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domingo, 29 de enero de 2012

Reflexiones: Leucemia, el cáncer de la sangre

Glóbulo blanco. Imagen perteneciente a Fundación Josep Carreras

Leucemia. 
La Leucemia es un tipo de cáncer que afecta a la médula ósea. Esta médula, como su nombre indica, se encuentra en el interior de ciertos huesos de nuestro cuerpo (los más cortos y planos) y es la que se encarga de fabricar todas las células de la sangre, partiendo de un grupo de células común que más tarde se diferencian en cada tipo, según las necesidades: glóbulos rojos o hematíes, glóbulos blancos o leucocitos y plaquetas o trombocitos. Como supongo que casi todos saben, los glóbulos rojos se encargan de llevar oxígeno a los tejidos, las plaquetas se ocupan de la coagulación de la sangre, pero ¿de qué se encargan los leucocitos o glóbulos blancos?

Leucocitos.
Dentro de este amplio grupo de células sanguíneas se encuentran varios subgrupos: linfocitos, monocitos, neutrófilos, eosinófilos y basófilos. Todos se ocupan de lo mismo aunque cada uno tiene su propia misión: defender nuestro cuerpo de las agresiones externas e internas. Lo pueden hacer de una forma específica, es decir, atacando a un tipo concreto de microorganismos o agentes agresivos (antígenos) y acabando con ellos directamente -matándolos- o anulándolos mediante la formación de anticuerpos, para después destruirlos. O bien pueden actuar de forma inespecífica, es decir, atacando toda estructura que no reconozcan como propia y que consideren potencialmente peligrosa. 
El sistema inmunológico humano es una organización casi perfecta de vigilancia y escolta que protege nuestro organismo y permite que sobreviva a casi todo tipo de ataque. Y estos ataques los recibimos de forma constante. Algunos de estos mecanismos de defensa específicos se pueden producir/estimular de forma artificial, mediante las vacunas, de tal modo que, de forma controlada, administramos a nuestro organismo una dosis no peligrosa ni con capacidad infecciosa de antígenos de un microorganismo concreto (también se suele hacer con los alergenos a los que una persona sea alérgica, administrando dosis controladas y paulatinas de esa sustancia y conseguir que el organismo la tolere y no reaccione de forma exagerada contra ella). El sistema inmunológico lo capta, lo considera como enemigo "verdadero", lo estudia y fabrica un sistema de ataque específico para esa sustancia (en forma de linfocitos T y B y anticuerpos), de tal forma que si algún día nuestro cuerpo se pone en contacto de verdad con ese microorganismo, nuestro sistema inmune lo ataca y anula antes de poder ser capaz de agredirnos (infección y/o enfermedad infecciosa). Esa memoria de nuestro sistema inmune tiene cierta duración; en algunos casos con el tiempo va desapareciendo, por lo que debe repetirse la vacunación para reactivar esa memoria y que las defensas estén siempre a punto.
Es un sistema eficaz, casi perfecto y, si me permiten que lo diga, fascinante.
En nuestra médula ósea, todas estas células, los leucocitos, hematíes y plaquetas, se van fabricando de forma constante, de tal forma que se van renovando las células más envejecidas con otras nuevas y a punto de actuar. Así la sangre está siempre en una capacidad de funcionamiento correcto, en todas sus propiedades celulares y de defensa.

¿Qué sucede en la Leucemia?
Como se ha indicado más arriba, los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas se fabrican en la médula ósea partiendo de un grupo de células común que,llegado a cierto punto, se diferencian, dando cada tipo de célula sanguínea, que madura hasta salir a la sangre y formar parte de ella. 
Por la razón que sea, en la Leucemia esa diferenciación no llega a producirse, es decir, todas las células que la médula ósea fabrica son sólo glóbulos blancos, pero unos glóbulos defectuosos y anómalos. La sangre, al no fabricarlos, pierde glóbulos rojos (los que le proporcionan el color característico) y plaquetas y se ven excesivamente poblado de leucocitos. De ahí el nombre de esta enfermedad, Leucemia: «sangre blanca». Esas células cancerosas leucocitarias van por el torrente sanguíneo y pueden llegar a afectar a otras partes de nuestro organismo.
El paciente con esta enfermedad sufre anemia, puede sufrir hemorragias e infecciones que pueden acabar con su vida.

¿Cuántos tipos de Leucemia existen?
En principio existen dos formas de presentación:
  1. Aguda: presentación muy rápida
  2. Crónica: de presentación más lenta.
Y existen diversos tipos de Leucemia; en síntesis y sin entrar a definirlas, son:
¿Cuál es el tratamiento de la Leucemia?
No existe un único tratamiento. Para cada tipo de Leucemia se aplica uno concreto pero, en general, las terapias actuales pasan por: tratar las alteraciones colaterales (anemia, infecciones, trombopenia...) quimioterapia, radioterapia y trasplante de médula ósea.

¿En qué consiste el Trasplante de Médula?
Como se ha indicado más arriba, existen diversos tipos de Leucemia. En algunos casos la terapia no funciona o la única posibilidad de recuperar esa médula dañada es destruirla por completo de forma controlada y sustituirla por una nueva procedente de un donante sano.

¿Qué se dona y cómo? 
1. MEDULA ÓSEA: Cuando se observa que donante y receptor son compatibles (mismo grupo sanguíneo y sistema HLA compatible, como forma muy resumida de selección), el donante se deja extraer una pequeña porción de médula ósea. El donante no sufrirá más que un pinchazo en la cresta iliaca de su cadera que se realiza mediante anestesia general o epidural. Esa médula extraída, una vez procesada, se administra al receptor por transfusión.
2. SANGRE PERIFÉRICA: Otra forma de donación es por sangre periférica, que se extrae igual que cuando se realiza donación para transfusiones y con las mismas molestias.
3. CORDÓN UMBILICAL: Por último, otra posibilidad es obtener células madre de cordón umbilical que, una vez diferenciadas adecuadamente e instauradas en la médula dé lugar a la fabricación de células sanguíneas de forma adecuada y sana.

Las células madre que el paciente-receptor recibe, sea del modo que sea, se depositarán en su médula ósea y empezarán a producir células nuevas y sanas que irán saliendo a su sangre y consiguiendo que su organismo funcione otra vez bien. Si el crecimiento es correcto y si las células consiguen funcionar bien, el receptor irá recuperando poco a poco la salud perdida y las funciones que la leucemia hicieron peligrar.
Lo he resumido muchísimo, pero en esencia es así. Por desgracia, a veces, a la primera no va bien y se debe repetir el trasplante. Exactamente igual como sucede en todos los tipos de injertos y trasplantes.

¿Quién puede ser donante?
Todas las personas mayores de edad, entre los 18 y los 55 años, que estén sanas.
En España es un sistema anónimo, gratuito -bueno, que lo cubre la Seguridad Social- y totalmente altruista, como en el resto de tejidos e injertos y en todas las listas de trasplantes que la ONT controla y organiza. La diferencia es que siempre se realiza en vida del donante. Los Bancos de Células Madre que se ha generado con la donación  de los cordones umbilicales abren una nueva puerta a las posibilidades para los pacientes de leucemia. En España los hay privados, cierto, pero también hay varios públicos que garantizan esa gratuidad y solidaridad de las donaciones.

El caso DKMS ha originado gran confusión, con la lista de donantes que ellos han generado. Por ello invito a todos los que se estén planteando hacerse donantes de médula ósea que no se echen atrás en su decisión de hacerse donante y que si tiene alguna duda se pongan en contacto con los centros de Transfusión sanguínea de los hospitales públicos o con la Fundación Josep Carreras, organismo que en España coordina estas listas.
Sobre todo, recordad que con un poco de vuestra generosidad se puede salvar una vida...
PARA SABER MÁS:
Y, por ahora, nada más.

martes, 24 de enero de 2012

Reflexiones: Con tratamiento, una semana; sin tratamiento, siete días

Imagen encontrada AQUÍ

El título de esta entrada puede parecer una perogrullada, ¿verdad? Pero no lo es, supone la máxima que caracteriza a uno de los males que nos afectan cada año cuando llega el invierno (aunque este año el invierno ha llegado con cierto retraso a nuestras latitudes): LA GRIPE

¿Qué significa esta frase? 
Esta afirmación significa que la gripe no tiene un tratamiento que la cure; a los pacientes con gripe se les pone un tratamiento sintomático, es decir, que mitiga o aplaca sus molestos síntomas (fiebre, dolor intenso, tos...), pero son fármacos que no van a acortar el proceso ni a matar el microorganismo. Para acabar con el virus de la gripe, para luchar contra la enfermedad, debemos dejar a nuestras defensas que se las arreglen ellas solas. 
La gripe, en su fase más intensa y con los síntomas más llamativos y más molestos, dura una semana, más o menos... De ahí el dicho y el título de la entrada.
A veces, sobre todo en pacientes ancianos, en crónicos o en personas afectadas por otra patología o proceso, la gripe se complica y pasa de ser una infección no muy grave a un proceso complicado, que en ciertos casos requiere el ingreso del paciente en un hospital y que puede ocasionar la muerte.

¿Cómo se previene?
La mejor forma de prevenirla es mediante la vacunación anual; se debe adminsitrar todos los años porque este virus muta con mucha facilidad y la vacuna de un año no vale para el siguiente. Por ello, todos los años hay que elaborar una vacuna nueva en base a las cepas que se conoce están provocando gripe en los países del Hemisferio Sur (cuando en el Hemisferio Sur es invierno -y sufren gripe- en el Norte es verano). Dado el bajo riesgo relativo que esta infección supone para la población en general, se recomienda la vacunación preferente a los ancianos, pacientes crónicos o enfermos de cualquier proceso y personal de riesgo (sanitarios, policía, cuidadores...) La campaña de vacunación se inicia en España desde octubre hasta finales de noviembre, aproximadamente; tarda en hacer efecto unas dos-tres semanas, más o menos. Algunos autores recomiendan la revacunación en ciertos casos, aunque no se ha demostrado que esta medida sea más eficaz que administrar sólo una dosis
En la actualidad la campaña, por tanto, está cerrada, por ello, ¿cómo se puede evitar el contagio de los que están infectados o portan el virus? En general, unas medidas básicas de higiene son suficientes: lavado de manos correcto, cubrirse la boca y la nariz con pañuelos desechables cuando se tosa o estornude y tirar los pañuelos usados en un sitio adecuado, evitar un contacto muy directo con personas que ya la padecen...

Pero, cuando se cree que se padece gripe: ¿qué hacer? 
Con demasiada frecuencia se confunde la gripe con un catarro o resfriado común (ambos también de origen vírico). La diferencia es que la gripe deja postrado al que la sufre... el malestar general es tan intenso, que uno no se puede levantar de la cama, fiebre, fuertes dolores musculares; en algunos casos dificultad respiratoria. Un abanico de síntomas que hace inconfundible una gripe de lo que no lo es. El médico lo diagnostica precisamente por esta clínica tan característica. Para tratarlo: reposo, analgésicos-antipiréticos, muchos líquidos (sobre todo zumos naturales de vitamina C) y poco más.
Ante todo: NO AUTOMEDICARSE Y NO TOMAR ANTIBIÓTICOS.
El único que puede recetar los antibióticos será el médico y sólo ante la posibilidad de que la gripe se haya complicado. Por desgracia, aún sigo viendo en algún caso que se toman de forma indiscriminada, por lo general, mal recomendados.
Y es este, el de los ANTIBIÓTICOS, un tema que no debe tomarse a la ligera.

¿Y la Gripe A? ¿Qué ha pasado con la Gripe A después de la histeria colectiva que se generó el año pasado con dicha pandemia? Pues después de la que se lió con esta nueva variedad de gripe, en España y en los países con sistemas sanitarios poderosos, la afectación a la población no supuso nada que no fuera similar a la gripe estacional. Las mayores tasas de prevalencia y de mortalidad asociada a esta gripe se dieron en países modestos o en vías de desarrollo, en los que la pobreza, la mala alimentación y las condiciones higiénicas pésimas contribuyeron a que las personas fueran más susceptibles a la infección y a sus complicaciones. Hoy día, la vacuna para la gripe estacional incluye la cepa de gripe A.

Esta es, a grandes rasgos, la gripe y lo que supone para nuestra salud en países como el nuestro. Si alguno piensa que la padece, debe acudir a su médico de cabecera. Él le explorará, valorará sus síntomas pondrá el tratamiento más adecuado. 
Y si el enfermo es personal sanitario DEBE QUEDARSE EN REPOSO Y EN CASA, SIEMPRE. Su gripe puede ser peligrosa para sus pacientes... Entiendo que con la situación que vivimos en que no se sustituyen bajas y no se renuevan contratos -los recortes en el sistema sanitario de algunas comunidades son atroces, brutales y groseros-, por lo que el temor por el puesto de trabajo obligue a más de uno a acudir a su puesto de trabajo aún estando enfermo; pero esto no debe suceder. Un profesional sanitario con gripe es una bomba de relojería para sus pacientes.

Y, por ahora, nada más.


martes, 17 de enero de 2012

Libro: «NEUROCIENCIA DEL LENGUAJE; Bases neurológicas e implicaciones clínicas»


El libro, «NEUROCIENCIA DEL LENGUAJE, Bases neurológicas e implicaciones clínicas», de Fernando Cuetos, que ha elaborado varios capítulos en colaboración con otros especialistas y coordina los que no son de su autoría, de la Editorial Médica Panamerica (2012), es una obra que trata de mostrar el estado actual de las investigaciones en el campo de la neurociencia del lenguaje en toda su complejidad, tal como nos indica su autor: «...separando los diferentes niveles del lenguaje (fonológico, morfológico, sintáctico, etc.) y analizando las bases neurológicas de cada nivel.»

En la misma introducción se nos explica:
«El libro consta de diez capítulos: cinco destinados a los principales componentes del lenguaje, como son la fonología, morfología, sintaxis, semántica y pragmática; dos al lenguaje oral, uno dedicado a la comprensión y otros a la producción; dos al lenguaje escrito, uno a la lectura y otro a la escritura, más el capítulo de introducción en el que presentan los antecedentes de la Neurociencia del lenguaje y se describen brevemente las principales metodologías que se emplean en el estudio de las bases neurológicas del lenguaje.»
(...)
«Los destinatarios de este libro son todas las personas interesadas en conocer las bases neurológicas del lenguaje y especialmente los estudiantes de psicología, medicina, logopedia, enfermería, lingüística y cualquier otra disciplina en la que se trate este apasionante tema.»

Es esta una obra muy completa, didáctica y muy asequible que nos expone las bases neurológica del lenguaje en toda su magnitud para exponer, seguidamente, las alteraciones y trastornos afásicos más frecuentes asociados a cada capacidad. Cada tema está estructurado en una parte expositiva, un resumen que recoge los contenidos principales y cinco preguntas de autoevaluación que facilitan la comprensión final del tema. 
Es además, un libro ameno y atractivo, con un lenguaje asequible. 

Los profesionales de enfermería trabajamos a menudo con pacientes que sufren alteraciones del lenguaje asociados o derivados de diversos procesos neuropatológicos. Este libro, que recoge los estudios más recientes en la materia, nos permite, no sólo completar nuestros conocimientos en el tema, sino abordar desde otro punto de vista el cuidado de estos pacientes en base al deterioro del lenguaje que muestren. Me parece una obra magnífica.
Y, por ahora, nada más.

martes, 10 de enero de 2012

Reflexiones: Los nuevos propósitos del año y... su inevitable fracaso

Imagen obtenida AQUÍ

Acaba de empezar el año y los gimnasios se llenan de gente que se prometió a sí misma, mientras engullía las uvas al ritmo de los cuartos y las doce campanadas, que perdería los kilos que le sobran, que se pondría a dieta y haría el ejercicio que siempre supo que debería hacer, pero que nunca hace porque no encuentra tiempo ni ocasión ni quien le acompañe ni... Pero eso sí, primero el roscón de Reyes y luego... ¡a dieta!
Cuando llega enero, los gimnasios se llenan, las consultas de endocrinos, dietistas y nutricionistas y/o de cirujanos plásticos tienen sus citas cubiertas hasta febrero, las tiendas de deporte agotan sus stocks de ropa deportiva y observamos a nuestros amigos y conocidos mientras nos cuentan con gesto decidido su nuevo plan de choque contra esos kilos de más. 
Plan de choque que, en la mayoría de los casos, no llega a febrero y que ninguno aguanta más allá de marzo.
¿Y por qué tanto fracaso?
Creo que primero deberíamos valorar cuales son los motivos reales que impulsan a estas personas a hacerse promesas de renovación física cuando el año viejo está tocando a su fin. ¿Por qué decide uno ponerse a dieta o hacer ejercicio para adelgazar? La mayor parte se ve impelido por motivos físicos: se miran al espejo y no se gustan con esos kilos de más. ¿Son buenos motivos, malos? No seré yo quien lo juzgue, por ello, hoy voy a atravesar ese fino velo que separa al profesional de la salud y la persona y voy a mostrar mi experiencia personal.
Yo me hice esas mismas promesas de fin año durante muchos años, quizá más de diez... Me miraba al espejo, me veía gordita y me decía: «¡De este año no pasa, me pongo a dieta y hago ejercicio y bajo esos... kilos de más!» Nunca me he apuntado a un gimnasio porque mis turnos me impedían acudir de forma regular, pero me he comprado bicis estáticas, cacharros de esos de subir escalones, DVD's de batuka (a las que me aficioné hasta hoy; lo cierto, es que porque aún estoy recuperándome del pie, pero sigo haciéndolo)... todo para nada. Nunca bajé más allá de algún kilo y no más allá de los primeros meses del año.
Mi error: mi impulso era sólo estético. Mi figura, llegar a estar guapa, ENTRAR EN EL BAÑADOR... 

Este verano me di cuenta de que me encontraba a las puertas de una obesidad grado I, si no la había pasado ya; la obesidad, como enfermedad crónica que es, supone a medio/largo plazo la aparición de  diabetes tipo 2, hipertensión arterial y artrosis... para todo lo cual tengo antecedentes familiares de primer grado, dado que la obesidad es una enfermedad, pero, a su vez, es factor de riesgo para todas esas patologías y para algunas más, como cardiopatías y patologías circulatorias.
Todas estas enfermedades crónicas me supusieron el revulsivo suficiente para entender que yo no quería eso. Tengo cuarenta y poco años, aún soy muy joven y aún puedo hacer mucho para que el resto del tiempo que me quede sea en las mejores condiciones posibles, en las mejores condiciones de salud y bienestar.
No lo pensé más. Lo único que podía hacer era ponerme a dieta...
Fui a una dietista que no me hizo la cosa demasiado dulce ni suave. Con mi peso y mi estatura tenía un IMC tal que sufría ya Obesidad grado I. Solución: dieta y cambio de hábitos alimenticios, aparte de ejercicio físico, claro.
Yo dejé de fumar hace ya 19 años y me costó muchísimo. Ponerme a dieta y dejar el pan, fiambres y ciertas cosillas... era como dejar de fumar veinte veces. Soy también ama de casa, sólo yo estoy a dieta y hago de comer a los míos... el calvario es fácil de imaginar y la fuerza de voluntad que tuve y tengo aún que desgranar, titánica.
He pasado meses de altibajos... porque mi cuerpo es así de «cabezón» y no se deja arrebatar lo que me sobra. He pasado la navidad sin engordar, más aún, perdiendo kilillos al ritmo esperado. Ya llevo algo más de 12 kilos desde que comencé en verano y estoy convencida de que no deseo recuperarlos. He modificado mi forma de comer, no paso hambre, mi dieta es variada e incluye todo tipo de alimentos en un equilibrio adecuado, tomo cinco comidas y hago ejercicio a diario.
Y ha merecido la pena.
Creo que ser yo la paciente de mi dietista me ha ayudado a entender mi papel como enfermera que invita a otras personas a reducir peso y desear estar mejor, no por una cuestión meramente estética, sino por el deseo de estar bien, estar sano y estarlo muchos años.
Adelgazar es como dejar de fumar: debe hacerse cierto esfuerzo para lograrlo, pero en este caso no es un esfuerzo desagradable, porque no se pasa hambre, se come de todo y se descubren platos saludables que, en otras circunstancias, jamás habría probado. Como hoy más verdura y vegetales que en toda mi vida... y, encima, me gusta. He «aprendido» a picar cuando voy de cañas y de tapas por ahí, a pasarme con moderación, a compensar el exceso con reducciones de calorías en las siguientes comidas. Pero es que eso ya lo sabía por mi profesión, pero ahora lo sé de una forma diferente: ahora lo sé porque lo he llevado a cabo... ¡y funciona!
He perdido 12 kilos (me falta alguno más para llegar al peso esperado) y me miro al espejo y me veo mejor. La ropa me queda mejor y yo estoy mejor.

Por ello creo que debemos buscar un objetivo fundamental cuando nos hagamos esas promesas de fin de año: ¿qué deseamos de verdad dejando de fumar o haciendo dieta? Cuando tu respuesta es que deseas estar sano y mejor físicamente, creo que el éxito es más fácil.
Y, por favor, acudan a un médico, a un enfermero o un dietista. Huyan de los manuales de autoyuda tipo Dukan, que proponen dietas aberrantes que ponen en serio riesgo la salud del que la sigue. 
La única dieta aceptable: variada, con todos los grupos de alimentos, planeada a largo plazo, con objetivos alcanzables y lógicos y que permita un cambio de hábitos de dieta saludable; un plan que se apoye, además, en el ejercicio físico diario. Nunca se debe perder más de 3-4 kilos por mes. 
Y ojo con los que sois diabéticos o tenéis problemas endocrinos o de tiroides o cualquier otra patología aguda o crónica. Sólo un profesional debe planear y seguir vuestra dieta...
En estas cuestiones, cuando sobran más de 10 kilos, no hay milagros.

Ya está.
Os he contado mi propia experiencia porque no conozco a nadie mejor que a mí misma, mis motivaciones, mis preocupaciones de salud. Os animo a que llevéis una vida sana, una dieta saludable y variada y hagáis ejercicio de forma regular. Si aún así os sobran unos kilos, perdedlos antes de que sean muchos, pero hacedlo en el marco de una dieta saludable y propuesta por un profesional de la salud.

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Y, por ahora, nada más.