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miércoles, 31 de agosto de 2011

Reflexiones: «Hacer daño»


En nuestra labor cotidiana llevamos a cabo decenas de tareas y de técnicas que, irremediablemente ocasionan molestias o dolor a los pacientes. Es una realidad que está asumida por ambas partes: usuarios y profesionales. O mejor aún, así debería ser.
Por ello quiero analizar este aspecto desde ambos puntos de vista.
Allá voy.

1. Como Profesional:
No se nos debería olvidar nunca que trabajamos con personas. Que nuestras acciones sobre sus anatomías son molestas a menudo, dolorosas en muchas ocasiones, difíciles de soportar con frecuencia... No supone esto que seamos sensibleros o demasiado blandos en nuestro devenir cotidiano. Significa esto que no deberíamos lanzarnos jamás sobre «piel ajena» sin informar antes de lo que vamos a hacer, en qué consiste nuestra tarea y qué molestias reales o potenciales pueden reportar. Demasiadas veces aparecemos ante nuestros pacientes como seres fríos ante el dolor o las molestias de los pacientes, incapaces de entender su padecer, preocupados sólo por coger esa vía, poner esa sonda o tomar esa muestra. Cuando en la mayoría de las ocasiones no es así. Aunque, por desgracia, sí hay algunos colegas que tienen esa actitud.
Todo se resume a aprender y practicar todo aquello que no conocemos bien; proporcionar a nuestros pacientes información, empatía y cuidado.

2. Como Paciente, que he sido y que pronto seré, tengo miedo del dolor, del padecer que me pueden reportar ciertas técnicas sobre mi cuerpo, del sufrimiento que debo soportar. Eso sí, entiendo que algunas molestias son inevitables... Para poner una anestesia local o epidural hay que pinchar. En estos casos, para dejar de tener dolor, algo debe dolerme. Debo colaborar en la medida de lo posible y ayudar a los profesionales a que realicen su labor con la mejor disposición por mi parte, evitando manifestaciones innecesarias que dificulten o compliquen su tarea.

Mi reflexión es la siguiente: las técnicas más cruentas que los profesionales de la salud llevamos a cabo a diario en nuestro trabajo deberíamos hacerlas siempre como si estuviéramos actuando sobre nuestro propio cuerpo: hacerlo tal y como nos gustaría que nos lo hicieran a nosotros. No olvidar jamás que, muchas veces, en el desarrollo de nuestras tareas hacemos daño y que si se hacen de forma descuidada ese daño se multiplica. No menospreciar jamás el dolor o el miedo de nuestros pacientes y nunca mentirles... eso tan común de «...es sólo un pinchacito» o «...¡eso no es ná!» y explicar con detalle en qué consiste la técnica, qué pueden sentir y cómo esperamos que nos ayuden, solicitando en todo momento su colaboración. También creo que un profesional debe pedir ayuda cuando crea que algo no lo puede terminar -porque falla- o se le resiste... nunca es bueno obcecarse en conseguir terminar algo, cuando ése no es tu día; y no se es peor profesional por reconocer que ese día, por lo que sea, no puedes.

Por parte del paciente ante ciertas técnicas molestas/dolorosas es necesario que se ajusten a las indicaciones de los profesionales que les atienden, que pregunten lo que no entiendan y que no se queden con ninguna duda antes de empezar. Si uno, como paciente, es consciente de que puede ayudar o de lo que puede esperar en el transcurso de una técnica, la realidad siempre es menos cruda -para las técnicas más molestas o dolorosas-. A menudo los pacientes tienen una idea preconcebida de la técnica en cuestión y cuando el profesional termina suspiran aliviados «... ¡Ya está! Qué rápido...» Otras veces eso no es posible y la técnica es tan horrorosamente molesta y dolorosa como nos lo habíamos imaginado. De eso, por suerte o por desgracia, nadie tiene la culpa.

Hoy día vivimos en una sociedad en la que el dolor o el sufrimiento tendemos a evitarlo hasta hacerlo desaparecer y eso es lo que se espera que hagamos en nuestras técnicas y tareas. Pero por desgracia eso no siempre es posible. No me pueden pedir jamás que cuando saque sangre a un paciente o le coja una vía no le haga ningún daño. Sí se me puede pedir que lo haga lo mejor posible... y muchas veces los pacientes piden/exigen sin dar su colaboración a cambio. El esfuerzo debe ser conjunto, proceder de ambos lados.

Veo a compañeros que se obcecan en coger vías, en tomar muestras cuando ese no es su día. Escucho a pacientes criticar injustificadamente a los profesionales que les han ocasionado mucho dolor en una técnica de por sí dolorosa. Creo que por ambas partes debemos aportar algo, que todos debemos hacer algo para que las técnicas salgan siempre de la mejor forma posible y sin más molestias de las imprescindibles.

Y, por ahora, nada más.

viernes, 19 de agosto de 2011

Libro: «NORMAS DE ACTUACIÓN EN URGENCIAS»

Una de las labores más difíciles y más exigentes de las que he llevado a cabo en mi experiencia como profesional de enfermería, fue la labor que llevé a cabo en Urgencias, pero no en un hospital, sino en los servicios de urgencias de varios centros de salud repartidos por varios pueblos. Algo tenía siempre muy claro cuando me encontraba de guardia: nunca sabía qué iba a entrar por la puerta, qué gravedad tendría, si sería una enfermedad o lesiones resultado de un traumatismo. Y lo más impactante no resultaban precisamente los casos que entraban por la puerta, sino aquéllos en los que te llamaban por teléfono, el interesado, un testigo o la guardia civil, llamada en la que anunciaban un accidente -de tráfico casi siempre, pero en numerosas ocasiones accidentes de pelaje variado e inesperadas consecuencias- o desvanecimientos o situaciones de gravedad aparentemente extrema o no...
En fin...
Para llevar a cabo esta labor tanto los médicos como los profesionales de enfermería deben -debemos- estar preparados para todo, ser capaces de captar con la mayor rapidez posible la información esencial para poder actuar con la celeridad necesaria y la eficacia esperada. Deben, en definitiva, tener actualizados sus conocimientos en las materias mas diversas.

Y, por ello, me gustaría presentaros este libro, «Normas de actuación en Urgencias», coordinado por Manuel S. Moya Mir, de Editorial Médica Panamericana (2011). En el prefacio escribe Moya Mir:

«La práctica de la medicina de urgencias exige una rápida toma de decisiones que agilicen la atención al paciente que consulta un problema urgente. Esta rapidez depende, en gran medida, de la experiencia del médico que las toma y de sus conocimientos teóricos. (...) para poder llevar a cabo, en un breve lapso de tiempo, una serie de actuaciones ordenadas que permitan solucionar u orientar de forma apropiada el problema por el que consulta»

Estoy completamente de acuerdo, por supuesto, pero me gustaría añadir que, en la mayoría de ocasiones, sobre todo en las urgencias de pueblo, el médico no actúa solo, lo hace en equipo con un profesional de enfermería que debe reaccionar igual de rápido, con la misma celeridad y que por ello, debe tener sus conocimientos perfectamente al día.
Esta obra es, por tanto, una magnífica herramienta de apoyo en urgencias. Como indica en su contraportada:

  • Presenta los diferentes aspectos que deben tenerse en cuenta al atender al paciente desde que llega al servicio de urgencias hasta que sale de él.
  • Hace especial hincapié en las exploraciones iniciales que han de practicarse, las medidas terapéuticas que hay que poner en marcha y las bases para decidir si el paciente puede ser dado de alta a su domicilio, debe permanecer en observación en urgencias, ha de ingresar en el hospital o debe ser trasladado a otro centro.
  • Propone unas recomendaciones que pueden ser utilizadas en cualquier servicio hospitalario de urgencias.

Por eso me he animado a daros a conocer este libro, que aunque hace hincapié, como se puede leer más arriba, en las urgencias únicamente de tipo hospitalario, creo que su utilidad se puede hacer extensiva a cualquier servicio de urgencias urbano o rural. De igual modo, la obra parece ir dirigida sólo a los médicos, pero todos los enfermeros que hemos trabajado en los servicios de urgencias de pueblos sabemos que un libro de consulta de este tipo nos viene bien a todos, máxime cuando parece que la idea de las ambulancias medicalizadas de un futuro no tan lejano es que vayan asistidas con un único profesional: un profesional de enfermería.

El formato del libro tiene un tamaño adecuado para poder llevarlo siempre encima y su índice está muy bien estructurado para una rápida consulta, con un capítulo final de «Técnicas y nociones generales útiles en urgencias» en el que, acompañado de dibujos, recuerda la forma de realizar ciertas prácticas de urgencia.

Bueno, os animo a echarle un vistacillo. Creo que puede resultar muy útil.

Traté el tema de Urgencias AQUÍ
Y, por ahora, nada más.

miércoles, 17 de agosto de 2011

PROYECTO DE INVESTIGACIÓN EN DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA


Desde el blog, METODOLOGÍA ENFERMERA, nos piden que demos difusión a un Proyecto de Investigación en Diagnósticos de Enfermería, algo que hago con todo el gusto. Se pide la colaboración a profesionales de enfermería.
Podéis visitar su blog, pero el texto íntegro y el enlace os lo hago llegar:

«Desde la Universidad de Cádiz, Jose Manuel Romero (uno de los compañeros que participa en este proyecto), nos pide colaboración para difundir esta encuesta en la que pueden participar todos los enfermeros que así lo deseen. No es necesario conocimientos sobre Diagnósticos, ni utilizarlos en el trabajo diario.

El estudio en cuestión trata de validar el cuestionarioPositions on Nursing Diagnosis” en su versión en castellano (cuestionario para medir la actitud de los enfermeros/as ante el diagnóstico de enfermería) por lo que necesitamos enfermeros/as de toda España que lo cumplimenten para tener la mayor representación de todas las comunidades autónomas.

Os animo a rellenarla, no os ocupará más de cuatro minutos. El link en el que podéis encontrarla es:

Podéis compartir en enlace con vuestros contactos enfermeros.»

Pues eso, os animo a participar... Investigar es una de las funciones de Enfermería que más ayudan a avanzar. Facilitemos la labor a los que emprenden ese camino.
Y, por ahora, nada más

sábado, 6 de agosto de 2011

Reflexiones: «El bien morir o muerte digna»


Fotografía (C) Lola Montalvo

EnlaceAyer volví a ver en la TV un reportaje de Informe Semanal en el que se hablaba de la muerte digna. El reportaje se llamaba «El bien morir» -disculpadme, he intentado encontrarlo aislado, pero no he podido; es el tercer reportaje de ese programa-. Al verlo se me han removido muchas cosas en el interior y quería compartirlas... como profesional, sí, pero también como persona.
Ya he tratado este tema con antelación en este blog: Palabras prohibidas y Muerte digna, porque es una cuestión que me importa. En mi carrera profesional, tanto como auxiliar de enfermería como en la de enfermera, he visto morir a muchas personas y a muchas las he visto morir muy mal... entiéndalo cada uno como desee; estoy segura de que pocos se equivocaran.
Hace unos años, además, se cuestionó la labor de varios médicos en el Hospital Severo Ochoa de Madrid, al realizar sedaciones paliativas a ciertos pacientes terminales... denuncia que no prosperó y que dejó en evidencia las ganas de hacer daño de los denunciantes. Es más, el Tribunal estableció que estos profesionales habían realizado bien su labor.
Tras la aprobación del anteproyecto de la Ley de Muerte Digna en mayo de este año, se levantó la polémica entre los que defienden que una ley así es necesaria -entre los que me cuento- y los que indican que esta ley ampara la eutanasia y desean que nunca llegue a ser aprobada definitivamente, algo que es posible, dado que los trámites aún están por realizarse, como las enmiendas y demás. Según los entendidos, los plazos están demasiado ajustados.
Me llamó poderosamente la atención que, en su día, cuando se aprobó el anteproyecto en mayo muchas voces se levantaron en contra; pero no fue una de ellas, la de Rouco Varela -Conferencia Episcopal-, cuyas declaraciones con respecto a esta ley me sorprendieron. Textual: «No es una ley de eutanasia». Aún así, las voces en contra tachando esta ley poco más o menos de homicida no dejaron de brotar por ciertos rincones de nuestra sociedad.
Y, aún , siguen coleando.
La Medicina es una ciencia que tradicionalmente buscó siempre la curación de las enfermedades y procesos que el hombre como ser vivo podía sufrir a lo largo de su vida. Al aumentar la esperanza de vida y al predominar en nuestro elenco de patologías los procesos crónicos, el concepto debió ser modificado. Ya no se podía curar todo. Esto llevó a tener que modificar también los objetivos. Primero, proporcionar tratamiento a patologías que no iban a curarse nunca y después a proporcionar cuidados médicos y de enfermería a procesos que acabarían con la muerte del paciente. Entró entonces el concepto de «Cuidados Paliativos» que según la OMS es:

"Los Cuidados Paliativos son un modo de abordar la enfermedad avanzada e incurable que pretende mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes que afrontan una enfermedad como de sus familias, mediante la prevención y el alivio del sufrimiento a través de un diagnóstico precoz, una evaluación adecuada y el oportuno tratamiento del dolor y de otros problemas tanto físicos como psicosociales y espirituales.

En este nuevo concepto de cuidados entran en juego muchos profesionales; en un concepto multidisciplinar, entendiendo a la persona y su proceso de una forma Integral: desde el ámbito biológico, psicológico y social. Es decir: no sólo trata la patología, sino todo lo que conlleva a su alrededor. No sólo trata al paciente, sino a su entorno familiar.
La sedaciones paliativas han sido consideradas casi como homicidios por grupos conservadores. Y me gustaría explicar en qué consiste. En los últimos momentos de una enfermedad terminal -la que es irreversible y que supone la muerte de una persona en un corto espacio de tiempo. Semanas o pocos meses-, se producen una serie de síntomas que conllevan una gran angustia para el paciente -disnea, dolor...-. En estos casos se opta por dormir al paciente con diversos fármacos cuyo objetivo es dejar a la persona sedada y tranquila hasta que por la propia evolución de su enfermedad, fallece.
Algunos ven en esto eutanasia. Yo veo buena práctica médica.
Por supuesto, todo este proceso debe estar en el plano de la elección personal, es decir, todas las personas deben y deberían tener el derecho a la libre elección de lo que desea que se haga cuando les toque llegar a este momento. Es lo que en algunas CCAA ya se está hacendo , como en Andalucía y que se conoce como Testamento Vital o Declaración de Voluntad Vital Anticipada. Entiendo que todo ello puede estar motivado por creencias personales o ideologías que forman parte del terreno de lo estrictamente personal. Lo sé y lo comprendo.
Pero ello -creencias personales o ideologías concretas- no justifica que se impida la aprobación de una Ley que es en todos los aspectos imprescindible. No creo que una minoría se pueda arrogar el derecho de decidir qué debemos hacer todos cuando nos llegue el momento. Esto incluye el deseo de algunos pacientes terminales a que no se prolongue su vida de forma innecesaria... llámalo suicidio asistido, me da igual. Las palabras demasiadas veces sólo son limitaciones fonéticas. Lo importante es lo que desea una persona que sufre, que ya no desea seguir sufriendo. Es una elección personal que se debe respetar SIEMPRE.
Y esta Ley ampara, por supuesto, la labor de los profesionales que trabajan con estos pacientes. La ampara porque, diga lo que diga un cierto sector de la sociedad, hacen una labor extremadamente humana y profesional.

Y, por ahora, nada más.

PARA SABER MÁS:
SECPAL (Sociedad Española de Cuidados Paliativos)
ALCP (Asociación Latinoamericana de Cuidados Paliativos)
DMD (Derecho a Morir Dignamente)
EASP (Escuela Andaluza de Salud Pública) En esta web
ved el vídeo del corto: La Dama y la Muerte, es sencillamente genial.


martes, 2 de agosto de 2011

Libro: «DEMENCIA»

Cada día se conoce más sobre las enfermedades que nos aquejan con más frecuencia. Y también, cada día más, las personas tienen más inquietud por saber, por entender los procesos patológicos que nos afectan en las diversas etapas de la vida.

Entender y conocer.

Este es el objetivo de este libro sobre la Demencia, de Millán Calenti, de la Serie: Cuidar y acompañar a la persona con... Editorial Médica Panamericana (2011)

El libro Demencia va dirigido a profanos en el tema, a personas que se dedican a cuidar de otros, a familiares de enfermos con cualquier proceso que derive en demencia, a pacientes en las etapas iniciales de su proceso que desean entender un poco más en qué consiste.

Considero esta obra una forma magnífica de tomar contacto con el conocimiento de la Demencia y de todos aquellos procesos que, de forma primaria o secundaria, pueden desencadenar esta situación. El texto está diseñado en preguntas y respuestas, con dibujos muy gráficos y contenidos muy sencillos, bien expuestos, que hacen posible comprender los procesos y situaciones de los que se da cuenta de una forma amena y muy clara. De esta forma se explican los primeros síntomas, el inicio, diagnóstico, tratamiento y cuidados en el hogar que precisan las personas que sufren cualquier proceso que desencadena Demencia, así como una somera explicación de las patologías más frecuentes que pueden dar lugar a esta situación. Asimismo, recoge una serie de recursos sociales como asociaciones, páginas de consulta disponibles en la red, películas... que facilitan el acceso a todos los recursos que sobre este proceso hay disponible hoy día en nuestra sociedad.

Creo que es una buena obra para una toma de contacto inicial y manejo de pacientes que sufren cualquier proceso que desencadene una Demencia

Ya hablé sobre este tema AQUÍ
Y, por ahora, nada más.