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viernes, 28 de septiembre de 2012

Reflexiones: El poder curativo del amor

Foto de Lola Montalvo (C)

Enfermar es algo duro. No me refiero a un catarro, un resfriado o un simple esguince leve de tobillo... Aunque también, porque, como ya he indicado innumerables veces en este blog, cada persona lleva su mal de una forma distinta, con su sufrimiento y su preocupación. Nadie es quien para minusvalorar la aflicción ajena; en eso he basado mi labor profesional en mis 23 años como enfermera.
Pero en esta entrada quiero referirme a aquellas patologías, a aquellos padeceres que te impiden llevar una vida normal -tu vida normal- porque te postra en una cama, te ingresa en un hospital, te hace pasar por una intervención quirúrgica de cierta consideración, pone fin a tu vida o anula tu capacidad de pensar, de ser autónomo, de vivir una vida plena.
Nuestros profesionales de la salud, sobre todo los enfermeros, cuidan nuestras necesidades cotidianas, vigilan nuestros parámetros, nos ayudan a valernos por nosotros mismos, nos proporcionan los rudimentos para bregar con nuestra patología crónica, nos asesoran para llevar una vida lo más saludable posible. Los médicos curan lo que se puede curar y tratan lo que se puede tratar. Pero... no siempre es suficiente.
El amor de nuestros seres queridos, nuestros familiares, amigos, amantes... EL AMOR tiene un poder que pocas terapias pueden suplir. EL AMOR tiene un poder curativo que te da las fuerzas que crees haber perdido, te enjuga las lágrimas que te cuestan dejan brotar. Te retornan el calor que tu espíritu y tu corazón han perdido. Te saca de la oscuridad en la que el miedo te ha engullido. 

Esa mirada que te sublima cuando capta tu angustia al vuelo y te dice tanto sin un solo sonido; que te da valor cuando te llevan a quirófano o a una prueba dolorosa. Esa cálida mano en un hombro derrumbado por una mala noticia, por un pesar demasiado inmenso para llevar uno solo. Ese susurro de cariño, esa voz amada diciendo que te espera a la salida, que todo pasará, que juntos podréis con eso y con más, que entre los dos lo conseguiréis...

Sí, el AMOR tiene un enorme poder.

La foto que rubrica esta pequeña reflexión de hoy es una foto real... unas bonitas manos que tienen un poder enorme. Fuerza, calor, suavidad, ánimo, esperanza.
Somos afortunados a diario por muchísimas cuestiones. Pero el don más grande en este mundo, el único que ni se compra ni se vende, que se da de forma generosa, sin esperar nada a cambio es EL AMOR. Muchos anhelan toda su vida con que les toque la lotería, con recibir una fortuna, con un viaje por el mundo. Pero la única suerte en esta vida, la única, es tener a alguien que te quiera de forma absoluta, que te dé su amor sin condiciones, sobre todo cuando enfermamos. Porque el amor cura y nada lo puede suplir.

Y, por ahora, nada más.

P.D. Dedicado a ti, mi amor

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Memoria de mi enfermera XLI: «Angustia»

Fotos Lola Montalvo (C)

Ya no puedo más... siento que el pecho me va a estallar. Tengo la sensación de que se me estrecha la garganta, que no puedo respirar, que el corazón se me va a salir por la boca. Un sudor frío me empapa y me duele la piel por la carne de gallina.
Cierro los ojos...
Yo puedo controlar esto, puedo, lo sé.
Sólo es miedo, una crisis de pánico. No puedo dejarme arrastrar.
Sí, puedo... pero ¡¡no puedo respirar!! ¿Y si me muero, y si pierdo el conocimiento y nadie me puede ayudar? ¡¡No, no puedo respirar, me mareo, me ahogo...!!
Cierro los ojos. Intento controlar la respiración. sé que debo hacerlo... Pero el corazón sigue como loco en mi pecho, mi boca seca, la lengua pastosa. Yo estoy aterrado.
La angustia no me deja vivir... No.

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¿Les suena? ¿Han sentido algo así alguna vez?
No es «nada más» que una crisis de ansiedad o de angustia. Algo incontrolable que, de repente, te posee y te hace sentirte enfermo y asustado. La gente le llama «crisis de nervios» o «ataque de nervios» y el sufrir estas situaciones suele asociarse, de forma totalmente equivocada, con algo banal o superficial. O con debilidad de carácter... de todo, menos lo que de verdad supone.
La angustia o la ansiedad, que no son lo mismo, pueden venir asociadas a una situación de estrés que no se ha podido poner freno o controlar. Es como si el cuerpo y la mente se rebelaran y dijeran «basta» y respondieran cada una por su lado de forma muy exagerada. Porque la ansiedad y la angustia cursan con síntomas psicológicos, cierto, pero también con una gran variedad de síntomas de índole físico que le hacen sentir a uno enfermo de verdad.
Hoy día, en la coyuntura de crisis que estamos sufriendo, cada vez se ven más casos en las consulta y cada vez más la gente en general va al médico por uno de estos motivos. La posibilidad o realidad de quedarse sin casa o sin trabajo, estar parado mucho tiempo sin posibilidad de encontrar un empleo, la retirada de prestaciones sociales y/o sanitarias, el desamparo por parte de nuestras administraciones... son causas o desencadenantes patentes de situaciones de estrés y, por tanto, de ansiedad o angustia. Somos seres BIO-PSICO-SOCIALES, lo que quiere decir, que todo problema o agresión que afecte a una de estas esferas, biológica-cuerpo, psicológica o social, puede llegar a afectar a las otras dos, llevando al individuo a enfermar .
Cuando encontremos a alguien en esta situación procuremos ayudarle de forma positiva y, si no se ve capaz de afrontar por sí mismo esta situación, debemos recomendar que acuda al médico. Tiene tratamiento y se puede ayudar a curar con diversas terapias. Si somos nosotros los que lo sufrimos, ya sabemos...
Hay situaciones en las que la coyuntura nos supera y no podemos evitar que algo así nos suceda, pero en general, para evitar una situación de estrés o para paliar la ya existente es recomendable: intentar afrontar la vida con espíritu positivo, hacer ejercicio físico de forma regular, llevar una dieta sana y equilibrada, no abusar del alcohol y evitar todo tipo de drogas, tabaco incluido; perder peso en casos de obesidad y/o sobrepeso, acudir a grupos de formación en casos de sufrir alguna patología crónica. Ayudar a los demás es algo muy positivo en nuestras vidas e intentar superarse a sí mismo en todo lo posible: estudiar, aprender idiomas o técnicas artísticas, bailar, aprender y practicar un deporte... Todo lo que se les ocurra.
Aunque, por desgracia, siempre hay -y últimamente se ve cada día más-  situaciones que se escapan a nuestro control, casos en que la realidad nos supera y caemos.
Cuidaos, por favor.
Y, por ahora, nada más