Política de cookies

domingo, 21 de diciembre de 2014

Diferencia entre vivir y morir: HEPATITIS C, Ministerio de Sanidad y un fármaco



 imagen perteneciente al diario Yo me tiro al monte

El Ministerio de Sanidad (por los recovecos legales que sean...) no proporciona a los pacientes de Hepatitis C el fármaco que podría lograr su curación completa, condenándolos a una muerte segura.
      Cada día mueren es España una media de 11 pacientes de Hepatitis C
      Si el Ministerio de Sanidad no proporciona ese fármaco que está a disposición de quien lo pague cada día morirán unas 11 personas que podrían vivir si se les proporcionara ese fármaco.

«Actualmente en España hay cerca de 35.000 pacientes cirróticos a la espera de recibir el Sovaldi, la nueva medicación con una elevada tasa de curación que el Gobierno reparte con cuentagotas debido a su elevado precio. Cada día, 11 personas mueren en España a causa de esta enfermedad.»

El gobierno de este país gasta millones en cosas como rescate a bancos, perdona deuda de 3000 millones de euros a las eléctricas sin ningún pudor, los parlamentarios viajan a costa de los impuestos de los ciudadanos sin creerse en la necesidad de justificarlo... sí, el gobierno de este país gasta, incluso derrocha (sistemas informáticos, iPad e iPhones..., viajes, cenas, gastos representación, sus sueldos, el de sus asesores puestos a dedo...), nuestro dinero como le place; pero pocas cosas en Sanidad son tan imprescindibles para que las personas puedan sobrevivir a corto plazo como lo es este fármaco... Ya hemos sufrido sobradamente, RECORTES, REPAGOS, PRIVATIZACIONES ENCUBIERTAS..., MENOSPRECIOS A LA SANIDAD PÚBLICA.
      Ellos, los que conforman este gobierno, no tienen que debatirse a diario sobre recibir un medicamento que podría salvarles la vida y luchar por ello; sólo por esa razón no tienen ninguna prisa. Muchos creíamos que con la desaparición de la gestión ineficaz de Mato del Ministerio quizá el panorama sería otro. Pero está claro que no es cuestión de quién ocupe una silla concreta, lo realmente importante es que debe ser algo, alguna carencia, que emana del propio gobierno... que no considera que esto, salvar vidas de personas enfermas, sea una prioridad real para los ciudadanos. Estoy segura que si alguien del gobierno tuviera Hepatitis C y su vida dependiera de ese fármaco, ya se estaría sirviendo en las farmacias hospitalarias sin problema ninguno. Lo digo sin acritud...
Los pacientes y sus familias se han encerrado en el hospital 12 de Octubre para reivindicar algo que entra dentro de toda lógica. Nos necesitan, por eso se van a un hospital a hacer su encierro...
Este espacio y yo misma nos unimos a su reivindicación:
SALVAR VIDAS DE PERSONAS ENFERMAS ENTRA DENTRO DE CUALQUIER PRIORIDAD, PORQUE PARA ELLOS, los enfermos de Hepatitis C, QUIZÁ, NO HAY UN MAÑANA... ESPEREMOS QUE LA VIDA DE ESTOS ENFERMOS ENTRE TAMBIÉN DENTRO DE LA PRIORIDAD DEL MINISTERIO.

Y, por ahora, nada más. Cuidaos por favor...

martes, 16 de diciembre de 2014

Memoria de mi enfermera LIII: «Yo no defiendo a los malos profesionales»

Foto Lola Montalvo (C)

Me pone el compresor para sacarme sangre... me lo pone muy apretado, dándome pellizco en la piel.
   Se lo digo:
   —Oye, perdona, la goma me hace daño, ¿puedes aflojarla?
   Suspira irritado y me dice:
   —Será sólo un segundo.
   Me frota con una gasita en la flexura del codo y me golpea hasta escocerme con el dorso de los dedos.Suelta una risita, que a mí me resulta cínica, y me dice:
   —Para venir a sacarse sangre hay que traerse puestas las venas de casa...
   —Nunca he tenido problema... y...
   —Usted no tiene venas.
   Suelta un último suspiro y me pincha. Con decisión. Estuve tentada a no mirar, pero lo hice. Mete toda la aguja y no sale sangre, como me temía. Entonces empieza a meter y sacar la aguja sin sacarla nunca del todo, rebuscando con gestos irritados. Me hace daño y se lo digo.
   —¡Señora, no tiene buenas venas! ¡Tengo que hacer mi trabajo!
   No tarda en aparecer un bulto azulado que nadie me tiene que explicar que supone que la vena se ha roto. Me quita el compresor con un gesto seco y me pone la gasita. Saca la aguja y me ordena:
   —¡Apriete fuerte!
   Obedezco. Me duele mucho y se lo digo. Sin mediar palabra me pone un esparadrapo sobre la gasita dándome un par de vueltas a todo el brazo. Se le nota enojado —¿conmigo?— y me ordena:
   —Déme el otro brazo.
   Obedezco otra vez.
   Y nuevamente comienza todo el proceso. Goma apretada hasta el pellizco. Golpes en la flexura del codo. Piel enrojecida. Pinchazo. 
   Y, nuevamente, falla. Rebusca como antes con la aguja, metiendo y sacando. Me produce un dolor insoportable pero no me quejo. No me apetece escuchar su tono desabrido.
   —Señora, usted no tiene venas.
   Me lo dice con un tono seco, sin llegar a ser desagradable. Pero me lo lanza como si fuera culpa mía. Me coloca la gasita y el esparadrapo dando otro par de vueltas. Me pone el compresor sobre el antebrazo y me busca en las manos. Sigue todo el proceso... tres veces más. Tras cinco —¡¡cinco!!— intentos fallidos... y volverme a repetir que no tengo venas, me quita el compresor, se levanta y le pide entre susurros a su compañera que le haga el favor de pincharme ella, «que la mujer esta no tiene venas...», insiste. Yo, a esas alturas, ya tengo lágrimas en los ojos que contengo a duras penas.
   La enfermera se sienta ante mí con una sonrisa amable en la cara y me pide con voz suave que le deje un brazo. Asó lo hago. Quita el esparadrapo, me aprieta y ajusta el compresor sobre la blusa, «para que no le pellizque la goma», me dice y me busca con dedos expertos sobre la piel de la flexura. «Aquí hay una» me cuenta con un tonillo esperanzador. Me limpia con una gasita y me avisa, «respire hondo».
   —¡Ya está! —me dice al tiempo que me quita el compresor. Ha llenado los cuatro tubos casi sin pestañear.
   Me aprieto la gasita que ella me ha puesto con el brazo extendido, tal como ella me indica. Me levanto, le doy las gracias y me voy. No puedo evitarlo, siento alivio de que haya terminado todo bien. Podría haber sido peor, sin duda alguna. Todo habría sido mucho peor si, en lugar de al quinto pinchazo fallido, el otro enfermero se hubiera empeñado en que yo no me iba de allí hasta que fuera él, y sólo él, el que me sacara la sangre. Por suerte no todos son como ese enfermero...

-----ooooo00000ooooo-----

Llevo dos semanas con esta entrada paralizada, releyéndola, retocándola. sin decidirme a publicarla. Pero la entrada de Rosa Nieto, con motivo del DÍA INTERNACIONAL DE LA VISIBILIDAD ENFERMERA, en su blog titulado, «Decálogo para la enfermera INvisible» me ha dado razón a que continúe. Y así lo hago...

Esto es un relato, sí, pero está basado en un hecho totalmente real. Todos los que lean esto, tanto profesionales de la salud como usuarios y enfermos, saben que no es inventado. Alguno, desde un lado o desde el otro ha vivido una experiencia similar. Por desgracia.
      En mi actual trabajo me dedico a tomar muestras de sangre a diario, entre otras procedencias. Y muchas de las personas que acuden a nuestra sala nos cuentas historias muy peregrinas que les ha sucedido en otras salas de extracciones, públicas y privadas. Decirle a un usuario que «no tiene venas» es la más suave y frecuente. Hay otras perlas dialécticas como: «Que tiene la sangre solidificada», «que sus venas están esclerosadas», «que me pone el brazo muy rígido»... Es una pequeña muestra de otras muchas de las estupideces que nuestros colegas enfermeros/as pueden soltarle a la cara a un usuario/enfermo sin pestañear para no reconocer jamás que no está a la altura de las características anatomofisiológicas de la persona que tiene delante para tomarle una muestra de sangre. Que no es que el usuario no tenga venas... es que el enfermero/a es ¿un inepto? Debe serlo para no reconocer su incapacidad para sacar sangre.
     El enfermero/a debe poner todo su conocimiento para adaptarse a cada persona que le corresponde atender... y no al revés. Está claro que a muchos y a muchas profesionales de la enfermería se les olvida algo tan básico. No todos nuestros usuarios/enfermos tienen las venas como tubos de butano. Por eso cuando la cosa se pone difícil el profesional debe echar el resto para atender a esa persona de la mejor forma posible, sin menospreciar la labor de tomar muestras de sangre, procurando no hacer daño ni molestia, sin cabezonerías ni ensañamientos y, sobre todo, con respeto a su inteligencia. Que los usuarios y enfermos la tienen, aunque no tengan conocimientos de cuidados de enfermería.
    
No cuento nada nuevo si digo que no todos los profesionales de la salud son buenos profesionales. La profesionalidad no viene con el título; es un algo que se aprende, que de adquiere y que esa persona debe buscar con ahinco. Yo me esfuerzo a diario por aprender más, saber más y llevar a cabo mis técnicas de la mejor manera posible, cuidando a cada usuario/enfermo que tengo delante como me gustaría que me cuidaran a mí. Pero no todos los enfermeros hacen lo mismo. Muchos son malos profesionales... y otros son hasta nefastos. Y no es que yo sea estupenda y superguay... es que los otros son malos.
   Estos meses atrás he tenido ocasión de ser usuaria del sistema sanitario público en el papel de madre de enferma, esposa de enfermo y enferma yo misma... Y he podido observar con mis propios ojos y en primera persona cómo se trabaja. La mayor parte de mis colegas son buenos profesionales, (muy buenos, todo hay que decirlo) y llevan su trabajo de forma correcta y adecuada. Pero por desgracia otros (que siempre son muchos... ¡demasiados!) eran nefastos. Voy a contar sólo lo que yo he vivido en mis carnes:
  • Al hacerme un TAC con contraste tenía miedo. El que me cogió la vía me dijo que cómo me atrevía a donar un riñón si no era capaz de sufrir un pinchacito y un contraste de nada. Salí llorando de la sala sin que el enfermero pestañeara.
  • Pedí que me durmieran antes de llegar a quirófano... se me prometió que así sería. No se hizo. Al final en quirófano, muerta de miedo y supernerviosa, me durmieron a toda prisa. No recuerdo haberme echado en la mesa de quirófano pero sí entrar llorando.
  • Ya en planta, una enfermera apareció una noche e intentó con todas sus fuerzas darme a mí la medicación de la señora de al lado. Al final conseguí que fuera a su control de enfermería y revisara el tratamiento de cada una de nosotras. Y lo hizo. Y regresó riendo: «¡Ay, es que tengo mucho lío esta noche y yo no soy de este servicio...!» Bla, bla, bla...
  • Ingresada tras una intervención de apendicitis, a mi hija le prometieron que si bebía y toleraba le darían ese día de comer. Tenía mucha hambre. El cirujano se fue sin escribir esa orden. Y ningún enfermero fue capaz de llamarle por teléfono para que lo escribiera. Mi hija se estuvo 24 horas de más sin comer por no hacer una llamada. Al día siguiente el cirujano intentó regañar a mi hija por no estar ya comiendo... Yo expliqué lo sucedido en realidad.
  • A mi hija le ponían los botes de medicación y tras finalizar, los retiraban. Aprovechaban los sistemas para no tener que poner uno cada vez. Algunos tapaban la conexión antes de colgar el sistema en el palo. Pero uno de ellos lo dejaba al aire... colgando. Me tuve que dirigir al control y pedir una aguja para tapar la conexión del sistema. Otra de las veces, lo tiré al suelo y le dije a ese enfermero que el sistema estaba en el suelo, para que no se lo pusiera a mi hija otra vez... la guarrindonguez de algunos y algunas me deja estupefacta...
  • En fin... más cosas, pero sería cansino.
Defiendo mi profesión con uñas y dientes. Los que leen esto con cierta frecuencia lo saben. Defiendo mi trabajo y el de mis colegas en todos los servicios de salud y asistenciales hasta la extenuación. Llevo 25 años haciéndolo y lo seguiré haciendo. Pero jamás defenderé al que no hace su trabajo bien. Al que no estudia y se forma para mejorar cada día, al que no se deja la piel a diario, como lo he hecho y lo hago yo, para intentar ser cada día mejor enfermera. Al que no reconoce sus errores o su ignorancia y sigue tan pancho/a haciendo como que no pasa nada. Al que es capaz de dejar a un enfermo sin cura o sin medicación o sin analgesia o sin comer porque no son capaces de hacer una llamada o médicos que se cabrean porque se les llama porque un paciente tiene dolor o insomnio o ansiedad... o hambre.

¿Dejadez? ¿Ignorancia? ¿Pasotismo? ¿Cansancio?
      El motivo da igual. Lo único que importa es que están ahí. Eso sí, son muy pocos; una gota en el mar con respecto a los miles de profesionales que hacen bien su labor a diario, pero cuando a uno mismo como usuario le toca esa gota en el mar...

Sí, hay demasiados malos profesionales. No sé cuantos son. Dos, tres... uno por servicio. Me da igual. Porque para mí, uno sólo, uno, ya me parece demasiado. Demasiado. No pienso defender jamás una mala praxis ni justificarla ni ocultarla ni intentar siquiera explicarla cuando proceda de un profesional de este tipo. Creo que hay algunos que se han equivocado de profesión y no se dan cuenta que trabajan con personas. La defensa que hago de mi labor y la de mis compañeros, los que se dejan a diario la piel en lo que hacen y se esfuerzan por trabajar cada día mejor, jamás tapará una mala práctica de personas como éstas.

Lo peor de todo es que los superiores de estas personas suelen ser conocedores de su mal hacer y lo tapan o lo justifican o hacen que lo ignoran... lo que sea. El caso es que he visto a estas personas mantener su trabajo (sin ser fijas, ojo, o sea que imaginen los que tenían plaza en propiedad) mientras a otros profesionales muy válidos y que hacían bien su trabajo se les ha despedido sin pestañear al vencer su contrato. Creo que hay «enchufes» y recomendaciones muy mal entendidos...¡Demasiados!

Bueno, esto es lo que deseaba hacer. He retocado el texto decenas de veces, lo he releído... una vez y otra. Y aquí está. Creo que el sistema debería tener sus propias herramientas para detectar a estos malos profesionales y poder deshacerse de ellos y que no vuelvan a tocar ni se acerquen a un enfermo o usuario. Algo muy importante falla cuando muchos de estos malos profesionales siguen ahí.

Y por ahora, nada más. Cuidaos, por favor...

viernes, 12 de diciembre de 2014

#ENFERMERIAVISIBLE MANIFIESTO



El pasado 25 de octubre iniciamos un movimiento reivindicativo que creo todos conocéis ya, que se ha dado en llamar #EnfermeríaVisible, con el lema:  
Lo que no se ve, existe. 
A veces, lo esencial es invisible a los ojos. 
Seguimos con la misma idea y fomentamos la esencia y el espíritu de nuestra reivindicación, que tiene como meta hacer visible a los profesionales de enfermería en el ámbito de un equipo multidisciplinar, así como al resto de los componentes y profesionales no médicos de dicho equipo, que posibilitan que se cuide la salud de los ciudadanos, se curen sus enfermedades y se atienda de forma integral sus procesos de enfermedad e invalidez. Queremos hacer hincapié en la idea de que todos juntos, con una labor conjunta y organizada, posibilitan el cuidado y la curación. No se va contra nadie... muy al contrario, pretende aunar a todos en una misma idea.
      Los que conformamos este grupo, creemos necesario que la sociedad se implique en este cambio ya necesario y sin vuelta atrás. Por ello solicitamos la adhesión a nuestra reivindicación en forma de la aceptación del siguiente MANIFIESTO#EnfermeríaVisible, dirigido a tres grupos fundamentales: 
  • Enfermeras
  • Organizaciones Sanitarias
  • Medios de Comunicación


#EnfermeríaVisible solicita tu adhesión a este manifiesto, que lo hagas tuyo, que lo compartas y lo difundas. Consideramos hoy, 12 de 12 de 2014 el Día Internacional de la Visibilidad Enfermera, queremos volver a generar una corriente de opinión y que, de nuevo, se debata en las redes sobre este asunto. Pero conscientes de que el gran lastre de nuestra invisibilidad no está en las redes sociales, queremos llegar más allá hasta las enfermeras de a pie y para ello necesitamos de tu ayuda.
      Por este motivo, te pedimos que nos ayudes a difundir, propagar y promocionar este manifiesto e incluso, llegado el caso, a que te atrevas a publicar un post junto a nosotros o, yendo más allá, colabores suscribiéndolo públicamente e incluyendo la imagen que te adjunto, en el banner lateral de tu blog redirigiendolo al manifiesto, es decir, a: 
http://enfermeriavisible.es/?page_id=60
Sólo con tu ayuda podemos conseguirlo.
Y, por ahora, nada más. Cuidaos, por favor...

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Campaña «Mujeres por el corazón», también a ellas les enferma el corazón

http://www.mujeresporelcorazon.org/

Existe cierta tendencia a pensar que las enfermedades cardiovasculares (infarto, angina...) sólo afectan o afectan más a los hombres. Por desgracia, esa idea es un error...
      Se ha puesto en marcha una campaña dirigida a las mujeres para acabar con esta idea y concienciar sobre el verdadero problema que suponen estas patologías para las mujeres. En esta entrada os informo de la misma:


«Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de mortalidad en nuestro país (30%). También es el motivo de fallecimiento más habitual entre las mujeres: sólo en 2012 provocaron la muerte de 43.000 españolas. El infarto en la mujer tiene peor pronóstico; tarda más en ser atendida, pues los síntomas no suelen reconocerse. Por eso, FUNDACIÓN MAPFRE, Fundación ProCNIC, y la Comunidad de Madrid lanzan la campaña “Mujeres por el corazón”, para dar a conocer las medidas preventivas que evitan la enfermedad en la mujer, sus principales síntomas, y cómo actuar» 
fuente http://www.mujeresporelcorazon.org/
Esta campaña informa sobre este problema y pone a disposición de las mujeres recursos gratuitos para ayudarlas a desear cuidarse y llevar una vida saludable... una vida cardiosaludable. También expone el problema que supone a veces el diagnóstico de situaciones agudas por el enmascaramiento de ciertos síntomas que pueden suponer la no asistencia inmediata/precoz en un cuadro agudo.
      En la web, que encontraréis AQUÍ, podreís encontrar una guía muy interesante, amena y sencilla, en .pdf para que consultéis on line o descargueis en el movil o en la tablet; se lleva a todos los sitios y se consulta donde haga falta.
      Creo que es un recurso muy interesante que os recomiendo consultar a todos y todas. Y a los profesionales de la salud os puede venir bien para recomendar a vuestros enfermos y usuarios. Es importante que estimulemos en los ciudadanos el deseo de estar bien y llevar una vida saludable. 
Y, por ahora, nada más. Cuidáos, por favor.

lunes, 1 de diciembre de 2014

1 diciembre 2014 Día mundial en la lucha contra el SIDA


Otros años, en otras ocasiones he hablado del SIDA.
Y poco ha cambiado. Sigue habiendo casos nuevos... quizá cuando a estas alturas se espera que el número de casos nuevos se frenara algo en su crecimiento, a las alturas en las que nos encontramos. ¿Qué falla? ¿La información? ¿La educación sanitaria? ¿Los recursos sociosanitarios? ¿Quizá puede ser un efecto de que la población en general ya considera el sida una enfermedad no mortal... crónica?
      Demasiadas preguntas se generan al hilo de esta información.
    Pero el sida es una pandemia y como tal afecta a otras regiones del mundo... y a países en desarrollo, que no tienen acceso a medios diagnósticos ni de tratamiento que tenemos en los países más privilegiados.
       La ONU se plantea en la boca de su Secretario General, Ban Ki-moon, el siguiente reto:


«En este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, exhorto a los dirigentes de todo el mundo a unirse en pro de nuestra causa común. Ya hemos comenzado a dar un giro a la situación y nos hemos fijado un objetivo audaz. Acabemos con el SIDA, todos juntos, antes de 2030.»


¿Y cómo se acaba con esta brecha?
En la página de la ONU encontramos esta información, pero resumidos sus puntos fundamentales son estos (fuente ONU)

«Acabar con la epidemia del sida para el año 2030 es posible, pero sólo si logramos que todas las personas, en todos los lugares del mundo, tengan acceso a los servicios que precisan: prevención, tratamiento, atención y apoyo.
  • Cerremos la brecha en las pruebas diagnósticas de VIH, para que 19 millones de personas que desconocen su estado serológico positivo puedan finalmente acceder a servicios de apoyo.
  • Cerremos la brecha en el acceso al tratamiento contra el VIH, para que 35 millones de personas que viven con el virus dispongan de medicamentos que salvan vidas. 
  • Cerremos la brecha en el acceso de los niños a las medicinas, para que todos los menores que viven con el VIH reciban el tratamiento correspondiente. Tan solo un 24% tiene acceso actualmente. 
  • Cerremos la brecha en el acceso a los servicios, para que todas las personas puedan formar parte de la solución a este problema.»
En fin.
Esta es la información, pero soy escéptica. Los países desarrollados son egoístas en el repartos de sus recursos para sus propios ciudadanos menos afortunados. Dudo enormemente que sean generosos con países que hasta hace poco les traía (y les trae) sin cuidado. Sólo hay que ver los casos recientes de contagios de Ébola... sólo cuando se han contagiado ciudadanos pertenecientes a países poderosos es cuando les ha importado esta infección. Y lo mismo con el sida desde que se conoció su extensión desmesurada. Los gobiernos... y muchos de los ciudadanos son egoístas y poco solidarios. Pero demos un pequeño voto de confianza... quizá esta vez sea la buena.

Y, por ahora, nada más. Cuidaos, por favor...