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jueves, 27 de enero de 2011

Memoria de mi enfermera XXV: "Sin control"

El alcohol ha destruido mi vida. Me lo ha quitado todo... me ha dejado vacío. Sin nada.
Puedo ser un hombre o una mujer. Un adolescente o un maduro profesional; un ama de casa o un universitario aventajado... el alcohol no hace distingos. Puede llegar a todos por igual, porque es de las drogas a las que más fácilmente se puede acceder en nuestros días.
Comencé casi sin darme cuenta: bebiendo con amigos los fines de semana, haciendo «botellonas» o bebiendo a escondidas en casa. No fui consciente de lo mucho que bebía hasta que no podía pasar un sólo día sin hacerlo, cuando el único pensamiento que asaltaba mi mente desde que me levantaba era buscar el momento adecuado -o la excusa- para tomar un chupito, una cerveza o tomarme un lingotazo... llámalo como prefieras. Todo es lo mismo. El caso es que tu cabeza no te deja parar hasta que por fin te lo tomas.
Aún así, aún tras ser incapaz de pasar un día sin beber o no pasar u sólo fin de semana sin emborracharme una o dos veces... aún así, me negaba a reconocer que tenía un problema. Eso le pasa a otros... a los borrachos, a los «tirados». No a mí. No a ti. Porque tú controlas.
Al principio, con la primera cerveza o el primer lingotazo, te mareabas y te relajabas. Ahora necesitas cuatro, cinco o seis para conseguir ese efecto tan agradable y placentero. Sabes que tienes mucho aguante... sin darte cuenta de que, precisamente, ese «aguante» viene dado por la tolerancia que has desarrollado a los efectos del alcohol. Esa tolerancia es la que te impulsa a beber más cada vez para conseguir lo mismo. Y más y más. Porque cada vez necesitas más y ya no puedes parar.
Así, si no te has matado en un accidente de tráfico por conducir borracho... o no te has llevado a otra persona por delante y la has atropellado al conducir borracho, un día quizá te des cuenta de que eres un alcohólico. Quizá tu cuerpo ya no aguanta y tu hígado un día te da el aviso de que algo está mal. Quizá en un análisis rutinario encuentran varios parámetros alarmantemente alterados y el médico toma cartas en el asunto; quizá te ingresan en un hospital para operarte de unos juanetes y tras dos, tres o cuatro días obligado a una abstinencia total, sin beber nada, debutas con un «delirium tremens» ocasionado por la privación brusca de la ingesta de alcohol... o quizá un día, te ves en la calle, sin trabajo, sin familia -que ya no aguanta tu borrachera de 24 horas-, sin casa -porque vendes todo para pagar las facturas que te asolan al no poder trabajar-, o quizá estás en la cárcel porque has aporreado sin piedad a tu mujer o a tus hijos, sin vida... porque lo que fue tu vida ha desaparecido, ya no te pertenece. Ya no eres libre.
Quizá llega el día en que reconoces tener un importante problema y le plantas cara... y te pones en tratamiento y lo dejas.
O quizá, no. Te sabes poseído por una fuerza mayor y eres incapaz e dejarlo, ni siquiera de planteártelo. Vencido.
Pero antes de que ese momento llegue... mucho antes, aún puedes decidir. Aún puedes controlar tu vida y darle al alcohol el lugar que realmente le pertenece o no darle ninguno, en absoluto.
El alcohol es una droga. No nos engañemos.
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Nos educamos en la cultura del alcohol como producto de consumo, como un vehículo de la relación social o, incluso, como un alimento. Nos educamos con alcohol. Se considera a veces algo divertido, un medio de romper el hielo. Se considera, sobre todo en las diversas variedades de vino, un producto exquisito, de calidad. Y lo es, por supuesto.
Pero, a veces, ciertas personas acuden al alcohol para resolver ciertas cuestiones que por esa vía jamás se resuelven o lo consumen sin darse cuenta de que es un compañero de viaje peligroso... que si no te preocupas en controlar puede llegar a dominarte.
Los borrachos en las fiestas resultan graciosos e hilarantes, pero pueden ser más bien algo grotesco y horripilante. El alcohol puede generar violencia a su alrededor. Se bebe para olvidar, para ligar, para quedar bien con los colegas, para apagar los dolores del alma, para conseguir ser dicharachero y valiente. Para tener vida social o simplemente porque es un placer y puede ser una delicia.
Se bebe por miles de motivos.
No quiero individualizar, no quiero que miremos un sólo escenario dentro del gran abanico de posibilidades... me gustaría que miráramos a todos por igual. Porque nadie está libre de este problema potencial... sólo los abstemios.
Y, por ahora, nada más

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miércoles, 19 de enero de 2011

Reflexiones: Células madre

Hoy me lanzo a escribir una entrada referente a las Células Madre, tema que, creo, puede interesar mucho a todos, profesionales de la salud o profanos en la materia. Me imagino que muchos de los profanos en el ámbito de las ciencias de la salud y de la medicina, en un momento u otro, han escuchado en los medios de comunicación o han leído en publicaciones especializadas en qué consiste esta nueva puerta que se ha abierto en la investigación actual y que proporciona un enorme abanico de posibilidades en lo que respecta a terapias de diversos tipos.
No voy a entrar en las cuestiones científicas, es decir, en explicar cómo se obtienen las células madre, cómo se procesan, qué patologías son susceptibles de ser tratadas por este medio, qué futuro tiene esta rama de la investigación actual... Creo que es demasiado farragoso de explicar y de plasmar en un espacio -éste- que pretende, ante todo, ser entretenido y comunicativo, a la par que práctico. Pero, para quien pueda sentir un picorcillo en su curiosidad, en este enlace encontrará mucha información de su interés, por lo menos como inicio en el tema.
En lo que sí voy a entrar es en los aspectos éticos, ésos que algunos cuestionan a la hora de ponerse a trabajar en este campo de la ciencia. Eso sí, no iré más allá de plasmar una mera opinión.
Hasta hace relativamente poco tiempo, sólo se utilizaban células madre procedentes de embriones. Muchos de ellos eran el resultado de fecundaciones in-vitro no utilizados o desechados que, pasado el tiempo legal de conservación, se debían destruir. Pues muchos científicos establecieron la cuestión por la cual, en lugar de destruirlos se podían aprovechar para obtener las células cuya diferenciación aún no está definida y que permite a priori obtener cualquier tipo de tejido humano para restablecerlo o sanarlo. Es decir, utilizar los embriones como fuente para obtener células madre.
Más tarde se crearon los bancos de cordones umbilicales, muchos privados, aunque también existen de tipo público, mediante los cuales almacenar tejido sanguíneo umbilical cuya posibilidad de generar células madres era similar al embrionario. Algunos buscaban esos «bancos» como una especie de seguro de enfermedad o vida en caso de que algún hijo sufriera una patología grave.
Estudios recientes han permitido obtener células madre con gran capacidad de diferenciación en tejidos habituales en adultos como la médula ósea o en el tejido adiposo. Ello supondría no tener que recurrir a embriones para obtener las células madre con las que trabajar.
¿Cual es el temor con respecto a estos temas? Como hace años se consiguió clonar un mamífero como una oveja, la famosa y ya fallecida Dolly, es aceptable que se tenga el temor de que se llegue a clonar una persona. Se dice que hoy día eso no es posible, pero supongo que muchos pueden tener sus dudas. Y es lógico.
Hasta ahora en lo que se está utilizando las células madre es en regenerar tejidos dañados de forma irremediable por patologías o accidentes: miocardio, en grandes infartos; tejido nervioso en daños medulares, alzheimer, isquemias cerebrales...; recuperación del páncreas endocrino y poder así curar la diabetes. Tumores, cáncer, patologías de la sangre... El campo es amplio y, por qué no decirlo, esperanzador.
Entiendo que muchos tengan sus reparos a la hora de utilizar embriones humanos para la obtención de estas células. Entiendo que se defienda todo tipo de vida y que se aborrezca la posibilidad de un abuso por parte de los científico con tal de conseguir sus objetivos en investigación. Pero son embriones que de todos modos deben ser destruidos y que el hecho de aprovechar sus estructuras celulares posibilitaría la obtención de una cura para muchas patologías que hoy día son mortales. Regenerar tejidos irremediablemente dañados, obtener injertos para trasplantes... Yo no veo ningún atentado a la ética en este sentido, dado que sería algo similar a lo que se hace hoy día obteniendo tejidos, injertos y órganos de las personas que han fallecido. Poner la ciencia al servicio de las personas, de su cuidado, de su salud.
Es indiscutible que aún estamos a las puertas de lo que la ciencia puede llegar a conseguir en esta materia y que un día se deberá plantear en nuestra sociedad la discusión sobre la idoneidad, la moralidad, lo aceptable de clonar personas... porque estoy absolutamente convencida de que un día se conseguirá. La cuestión entonces será establecer ¿cuál será el fin de esa «clonación»?
Espero que esta entrada os haga pensar...
Y, por ahora, nada más.

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jueves, 13 de enero de 2011

Memoria de mi enfermera XXIV: "¡A mí no!"

Llevo una semana malo. La garganta me duele horrores y casi no puedo tragar. Tengo mucha fiebre y me duele todo el cuerpo.
El médico me ha mirado la garganta con un palo de esos que se te pegan a la lengua y te la dejan rasposa y me ha examinado con un linterna. Dice que tengo una cosa que ha llamado "placas". No es por nada, pero sólo el nombre ya da asco... Se ha lanzado el buen hombre como una exhalación al ordenador y ha tecleado sin mirarme apenas, ni a mí ni a mi madre. Eso sí: no ha dejado de hablar ni un momento. Y me ha dado la sentencia.
Inyecciones... y nada más y nada menos que cinco.
Del susto me ha bajado la fiebre de golpe. Mi madre ha dicho que para qué íbamos a esperar más y, en un periquete se ha plantado en la farmacia para comprarlas. Según le tendía la receta a la farmacéutica, he rezado en silencio rogando al Niño Jesús para que, ojalá, se les hubieran agotado. Pero no he tenido tanta suerte. No.
En cinco minutos estábamos de vuelta en el centro de salud... y con tan mala suerte que, en ese momento, el enfermero estaba libre. Y es un tipo enorme, un gigante de hombros fornidos y patillas de villano.
¡No tengo escapatoria!
No, si mi sentencia no se suspende por nada de este mundo.
Mi madre me pone una mano en el hombro, procurando infundirme unos ánimos que jamás me darán el valor suficiente para afrontar el dolor que sé que no tardará en hacerse realidad. Me baja un poquito el pantalón y me tumba en sus rodillas boca abajo, según le indica el enfermero, al que veo ya armado con una jeringa de proporciones descomunales y una aguja que me provoca un escalofrío instantáneo. ¡Estoy aterrado y mis lágrimas ya corren sin control por mi rostro!
Decido, en un último y alocado impulso, debatirme con todas mis fuerzas, por lo que comienzo a agitar las piernas, pero el enfermero, avezado y curtido en mil batallas, sujeta con las suyas mis enclenques piernas que quedan aprisionadas por sus músculos de acero. Grito y me desgañito con tanta fuerza que las palabras de consuelo que me lanza mi madre con voz trémula y apurada -yo creo que culpables- quedan enmudecidas casi como si nunca se hubieran pronunciado. El enfermero no duda, ni su mano tiembla. Al instante noto la aguja clavarse en mi cuerpo, en mi culete y un dolor intenso hace que mi cuerpo se ponga tenso como una cuerda de violín...
He sido vencido.
El enfermero saca la aguja y me pone un algodón. Mi madre me coloca la ropa, me coge en brazos y me acuna en su regazo... me siento traicionado por haberme entregado a las garras de ese enfermero, pero sus cálidos besos consuelan un poquito mi dolor y mi derrota.
Esta ha sido la primera de cinco...
Me pongo en pie y camino un poquito, cojeando. Mi madre se detiene, me murmura unas palabras de consuelo teñidas de una más que evidente culpabilidad y me coge en brazos.
Ojalá uno tuviera cinco años toda la vida. El consuelo es fácil cuando mamá te abraza y te mima de esa forma...

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Bueno, algo distendido después de tanto tema serio. Basado en hechos reales...
Y, por ahora, nada más.
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lunes, 10 de enero de 2011

MI VIDA SIN TI: hoy es el día


A lo largo del año 2011 se va a producir en España un evento que desde la perspectiva de la salud de la población es mucho más importante que los trasplantes, que la gripe y que otros eventos sanitarios muy publicitados y promocionados: millones de personas van a tener que dejar de fumar en espacios públicos.

Este hecho puede ser un elemento determinante, una oportunidad para que una gran parte de la población fumadora valore la posibilidad de abandonar su hábito tabáquico. Dejar de fumar es una de las intervenciones de más impacto en la salud de una persona. Supera con mucho otras intervenciones del sistema sanitario.

Mi Vida sin Ti es un proyecto colaborativo informal de un grupo de personas que trabajan en temas relacionados con la salud, y exploran con interés las posibilidades de internet. La iniciativa no está
vinculada con ninguna asociación, institución o sociedad científica o profesional. Pretende ser un espacio que ofrezca ayuda clara, global, transparente, no vinculada a intereses comerciales, para informar, apoyar y facilitar la decisión de dejar (o no) de fumar.

Queremos reorientar muchos mensajes dirigidos al consabido “acuda a su médico de cabecera para que le ayude a dejar de fumar”, institucionalizando o “farmacologizando” una decisión que en un alto porcentaje de los casos está relacionada con una decisión y motivación personal más que con una consulta médica. La decisión de dejar de fumar es individual y autónoma. El protagonista es la persona. Los profesionales sanitarios somos actores secundarios. Aunque estaremos encantados de intervenir si se nos requiere.

Este es el origen del nacimiento de esta iniciativa Mi vida sin Ti: puedes vivir sin tabaco y el tabaco puede vivir sin ti.

Toda la información en:
Web: http://mividasinti.es
Facebook: http://www.facebook.com/mividasinti11
Twitter: @mividasinti11

viernes, 7 de enero de 2011

Proyecto: "MI VIDA SIN TI"


Mi Vida Sin Ti es un proyecto colaborativo para mejorar la salud del ciudadano y colaborar con los profesionales sanitarios en el abordaje del tabaquismo. En esta web podrán ayudar a dejar de fumar a todos los que lo deseen.
Creo que viene perfectamente al hilo de mi entrada anterior.
Este proyecto viene al amparo de lo que se conoce como Proyecto Fresneda, cuyo objetivo es trabajar con usuarios y profesionales para facilitar la adquisición de hábitos saludables en la población en general, así como ayudar a modificar hábitos nocivos.
Me parece una buena medida y muy oportuna, si se me permite decirlo.
El pistoletazo de salida: el lunes 10 de enero de este año recién estrenado... o sea, ya. Visitad la web
Y, por ahora, nada más.


martes, 4 de enero de 2011

Reflexiones: No se puede fumar ¿dónde?


Desde el día dos de este recién estrenado año en España no se puede fumar en los espacios públicos cerrados. No está permitido hacerlo ni en bares ni restaurantes ni en aeropuertos, estaciones, hospitales...
Muchos apoyan esta ley... En mi entorno, la mayoría.
Otros muchos consideran que esta ley es una «caza de brujas» que persigue al fumador y pasa a convertirlo en poco menos que un apestado, una especie de proscrito al que hay que perseguir y aniquilar.
Yo, aparte de otras cosas, soy ex-fumadora. Lo dejé hace ya 18 años y me costó lo mío, creanme. Dejar de fumar no es nada fácil, sobre todo cuando uno no está realmente convencido de que quiere dejarlo. Si no tiene esta convicción es mejor que ni siquiera se lo plantee, porque está abocado al fracaso. Sé lo que sufren los que fuman y no pueden dejarlo. Sé el placer que supone tomarse un cafecito y acompañarlo de un cigarrito y disfrutar de unos minutos para uno mismo.
Lo sé.
Pero creo que esta ley, aunque muchos afirmen lo contrario, no va contra los fumadores. Defiende a los no fumadores.
Creo que uno es muy libre de fumar si lo desea, por supuesto, pero en su casa o en la calle. Nadie prohibe o veta fumar. Se veta y se impide que lo haga en espacios que son compartidos por otras personas que no fuman.
No creo que la Sanidad española, que las leyes en general, deban ser paternalistas ni deban hacer por nosotros lo que nosotros no deseamos hacer. Eso quedó atrás... y es estúpido.
Los fumadores... que muchos de ellos presumen de ser respetuosos con los que no comparten su hábito y en realidad no lo son tanto, deben entender que esta ley es necesaria. A mí también me parece ridícula... como me lo parece obligar a que uno se tenga que poner el cinturón de seguridad en el coche o a impedir que los conductores bebidos cojan el coche o a prohibir que uno deje sólo en casa a un niño pequeño. Y otras muchas cosas más. Cuando las actitudes respetuosas no brotan de forma espontánea, de alguna forma se debe proteger a los que no comparten ese hábito o pueden resultar afectados de forma directa por sus efectos. Porque no vivimos solos ni aislados ni en una burbuja. Por suerte o por desgracia, nuestros actos en demasiadas ocasiones afectan a los que están cerca de nosotros.
Creo que uno es muy libre de fumar si lo desea. Si no le preocupa su salud o no se lo plantea, me parece correcto. Uno es libre de tomar sus propias decisiones y eso no se debería de cuestionar jamás. Pero cuando alguien fuma en un sitio cerrado no le afecta sólo a él. Le afecta a mucha gente más.
Estoy acostumbrada como profesional a ver personas afectadas directamente por el humo de tabaco sin ser fumadores: niños y ancianos, sobre todo. Pero también camareros, dependientes... en fin.
A mí tampoco me gusta esta ley, creo que tendría que haber sido innecesaria... pero la apoyo.
Y, por ahora, nada más.