Política de cookies

jueves, 9 de febrero de 2012

Reflexiones: Publicidad: ambigüedad en las palabras.


Desde hace ya años, por fortuna, se va arraigando en la población la necesidad de adquirir hábitos saludables, por la convicción de que si uno adquiere hábitos sanos y destierra los más nocivos, mejorará su salud, reducirá el efecto de los factores de riesgo que facilitan la aparición de ciertas patologías y estará sano más tiempo. Se hace hincapie, por supuesto, en adquirir hábitos saludables en alimentación -con especial incidencia en la Dieta Mediterránea- y en practicar ejercicio físico de forma regular, fundamentalmente, adaptado a nuestras características físicas. Y es completamente cierto.
Todos estamos expuestos a los medios de comunicación y a la publicidad que en TV, radio, prensa, carteles... nos asedian a diario. En los productos de alimentación, sobre todo, se hace uso de una serie de mensajes que utilizan palabras como «sano», «saludable», «libre de...», «rico en...», «ayuda a reducir...», etc... que sólo busca un objetivo: que elijas ese alimento/producto entre otros muchos porque te llegue el mensaje que de es más beneficioso para tu salud que todos los demás de otras marcas.
A veces esa información pretende crear en el consumidor la idea de que si tomas ese alimento/producto obtendrás un beneficio para tu salud o reducirás ese parámetro de tu sangre que te obliga a llevar dieta de forma constante y a controlar tus ingestas.
Es indiscutible que tomar alimentos ricos en grasas vegetales de alta calidad y que huir de las grasas saturadas ayudan a controlar el colesterol de nuestra sangre, por ejemplo. Eso nos hace que empecemos a prestar especial atención al etiquetado de esos alimentos/productos y aunque prestamos atención al porcentaje de las grasas saturadas, se nos pasa por alto muchas veces determinar la presencia o cantidad excesiva de otros como las grasas hidrogenadas -Grasas Trans muy perjudiciales para nuestra salud: aumenta colesterol y facilita desarrollo de diabetes tipo 2- o azúcares no tan conocidos como fructosa, dextrosa... El hecho de que no prestemos atención a estos componentes es fruto, más que nada, del desconocimiento.
  • Se nos dice: alimento sin azúcar... pero debemos fijarnos si de verdad utiliza otros edulcorantes perjudiciales o en su composición presenta ciertas grasas nocivas.
  • Se nos dice: la mitad de grasa o bajo en grasa... pero puede tener excesiva cantidad de azúcares: fructosa, dextrosa... Y todo exceso de azúcar en el organismo es susceptible de ser almacenado en forma de grasa.
  • Otras veces se incluyen conceptos que la mayor parte de los consumidores no saben qué significan pero que en su forma de presentarlos les proporcionan un cierto valor científico que nos invita a creer en sus propiedades: omega 3, ácidos grasos insaturados, hidratos de carbono de liberación lenta, esteroles... Otras veces afirman que tal organismo o universidad avalan sus cualidades mediante estudios que no siempre son del todo claros.
  • O se nos da una información no del todo completa, pero que consigue que el mensaje central llegue y compres, como ocurre con los productos «para reducir el colesterol», una de las grandes preocupaciones de la población adulta de cierta edad. El colesterol se ingiere, claro que sí, pero también se sintetiza -fabrica- en el interior de nuestro cuerpo. Aunque el colesterol lo eliminemos-reduzcamos considerablemente de la dieta, hay cierta hipercolesterolemias que son debidas no a la ingesta, sino a la excesiva síntesis en nuestro organismo. Los productos que reducen la absorción del colesterol no impedirán que se siga fabricando en nuestro cuerpo, por lo tanto en ciertos casos no será tan útil como prometen. Aparte, en algunos casos, en los spot de TV pasan en carteles minúsculos y a una velocidad del rayo, indicaciones como que «ese producto hace efecto asociado a una dieta baja en grasas y asociado a ejercicio físico practicado de forma regular...», carteles que muchos no ven.
  • Otras veces, en ciertos productos infantiles, han hecho creer, por ejemplo, que tomar determinado cacao puede ayudar a sustituir la ingesta de una toma de fruta fresca o que el alto contenido en calcio de ese alimento suple la toma de otros productos como la leche... Esa información es incorrecta y en algunos casos el producto en cuestión es un alimento con un contenido en grasa no del todo adecuado por excesivo. O que un zumito de 100 ml recoja la mitad de las necesidades de frutas y vegetales frescos del día. O zumos hechos con naranjas especiales...
  • También, abusan en determinados casos del concepto «productos naturales» o «grasas vegetales» que en sí mismas no dicen nada y producen cierto equívoco al considerar lo que nos ofertan como de una calidad superior que quizá no tienen. Grasa vegetal es por ejemplo, el aceite de coco, de dudosa capacidad cardiosaludable.

Hay ciertos estudios que corroboran que la publicidad ayuda a consumir ciertos productos, sobre todo entre la población infantil y adolescente. Pero nosotros, los adultos, en nuestro afán -siempre justificado- de llevar una dieta sana y variable, que evite productos potencialmente nocivos, podemos dejarnos llevar por ciertos mensajes no del todo ciertos, ambiguos o que dan a algunos alimentos unas propiedades saludables que  no lo son tanto o que no tienen en absoluto.

Esto, por tanto, requiere de un cierto esfuerzo añadido por nuestra parte, el adquirir conocimientos dirigidos a conocer qué significan en realidad esos conceptos ambiguos que buscan dar una información que empuje a nuestra voluntad a adquirir esos alimentos/productos. Leer las etiquetas y saber qué dicen es por tanto fundamental. Los organismos reguladores, por su parte, ya se ocupan de evitar esa publicidad engañosa, pero en algunos casos son demasiado lentos.
Con esta entrada no quiero decir que lo que aseguran los publicistas de ciertos productos sea mentira, lo que quiero decir es que no siempre es verdad o que es una verdad manipulada. Las sentencias que se han producido en este sentido con respecto a ciertos productos alimentarios con publicidad engañosa dan razón de ello. Os invito a tener cuidado, leer las etiquetas con atención y rechazar lo que no tengáis muy claro. El consumidor debe ser un elemento activo y crítico del consumo, no un sujeto pasivo que se deja llevar sin pensar.

PARA SABER MÁS: 
Y, por ahora, nada más

    4 comentarios:

    Anónimo dijo...

    Toda la razón del mundo. No hay que olvidar que el objetivo de la publicidad es vender y hacernos picar con su producto. Obviamente no nos engañaran flagrantemente, pero saben como decir medias verdades para cumplir lo justito de la ley y conseguir su propósito. Recomiendo al respecto este enlace de la ocu
    http://www.ocu.org/etiquetado-y-publicidad/etiquetas-que-enganan-alimentos-con-menos-de-s571494.htm

    Lola Montalvo dijo...

    ANÓNIMO: Es cierto que el objetivo final de la publicidad es hacernos consumir, pero en cuestión de «salud» no todo vale. Gracias por tu aporte y por el enlace que nos muestras. Si me lo permites, lo incorporo al texto. Muchas gracias y un fuerte abrazo.

    Yuseppe dijo...

    Me ha encantado esta reflexion!
    Estoy totalmente de acuerdo con lo que escribes, con todo.
    Como muy bien finalizas, "el consumidor debe ser un elemento activo y critico del consumo", y esa es una labor a mejorar en la poblacion.
    Gracias Hermosa!

    Lola Montalvo dijo...

    YUSEPPE: gracias a ti, amigo :D

    LinkWithin

    Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...