si sufrimos una infección por alguna de ellas no habrá antibiótico capaz de combatirlas; de esta forma, infecciones que hasta hace unos años se curaban en poco tiempo pueden llegar a ser muy graves e, incluso, a ocasionar la muerte de quien la padece. Y no olvidemos que las infecciones, todo tipo de infecciones, son más severas o más graves en personas con patologías crónicas o que han recibido un trasplante dado que su sistema inmunológico no está al cien por cien, por lo que ante cualquier agresión por un agente infeccioso son más vulnerables. Si las bacterias, encima, son resistentes a los antibióticos que existen para combatirlas, tratar esa patología se puede convertir en un algo casi imposible, con riesgo de muerte. 
      Los datos aportados más arriba por el PRAN son demoledores: se producen al año 33.000 muertes en Europa por bacterias que resisten la acción de múltiples antibióticos; en nuestro país llegan a 2.500 muertes —fuente: PRAN-poster:

Este problema es responsabilidad de todos por igual: profesionales de la salud y usuarios de la sanidad. Todos podemos hacer algo para poner coto a este problema:
  • Profesionales de la salud: extremando medidas de higiene y recetando/dispensando antibióticos solo cuando sea preciso, en posología y duración adecuadas. Vigilancia epidemiológica, formación…
  • Farmacias: sería ideal que se pudiera dispensar el número justo de unidades de antibiótico —pastillas, cápsulas, sobres, mililitros…— necesarias para cubrir un tratamiento completo. Se evitarían los restos tras un tratamiento completo
  • Cumplir calendario de vacunación: personal sanitario y usuarios
  • Usuarios: extremar medidas de higiene para evitar contagios https://www.seden.org/-el-de-la-gripe-y-otros-virus--1335— 
  • Si nos recetan un antibiótico, tomarlo tal como se ha prescrito en dosis y tiempo y no interrumpir el tratamiento al encontrar mejoría. Si aparecen efectos secundarios, consultar siempre con el médico/enfermero
  • No guardar el resto de antibiótico que ha sobrado al finalizar un tratamiento
  • No tirar los antibióticos a la basura ni por el desagüe o al inodoro: echarlos en los recipientes que existen en las farmacias para este fin.
  • No automedicarse. Esto incluye no reutilizar de ninguna manera antibióticos que han funcionado en infecciones pasadas. No recomendar ni dar restos de antibióticos a familiares y conocidos. Si estás enfermo, visita a tu médico, no tomes medicamentos por tu cuenta.
El problema de la resistencia a antibióticos es mucho más grave de lo que se puede pensar a bote pronto. Por ello recomiendo consultar las dos webs que se incluyen al final y toda duda que se tenga consultar al médico, enfermero, farmacéutico o al veterinario de nuestras mascotas, si el antibiótico es para ellos. Es un problema de todos y todos debemos trabajar para darle solución.

Para saber más:
  1. OMS. «Resistencia a los antibióticos» febrero de 2018 [online] disponible en https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/resistencia-a-los-antibi%C3%B3ticos 
  2. Plan Nacional frente a la Resistencia a Antibióticos, PRAN. «Súmate al PRAN» http://www.resistenciaantibioticos.es/es/sumate-al-pran 


Y, por ahora, nada más. Si tenéis dudas, preguntad a vuestra enfermera

viernes, 11 de enero de 2019

El de la gripe y otros virus


Estamos en pleno invierno y, por tanto, en plena epidemia de gripe y resfriados. Estoy convencida de que todos saben que las personas con enfermedad crónica y todas las que han recibido un trasplante deben vacunarse de la gripe —las campañas comienzan en octubre, por regla general, y finalizan en diciembre—; también deberían vacunarse los mayores de 65 años y todos los que conviven en el mismo domicilio con personas trasplantadas, incluyendo niños. Otras personas que también debemos vacunarnos somos el personal sanitario, trabajadores de centros residenciales y asistenciales, embarazadas… y un largo etcétera. En este enlace tienen más datos:
La vacuna de la gripe —el virus de la gripe también es conocido como «influenza»— solo protege contra la cepa del virus de la gripe A (H1N1) y las cepas de los virus de gripe estacional —que, como su nombre indica, estos virus mutan y cambian cada estación del año entre los dos hemisferios del planeta—. Esta vacuna no protege, por tanto, contra catarros y resfriados que también son procesos virales, por lo general, benignos que no tienen tratamiento curativo —solo se tratan los síntomas— y que se suelen resolver solos sin más complicación… por lo general. Resfriados y catarros están producidos por unos virus muy distintos al de la gripe.

Ante un caso de proceso gripal o resfriado, como el agente causal en ambos es un virus, su tratamiento habitual será sintomático, es decir, se darán medicamentos que traten la fiebre, el dolor, la congestión, la tos… Abundantes líquidos, alimentación ligera, fruta fresca y reposo, suele bastar para curarnos. Si no existen complicaciones no se debe tomar ni prescribir ningún medicamento más. Esto incluye los antibióticos: jamás debemos automedicarnos y tomar antibióticos por nuestra cuenta; puede ser muy perjudicial. Los antibióticos solo deben prescribirlos los médicos y siempre irán acompañados de una receta a tal efecto.

Ya trataré este tema en el siguiente artículo, pero los antibióticos son fármacos que van dirigidos a tratar infecciones cuyo agente causal son las bacterias. Como la gripe y los resfriados son causados por virus los antibióticos no tienen ningún efecto sobre ellos. Ninguno. El virus sigue su curso y nuestro organismo lo elimina usando nuestras propias defensas, por lo que en unos siete o diez días estaremos curados. Como las personas que tienen una enfermedad crónica (como las ERC) y las trasplantadas tienen las defensas más bajas no pueden eliminar estos agentes víricos con total eficacia, por lo que las posibilidades de que se alargue o se complique el proceso gripal son elevadas. Por ello se recomienda a estas personas que se vacunen contra la gripe todos los años.

La vacuna de la gripe solo cubre y genera defensas frente a los virus de la gripe antes indicados. No protege, por tanto, frente a los resfriados. Por ello, este es el motivo de que muchas personas crean que la vacuna es poco eficiente porque tras vacunarse, al poco, se acatarran o resfrían. Otro dato para tener en cuenta es que, aún estando vacunados, podemos contagiarnos del virus de la gripe, pero el estar vacunado permite que el proceso sea más leve y más benigno. Y, por último, a veces por desgracia la vacuna no tiene efecto ninguno aún siendo administrada en plazos y con el procedimiento más adecuado, porque el virus contra el que nos hemos vacunado ha mutado o por diferentes motivos, todos ellos poco frecuentes. Por regla general, la vacuna nos protege y es efectiva.

Aunque nos vacunemos, la mejor forma de evitar las complicaciones de la gripe y resfriados es evitar la gripe y los resfriados. Lo mejor es prescindir de visitar o impedir que nos visiten personas que ya están acatarradas, resfriadas o con gripe; esta recomendación va dirigida especialmente a bebés, personas con enfermedades crónicas, trasplantados y ancianos… Discúlpenme si parece que insisto demasiado, pero aún podemos hacer más, resumido en la imagen que tienen arriba.

Se ha demostrado que la mejor forma de evitar contagios de procesos gripales, catarros y resfriados es cubrirse la boca y nariz al toser y estornudar, a ser posible, con el codo o antebrazo, no con la mano. No reutilizar pañuelos una vez hemos tosido o nos hemos limpiado la nariz… y tirar los pañuelos de papel a la basura o lavar de inmediato los de tela. Sobre todo, y muy importante: lavarse las manos. Una higiene de manos adecuada, con agua y jabón o antisépticos preparados para tal fin —en el medio sanitario—, eliminan la mayor parte de los virus que producen estos procesos y, por lo tanto, reducen la posibilidad de contagio.

Es triste tener que recordar lo absolutamente antihigiénico que supone escupir al suelo tras un acceso de tos… Es una costumbre que, aparte de resultar algo incívico y sucio, siempre desagradable de ver, supone un riesgo de propagar otro tipo de infecciones graves, como la tuberculosis, enfermedad que nunca ha desaparecido del todo. Es adecuado llevar siempre pañuelos en el bolsillo, sobre todo si ya estamos acatarrados o con gripe, y escupir en ellos. Eduquemos en este sentido.

A modo de resumen, la vacuna de la gripe es una opción adecuada para evitar este proceso en personas susceptibles, que la vacuna de la gripe solo protege frente a la gripe y que para evitar contagios de procesos gripales y resfriados la higiene de manos se muestra como una opción sencilla y sobradamente probada como eficaz.

Y, por ahora, nada más. Si tenéis dudas, preguntad a vuestra enfermera.