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martes, 12 de abril de 2011

Memoria de mi enfermera XXIX: "Tengo Cáncer"

Me han diagnosticado un cáncer.
Llevaba un tiempo encontrándome cansada, pero sin un síntoma concreto que me hiciera sospechar nada. Y en una revisión rutinaria me lo han diagnosticado.
El médico me ha hablado con franqueza; así se lo he pedido yo. No entiendo que algunos médicos o familiares sean capaces de esconder un mal diagnóstico a un paciente, a no ser que esa persona haya expresado de forma tajante su necesidad de no saber. Pero yo deseo saber. Necesito saber a lo que me enfrento para poder mirar cara a cara mis expectativas y mis esperanzas. Para poder afrontar lo que me queda. Para luchar con todas mis fuerzas.
¿Y a qué me enfrento ahora?
Mañana me intervendrán quirúrgicamente para extirparlo. Parte de mi cuerpo se irá con ese tumor canceroso y con él lo más patente de mi mal. Después radioterapia y, según lo que me ha asegurado mi oncólogo, habrá que ponerme varios ciclos de quimioterapia.
Me enfrento a una enorme montaña que complicará mi vida y la de los míos. Tengo miedo al dolor, al sufrimiento, al fracaso del tratamiento, a la caída del cabello, a los efectos secundarios de todo el tratamiento, a que todo vaya mal o a que el cáncer me gane esta guerra.
Sí, tengo miedo. Un miedo atroz. Y rabia, siento una rabia que me quema, que me lleva a preguntarme ¿por qué a mí? ¿Qué he hecho para que me pase algo así... a mí?
Pero no estoy sola y sé que podré luchar, puede que flaquee en algún momento, que llore o que mi alma clave la rodilla en el suelo dispuesta a dejarme vencer... pero sólo será un segundo, un efímero instante, porque pienso luchar hasta que todo acabe.
Observo a la gente desde mi ventana, sentada en la cama del hospital; acaban de cogerme una vía y me han puesto un suero. Miro a la gente caminar por la calle y los veo pasear bajo la lluvia en este frío día. Algunos protestarán porque el mal tiempo les ha jodido el puente, sin darse cuenta de que eso no importa, protestarán sin disfrutar del frío y la lluvia en el rostro...esas sensaciones que les hace sentirse vivos. Sin darse cuenta de que la vida te puede regalar cosas mucho más feas que una lluvia inesperada. Nada tiene importancia ahora, ni las prisas ni el estrés ni el trabajo ni los estudios de los niños... nada. Todo se ha detenido a mi alrededor. La vida me ha obligado a detenerme.
Cierro los ojos y tomo aire despacio.
Sé a lo que me enfrento. Sé que puedo luchar, las expectativas son optimistas, pero me queda un duro y difícil camino... Las lágrimas me escuecen tras los párpados. Tengo miedo y siento rabia.
«¿Por qué yo? ¿Por qué a mí?»

-----ooooo00000ooooo-----

Esta vez sí que no voy a añadir nada.
Mi única intención es hacer patente la lucha que, a diario, llevan cientos de personas, miles de personas en el mundo. Hoy el cáncer no es siempre una enfermedad mortal, pero hay que luchar muchísimo para vencer, para ganar una cruenta guerra.
Os remito a un blog, uno de cientos, de miles, que hay por este mundo 2.0, en el que una mujer valiente cuenta en primera persona su vivencia personal con el cáncer. AQUÍ
Mi homenaje a esta mujer, M. Carmen y a todas las personas que como ella sufren algo similar.
Y, por ahora, nada más.

Safe Creative #1104128960525

7 comentarios:

Susana Terrados dijo...

Gracias Lola, por ser el enlace sincero de tanta gente que sufre hoy día. Nos ayudas a encontrarnos y entender muchas cosas.
Un beso.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Siempre he temido tener que pronunciar esas palabras. Tengo un miedo tremendo a esa enfermedad que he vivido tan de cerca viendo sufrir a los míos.
De lo que no tengo duda es que si Dios la pone en mi camino, lucharé con todas mis fuerzas contra ella, pero, creeme, me gustaría que pasara de mí ese caliz.
Un beso Lola, aunque no siempre comento te sigo visitando frecuentemente.

Lola Montalvo dijo...

SUSANA: Gracias a ti, Susana. Un abrazo y besos miles

MIARMA: No le tengas miedo a las palabras. Son sólo eso, sonidos. Sé que esta enfermedad te ha tocado muy cerca de forma repetida y de forma muy cruel y por eso sé que lo que dices está lleno de conocimiento. Pero ten por seguro que no todas las veces son iguales, que no todos los tiempos corren igual.
Gracias por seguir ahí, por leer y por comentar algo tan difícil para ti. Un fuerte abrazo y besos miles

Anónimo dijo...

Ser enfermera me permitió darle la atención del buen morir a mi colega, mi madre, mi amiga. Se del dolor del diagnóstico, del dolor del tratamiento, del dolor del familiar y del dolor del cuidador. Ahora estoy luchando por recuperarme de ello. Mi mente se quebró y estoy en tratamiento, resolviendo la incapacidad de ser protagonista como enfermera cuidando de mi propio dolor, conociendo desde adentro el arte de curar. Un fuerte abrazo Lola, desde Mendoza, Argentina. Lic. en enfermería Marcela Torres

Lola Montalvo dijo...

MARCELA: cierto que el ser enfermera permite cuidar de forma más personal a nuestros seres queridos, pero ello ocasiona un dolor terrible que supongo alguno puede imaginar... porque nuestras herramientas nos resultan ineficaces, nuestro conocimiento, limitado. Y eso produce una enorme impotencia. Pero siempre queda el haber hecho todo lo posible, desde el cariño y la cercanía.
Mucho ánimo, Marcela, con todo mi cariño. Gracias por leer y por compartir tu dolorosa experiencia. Besos miles

CreatiBea dijo...

El cáncer se llevó a mi padre, y aún me cuesta hablar (o escribir) de ello sin derramar alguna lágrima.
Fue dura la noticia, la enfermedad y el final.

Mi enhorabuena a los valientes que luchan y que cuentan, y los que apoyan y ayudan.
Transmitir positividad es muy importante.

Un abrazo querida.

Lola Montalvo dijo...

BEA: Un fuerte abrazo a ti, Bea. Muchas gracias.

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