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martes, 8 de septiembre de 2015

Tartamudez: conceder tiempo a las palabras

Imagen obtenida en Flickr: MOPA: 

Me imagino que prácticamente todos sabemos lo que es la tartamudez, en la que las personas que la tienen presentan una dificultad, más o menos marcada, para hablar de forma fluida. No se sabe cuál es la razón u origen aunque sí se ha comprobado que existe alguna predisposición genética que se puede manifestar con la presencia de ciertos factores ambientales.
      Generalmente se sufre desde pequeño. Ser tartamudo no supone sufrir un grave proceso físico —no es una enfermedad ni nada similar—, pero indiscutiblemente supone un importante trastorno social y psicológico, porque la gente, en general, tiene la costumbre (costumbre...puñetera, permítanme el palabro) de burlarse o ridiculizar a quienes lo tienen, con lo que esto supone en el desarrollo personal y social de estas personas, máxime cuando, como he indicado más arriba, la tartamudez se manifiesta desde los primeros años de vida, cuando la persona es más vulnerable.
      Poco más hay que contar de la tartamudez como tal. No me gusta esa práctica del periodismo social de contar qué personajes famosos han sido o son tartamudos... ¿eso nos hará hacerlo más tolerable y menos foco de burla, menos risible? ¿Hace más digno el trastorno... más cool, más original? Presentar ciertos trastornos o enfermedades en personas conocidas, famosas o destacadas por algún motivo social no me parece idóneo, porque la gran mayoría de personas que son tartamudas no son famosas ni conocidas. Creo que debemos hacernos a la idea de una vez por todas que delante tenemos personas, que todos somos únicos, diferentes, inigualables; que debemos aceptar a la otra persona tal y como es, sin concesiones ni condescendencias. Si una persona te habla más lento, si se engancha en algunas palabras o se queda trabado en una frase... hay que respetarlo y esperar a que termine. Punto.
      Quiero compartir el relato de una de estas personas: de Gemma Pérez, con ella tengo varias cosas en común: ambas somos enfermeras, ambas somos escritoras, ambas sufrimos violencia en la infancia... Gemma es una persona muy valiente, que ha sufrido mucho y que desde pequeña es tartamuda; nos lo cuenta en un relato de sí misma que me ha dejado impresionada y que me hace entender cuánto le falta a esta sociedad, que se dice a sí misma moderna y desarrollada, para dar cabida a todas las personas por igual, sean estas como sean. 
      Gemma ha escrito su relato para la FUNDACIÓN ESPAÑOLA DE LA TARTAMUDEZ, y se titula: 
Hay personas que parece que tengamos escrito en el rostro: ¡Vida, vapuléame! A veces la realidad supera la ficción y en mi caso la supera con creces. Pero esto no es un relato de victimismo ni mucho menos. Al contrario, os voy dar a conocer mi vida, o mejor dicho, parte de ella puesto que necesitaría una extensión mucho mayor de la que disponemos en ese espacio. Pero lo que os explicaré a continuación es a grandes trazos un resumen con sus características principales. Asimismo os voy a dar a conocer otra parte de mí, mi empeño frente a las adversidades para conseguir unos sueños que eran para mí totalmente utópicos.
      Pero empecemos por el principio. Soy Gemma Pérez, tengo 43 años y empecé a tartamudear a los dos años, (según me han contado, después de un período de perfecta y primeriza elocuencia infantil que no recuerdo y tras un período de completa mudez que tampoco recuerdo). La primera imagen de mi vida siempre había sido cuando, con poco más de dos años, preguntaba por qué antes hablaba bien y en esos momentos ya no podía. El origen más que probable de un problema físico –una lateralización lingual- se fue cronificando en el tiempo por diversos factores añadidos psicosociales y emocionales. Por causas familiares fui criada desde los cero hasta los quince años bajo el terror de una abuela maltratadora tanto psicológica como –y sobretodo- físicamente. Además yo tenía el hándicap de una tartamudez severa que se incrementaba con el miedo y con la brutalidad a la que era sometida.

PARA SABER MÁS:
Y, por ahora, nada más. Cuidaos, por favor...

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