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jueves, 29 de septiembre de 2011

29 septiembre 2011: DÍA MUNDIAL DEL CORAZÓN


Debido a las enfermedades cardiocirculatorias mueren al año miles de personas. Datos de la OMS:

"Las enfermedades cardiovasculares (como el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular) son las más mortíferas del mundo, no en vano se cobran 17,3 millones de vidas al año. Con las actividades organizadas cada (…) Día Mundial del Corazón, se intenta que el gran público conozca mejor los métodos para reducir al mínimo los factores de riesgo, por ejemplo mantener el peso corporal controlado y hacer ejercicio regularmente."

Sería interesante que no viéramos este evento desde el punto de vista, digamos, nefasto. Me gustaría enfocar esta entrada desde un punto de vista de la capacidad que tenemos todos y cada uno de nosotros de llevar a cabo una serie de medidas preventivas dirigidas a disminuir el riesgo cardio-vascular. Estas medidas van enfocadas a adoptar en nuestra vida diaria hábitos saludables que mejoren nuestra calidad de vida. 
  • Abandonar el hábito del tabaco y otras drogas, si se consumen
  • Llevar una dieta sana y variada que busque reducir el sobrepeso y/o conseguir una alimentación adecuada a nuestra actividad diaria. Como ya he indicado otras veces, la mejor dieta es la Dieta Mediterránea. Si se padece sobrepeso u obesidad, ponerse en manos de un especialista para conseguir el peso adecuado a nuestra condición física-edad.
  • Hacer ejercicio físico de forma habitual, adaptado a nuestra edad y condición física y que suponga, aproximadamente, 30 minutos, 3-5 veces a la semana.
  • Tratar adecuadamente otras patologías asociadas, como HTA, Diabetes, Nefropatías, Dislipemias (hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia...) y Obesidad.
Ante todo, debemos celebrar este día en positivo, evitando tremendismos o alarmas innecesarias, poniendo en las manos de los ciudadanos las herramientas adecuadas y la información más útil para que, de forma responsable, deseen mejorar su situación adoptando hábitos de vida saludables que reduzcan todo lo posible los riesgos antes mencionados. Los profesionales de la salud debemos, por tanto conocer a la población en riesgo, captar, informar, asesorar, formar y apoyar a los usuarios y enfermos para que, una vez decididos, se sientan estimulados y reforzados. Es una labor, por tanto, de todos. 

Para saber más:
Espero que os animéis a cuidaros. No hace falta esperar a estar indispuestos o encontrarse regular para desear hacerlo.
Y, por ahora, nada más.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Memoria de mi Enfermera XXXIII: Enfermera Enferma


Foto Lola Montalvo (c)

Los profesionales de la Salud también enfermamos. Es obvio, lo sé... pero creo que, a veces, se nos olvida.
Y ahora me ha tocado a mí.
Tenía programada la intervención desde hace semanas. En el estudio pre-anestésico me puse muy nerviosa y el médico me recomendó que tomara algún fármaco ansiolítico, para que fuera más sosegada al quirófano. La noche anterior dormí gracias a ese fármaco. La mañana del la intervención, me tomé otra. Ingresé a as 8 horas... Me recibió una enfermera... y no dije en ningún momento que mi profesión es la misma que la suya. No me gusta decirlo... ¿por qué? Se preguntará alguien. Pues porque así me puedo quejar y llorar si viene al caso sin sentirme ridícula. Porque parece que todo el mundo cuando te ve quejarte piensa o te dice: «¡tú tendrías que estar acostumbrada!». Y claro que estoy acostumbrada: a pinchar y hacerles técnicas más o menos dolorosas a otros... no a mí misma. Creo que el matiz es distinto ¿?
Me llevaron a quirófano tumbada en la cama de la habitación.
En ese preciso instante me entró un ataque de nervios... No voy a suavizarlo, ¡¡estaba fatal, aterrorizada!!
Y cuando me pasaron a la mesa de quirófano, el estómago ya lo tenía anclado en la garganta y el corazón tomó su propio camino por la boca... tenía una crisis de ansiedad en toda regla.
Me cogieron una vía... ¡¡¡madre del amor hermoso, lo que duele un abocath del 18... el muy...!!!
Me tenían que poner la epidural para dormirme de cintura para abajo. Mi experiencia con las epidurales es catastrófica, motivado por mis dos partos en los que la epidural nunca entró a la primera. El anestesista me rogó unas mil veces que respirara hondo y me tranquilizara.
Al final el pobre hombre lo logró y mis piernas, mi abdomen, semejaron un tronco de corcho que no me pertenecía.
Isquemia con balón neumático, compresión en muslo... y al lío.
La intervención duró 1 hora y 3/4 aproximadamente. Pasé un frío de mil demonios que no consiguió calmarme la sabanita que la enfermera circulante me puso como débil intento de hacerme entrar en calor. El cirujano sudaba a espuertas.
Y... por fin, terminó.
Me metieron en la cama de nuevo y me llevaron a «la sala de despertar». Cerré los ojos de alivio, del inmenso alivio que me embargaba al sentir que todo había acabado... ¡¡¡qué equivocada estaba!!!
La amabilidad de todos los que me atendían, uno detrás de otro, me llenaba los ojos de lágrimas...porque, amigos, qué necesarios son la amabilidad, una sonrisa, un gesto simpático en momentos tan delicados, tan vulnerables como ésos, la vulnerabilidad que nos produce el estar enfermos y depender de manos ajenas.
Otra horita más en «la sala de despertar» y me regresaron a mi habitación.
Me recibió la amable sonrisa de mi marido... ¡Nunca me pareció más maravillosa su sonrisa, ni más cálidas sus manos!
Recuperé la sensibilidad de las piernas... pero al ir al servicio... ¡¡no podía hacer pis!! ¡Madre del amor hermoso, me dolía horriblemente la tripa y sabía que tenía globo, pero no podía...! Me entró de nuevo el pánico.
Me llevaron a hacer una radiografía.
Volví a intentar orinar y casi llegué a las lágrimas cuando por fin pude hacerlo.
Me pusieron millones de botecitos con medicación.
Me tomaron la TA decenas de veces.
Comprobaron que el apósito estaba seco y no sangraba. Probé tolerancia con agua que me empeñé por mis mulas que toleraría a la primera y lo logré.
Me visitó el cirujano que me explicó que mi pobre pié estaba mucho peor de lo que parecía en un inicio, por lo que tuvo que curráserlo de lo lindo... la placa da fe de ello.
Pasé la noche bastante bien y esta mañana me volví a casa. Cuando atravesé el umbral del que es mi hogar, me dio la sensación de que no había sitio más maravilloso y me dio la sensación de que había estado fuera, no una noche, sino una eternidad.
La foto de ese pie, el mío, indica que ahora no estoy en mi mejor momento, que el post-operatorio va a ser incómodo, pero nada que no se pueda soportar. Hay cosillas mucho perores, no hay duda de ello.

Con esto que cuento, que me ha pasado a mí, creo que queda bastante claro lo que quiero expresar, ¿verdad?
Demasiadas... siempre demasiadas veces, se nos olvida que nuestros pacientes tienen miedo ante intervenciones quirúrgicas o ante ingresos por procesos patológicos, graves o no. A nosotros, por desgracia, la costumbre y la experiencia al trabajar en esas intervenciones o en esos procesos nos lleva a minimizar o infravalorar (de forma inconsciente) el temor de nuestros pacientes, su angustia ante el sufrimiento, ante el dolor o las secuelas que todo ello les pueda reportar.
Yo estos días he sido paciente. Me he negado a ser enfermera.
Y he tenido miedo a ese dolor, a la angustia frente a lo que me esperaba. Os aseguro que he recordado a mis pacientes y a los temores que me manifestaban.
Como digo en muchos otros espacios, he estado al otro lado.
Espero que no nos haga falta a todos, como profesionales de la salud, pasar por una experiencia así, para tener presente todo lo que he contado. Me gustaría creer que no es necesario. Aunque a algunos de ellos, pocos, pero siempre demasiados, les vendría bien una dosis de esto...
Y, por ahora, nada más.

jueves, 15 de septiembre de 2011

La próstata. 15 septiembre, Día Europeo de la Salud Prostática

Imagen perteneciente a CDC

Hoy, 15 de septiembre, es el Día Europeo de la Salud Prostática.
Estoy convencida de que muchas personas no saben en realidad qué es y para qué sirve la próstata... más allá de que es un órgano propio de los hombres y que forma parte de su sistema genito-urinario, es decir, de sus órganos sexuales.
En el dibujo de arriba, muy bueno, se ve que la próstata es una pequeña glándula que abraza la uretra en su salida de la vejiga y que se encuentra justo delante del recto. Su tamaño, en cndiciones normales, no es mayor a una castaña. Su función consiste en que durante la eyaculación segrega un líquido nutritivo, que forma parte del líquido seminal, necesario para que los espermatozoides puedan aguantar el largo camino que les espera, considerando que la función de su emisión sea reproductiva.
Con los años, con la edad, esta glándula puede aumentar de tamaño, lo que se conoce como hipertrofia o hiperplasia. Al aumentar de tamaño, el espacio en el que abraza la uretra puede disminuir el diámetro de su luz, con lo que aprieta la uretra, dificultando la expulsión de la orina en cada micción. Esta hipertrofia puede ser benigna (HBP), es decir, que su aumento no supone ninguna lesión maligna.
Pero, hoy día, el segundo tipo de cáncer más frecuente en los hombres es el cáncer de próstata, consistente en la formación de células anómalas en esta glándula, que se multiplican de forma desmesurada alterando su función. Esta enfermedad, como es bien sabido, puede hacer que esas células salgan al sistema linfático y se diseminen por otros órganos.
Los síntomas de esta enfermedad no vienen al caso. La cuestión es que, cuando se diagnostica porque se sienten síntomas o molestias, suele estar demasiado diseminado y por desgracia la enfermedad ya está consolidada.
Por ello, como en casi todos los casos, la mejor forma de afrontar esta enfermedad, es la PREVENCIÓN y el DIAGNÓSTICO PRECOZ.
  • Llevar una vida sana, ejercicio, evitar el sedentarismo, dieta mediterránea y libre de tóxicos: tabaco, alcohol y/o drogas.
  • Los hombres de más de 40-45 años deberían acudir al urólogo con cierta frecuencia para que, con una simple revisión, se puedan detectar a tiempo cualquier tipo de lesión en sus estadios iniciales. En qué cosiste esta revisión:
    1. Tacto rectal
    2. Determinación de un antígeno específico en sangre, conocido como PSA
    3. Y, si hiciera falta por aparecer aumento de tamaño prostático: ecografía
Ninguna de estas técnicas es determinante al 100%, algunas de ellas están cuestionadas hoy día en su capacidad real de diagnosticar los casos reales o de no dar falsos positivos, sobre todo con resepcto a la PSA, pero está demostrado que las revisiones periódicas facilitan la detección y tratamiento precoces de cualquier lesión prostática y ayudaría, por ello, a disminuir la frecuencia del cáncer de próstata y su elevada mortalidad.

Aún así, los hombres son reticentes a acudir al urólogo para llevar a cabo estas revisiones.
Pemítanme que hable en palabras más llanas: sé, porque lo escucho a diario, que los hombres no desean ir al urólogo para estas revisiones porque no desean que el especialista les revise; sobre todo, les provoca rechazo el tacto rectal...
Creo, de verdad, que el miedo es libre y cada uno tiene derecho a rechazar cualquier exploración sobre su anatomía. Pero me parece que los hombres se deberían plantear si realmente este temor/rechazo no resulta un tanto exagerado. Sé que animar a los hombres a que se pongan en el lugar de las mujeres y su muy desagradable exploración ginecológica no sirve de nada.
Por ello, les animo a que se planteen la cuestión en positivo: que los beneficios de estas revisiones son muy elevados con respecto al mal momento que puedan pasar en la exploración.

Para saber más:
Ante cualquier duda, consultad a vuestro médico y/o vuestra enfermera; ellos sabrán resolver vuestras inquietudes. Las webs, para los profanos en materias de salud/enfermedad, deben ser sólo una gran enciclopedia, no el medio para tomar ninguna decisión sin asesoramiento.

Y, por ahora, nada más.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Reflexiones: Trabajo en equipo, ¿una cuestión de actitud?

Imagen perteneciente a El Mundo

Ayer se publicó en Diario Médico un artículo titulado «Médico-enfermero, una relación muy vertical» -AQUÍ, en PDF, texto completo- en la que varios profesionales de enfermería españoles, de diversas ciudades y diversos servicios de salud, manifestaban su opinión con respecto a la actual relación entre médicos-enfermeros. No se exponía una conclusión cerrada sino que se dejaba abierto el hilo a la opinión de cada cual... eso sí, sólo opinaban enfermeros.
Entre los comentarios de los lectores en la web -pocos la verdad-, algunos médicos expresaban su malestar porque este diario, de médicos, hubiera dado voz a enfermeros y escribían otras manifestaciones que ponían en duda la capacidad de enfermería de estar al nivel de medicina entendiendo por ello que nuestra relación con los profesionales médicos debería ser siempre jerárquica, nunca en plano de igualdad.
Ayer mismo, otros blogs de enfermería, como HOMO SANITARIUS o LA ENFERMERÍA FRENTE AL ESPEJO, dieron una réplica tranquila a parte de esas reacciones. Además, un blog médico, LA CONSULTA DEL DOCTOR CASADO , publicado hoy, hace una reflexión sobre la relación de estos dos grupos profesionales, exponiendo una realidad que ni es absolutamente negativa ni de color de rosa, muy real, con mucho respeto y sincera.

Estudié Enfermería por vocación. Ya lo he dicho decenas de veces. Nunca he deseado ser otra cosa. Me gusta mi trabajo, me gusta lo que mi profesión representa y supone, me gusta mucho lo que ha llegado a ser en todos estos años que llevo laborando de cara a la gente. Supongo que es fácil suponer que he visto mucho bueno, muchos profesionales buenos y muchos, siempre demasiados, malos. No sólo enfermeros, sino médicos, auxiliares, celadores... Como dice Salvador Casado en su entrada de hoy lo que se debe buscar y respetar en nuestros compañeros es la profesionalidad, ocupe el puesto que ocupe.
Pero yo añado que en un servicio de salud, en el que sea o en la mayoría de ellos, el trabajo se hace en equipo, un equipo multidisciplinar, formado por diversos profesionales. Trabajar en equipo supone que tu trabajo, tu labor, tus conocimientos los pones en común con otros profesionales y los ajustas al suyo como un engranaje perfectamente engrasado, de tal forma que funcione bien y en el que lo único que importa es el resultado final. Todos trabajan por un objetivo común y a eso dedican su esfuerzo.
Eso sí, es fácilmente imaginable que no todos pueden trabajar en común... algunos, a veces, tienen la necesidad de que su labor destaque sobre la del resto o sencillamente no saben amoldarse al trabajo de los demás. Por ello creo que el trabajo en equipo es realmente una cuestión de actitud: saber escuchar la opinión del otro o lo que el otro puede aportar es algo a lo que uno debe estar abierto profesionalmente, tener presentes y respetar los conocimientos del otro, saber su utilidad, su trascendencia en el objetivo común.
Por supuesto, entiendo que en la labor de «curar» las acciones y pautas médicas tienen una preeminencia evidente sobre el resto; eso nadie puede negarlo, ni lo ha hecho nunca. Pero un médico pocas veces puede curar «sólo». Necesita a otros, a otros que llevando a cabo esas pautas, además, proporcionan cuidados necesarios para que ese paciente se cure. Pero no olvidemos que no siempre se puede curar... En esos casos el tratamiento va en igualdad de condiciones con los cuidados, con la educación de hábitos, con destrezas que el paciente debe aprender, con un seguimiento de su proceso de forma regular...

El trabajo en equipo entre los diversos profesionales debe tener un punto de inicio que es el respeto a los demás, a sus conocimientos, a sus destrezas, a su potencial. Y cada uno, a su vez debe ser profesional, darlo todo en su labor, implicarse como el resto, responsabilizarse, ser autocríticos, saber evaluar los resultados... una compleja labor, sin duda, que no todos están capacitados para llevar a cabo. Y yo creo que es una cuestión de actitud, porque cuando se quiere, el trabajo en equipo se aprende, como casi todo en esta vida.

Esto es lo que deseaba decir... bueno, una cosa más. Enfermería ha avanzado en los 22 años que llevo en esta profesión, ha avanzado muchísimo. Los diagnósticos de enfermería, la estandarización de sus cuidados, el esfuerzo en investigación, en formación... etc., ha sido vertiginoso. Enfermería tiene actitud y capacidad para llevar a cabo lo que se proponga y los límites de sus logros no están aún limitados, ni muchísimo menos. Eso no nos lo puede negar nadie, nadie.

Para saber más, publiqué otras entrada que hacían referencia a lo que hoy escribo:
Ahora sí, y, por ahora, nada más.