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lunes, 28 de febrero de 2011

"DÍA DE LAS ENFERMEDADES RARAS"


Hoy es el Día de las Enfermedades Raras. Hoy es el día en el que miles de personas, afectados y familiares de enfermos afectados por enfermedades extrañas y poco conocidas, buscan dar un poco de voz a su problema.
Ya traté hace relativamente poco este tema y hoy lo vuelvo a traer a la actualidad, porque creo que nosotros, como profesionales, tenemos un papel destacado para contribuir a dar voz a quienes sufren una enfermedad poco conocida. Y nosotros, como ciudadanos, poseemos la potestad de solicitar algo que considero que es justo: que en la salud y en la enfermedad todos los ciudadanos tengamos las mismas oportunidades, los mismos derechos.
Éstas suelen ser enfermedades no sólo crónicas y sin cura conocida ni apenas tratamiento, sino degenerativas, en las que la situación en el día de hoy de los que las padecen lo más probable es que vayan a peor, con más sufrimiento para el paciente y sus familias.
Creo que todos tenemos algo que hacer en todo esto. Algo, como dar voz a los afectados, para que los laboratorios y los científicos y los gobiernos dediquen fondos a investigar estos procesos, para que puedan tener un tratamiento que mejore su situación.
Creo que todos podemos hacer algo.
Y, por ahora, nada más.

domingo, 20 de febrero de 2011

LA VISIBILIDAD DE LOS CUIDADOS DE ENFERMERÍA

En esta entrada quiero colaborar en la web de Enfermería CUIDANDO.ES , dado que hoy es su cumpleaños. Les felicito por su magnífica labor y, por ello, participo con un tema común planteado por ellos. Enmudezco para darle voz a un colega que, seguro, se expresa mejor que yo...

LA VISIBILIDAD DE LOS CUIDADOS DE ENFERMERÍA

Me llamo Marcos y llevo seis años trabajando como enfermero en un centro de salud de pueblo... de cualquier provincia, creo que da igual cuál sea. Desde que decidí estudiar esta carrera he comprobado la poca relevancia que nuestra profesión tiene en el ámbito social; la poca repercusión que nuestra labor tiene para aquellos, la mayoría, que no utilizan con frecuencia los servicios de salud. Y, entre los que sí hacen uso frecuente de ellos, tampoco es que tengan excesivamente claro cuál es nuestra labor. Algo que va más allá de poner inyectables o hacer curas de heridas. Nuestra labor como enfermeros es cuidar, proporcionar cuidados en todos los procesos de enfermedad, pero también los individuos sanos, para sigan estándolo.
Desde que empecé mi carrera y me puse una bata en el hospital, siempre me confundieron con un médico y, si llevaba pijama, con un celador. Está claro que aún hoy día, en pleno siglo XXI, se sigue desconociendo la realidad de que la Enfermería no es un trabajo exclusivo de mujeres. Ni qué decir de la especialidad de matrona... en femenino, labor que se considera exclusiva de mujeres y, sin embargo, cada vez hay más hombres que se decantan por esta labor.
No sólo se desconoce nuestra profesión, sino cómo se llama en realidad. Es cada vez menos frecuente, cierto, pero se nos sigue llamando ATS en lugar de enfermeros o enfermeras. Ahora nuestra formación es un grado, una carrera larga... seremos por tanto licenciados, como lo son los médicos. Eso es algo que la gente tampoco sabe. Añado que nuestro superior jerárquico no son los médicos, son los supervisores y adjuntos de Enfermería. Algo igualmente desconocido. Digo esto porque, en general, se piensa que la Enfermería para hacer su trabajo debe obedecer las órdenes del médico, cuando esto no es así. Nosotros tenemos nuestros propios criterios y nuestra propia capacidad de tomar decisiones en el día a día en el ámbito de los cuidados de Enfermería...
Sí, sí, sé que muchos más se preguntan ahora que qué es eso. Lo sé.
Esto es lo que me lleva al meollo de mi exposición. Nadie sabe qué son Cuidados de Enfermería. Son un ente desconocido y, en absoluto promocionado en nuestra sociedad. Nos guste o no, en nuestro medio los únicos actos que se conocen son los de los médicos.
Cuidados de Enfermería son todas y cada una de las visitas a domicilio que hago a diario, unas 6 programadas -y las que surjan-, a pacientes con necesidades concretas y que, por regla general no pueden desplazarse al centro de salud. En esas visitas les enseño a ellos y a sus cuidadores qué dieta deben llevar en base a su patología crónica, cómo realizar los cambios posturales a los encamados para que sean adecuados, para paciente y cuidador, cómo prevenir úlceras por presión, cómo hacer ejercicios activos o pasivos, cómo llevar una dieta variada, cómo facilitar el transito intestinal... También procuro detectar de forma precoz ciertas carencias sociales en la población que atiendo y los problemas de salud asociados a ellas; para ello trabajo con otros profesionales, como el trabajador social, para suplirlas siempre que se pueda y no lleguen a aparecer los problemas. Me ocupo junto con el médico de familia de los pacientes terminales y trabajamos, mediante visitas diarias, para que tanto el paciente como su familia tenga cubiertas sus necesidades y resueltas sus angustias y sus dudas, no sólo hasta que el paciente fallece, sino posibilitando con los medios a nuestro alcance que su duelo sea el esperado. Mi labor y la de todos mis compañeros de profesión supone, en definitiva, un complejo programa de cuidados básicos elaborados de forma individual en base a cada persona y sus necesidades, su entorno, su situación familiar y social, sus patologías agudas o crónicas asociadas.
Cuidados de Enfermería son las visitas en consulta que realizo a diario a los pacientes crónicos de mi cupo. Recibo a diario unos 10 pacientes programados. En esas visitas les enseño las elementos imprescindibles que les va a posibilitar conocer su proceso crónico, el pronóstico y evolución esperado y les enseño, de forma individual o en grupos homogéneos, a utilizar las herramientas que les permitirá controlar su propia enfermedad, a atajar los imprevistos, a tratar las situaciones adversas; todo ello facilita que sigan los tratamientos y les reduce la angustia ante las circunstancias que se les presente. Mejora, a todas luces, su calidad de vida.
Cuidados de Enfermería son los cuidados que proporcionamos mis compañeros y yo a los recién operados en la sala de curas o en domicilio, a las madres en las consultas de niño sano que nos corresponden y la administración de vacunas a los pequeños.
Sí, muchas cosas, cierto. Y más que ahora resultaría farragoso y aburrido relatar.
Y estoy completamente seguro de que todo esto es desconocido para la mayoría de los ciudadanos. Nuestros cuidados no son visibles en la mayoría de los casos... Y tan desconocidos como nuestra labor cotidiana es nuestra formación, nuestras especialidades, nuestra capacidad de prescribir, nuestros diagnósticos de enfermería y el respaldo científico en los todos los planes de cuidados que a diario planteamos a nuestros usuarios y pacientes.
Por supuesto, aquí no voy a entrar a buscar responsables de este desconocimiento. El caso es que los cuidados que proporcionamos como profesionales de Enfermería son necesarios, imprescindibles y posibilitan que la calidad de vida de muchos pacientes sea hoy día satisfactoria. El sistema de salud no sería capaz de sostenerse sin nuestra labor, basada siempre en investigaciones y evidencias científicas.
Supongo que todo es debido a que la Enfermería no cura, cuida. Y a los medios comunicación siempre les llaman más la atención los grandes avances diagnósticos y terapéuticos que los cuidados cotidianos. Las claves, por ahora, no las tiene nadie, aunque algunos autores ya han marcado las pautas para que la visibilidad de los cuidados de enfermería sea patente. Pueden leer una de estas publicaciones aquí.
De todos modos, sean más visibles o menos, los cuidados que proporciono a diario, sé que hacen la vida de muchos pacientes más aceptable, más llevadera, más tranquila. Mejor.
Y eso es lo único que, por ahora, me importa.

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Espero que el relato que Marcos ha hecho de su profesión, que es la mía, les haya aclarado alguna duda y les haya hecho entender que, aunque los cuidados de enfermería no son visibles ni llenan titulares de revistas especializadas o de publicaciones científicas, aunque son desconocidos para la mayoría de la gente, son los que posibilitan que muchos enfermos lleven una vida mejor. Ese es nuestro objetivo.
Y supongo, que, de todas las ramas de la salud y de la enfermedad en los que la enfermería puede desarrollar su labor, el trabajo que se lleva a cabo en los centros de salud es de los más desconocidos. Los usuarios, la mayoría, ve a los enfermeros ir y venir de un lado para otro y no tienen ni idea de la enorme labor que realizan fuera de los centros, en colegios y domicilios. Ésa ha sido la razón de que me decantara por ésta y no otras en mi entrada.
Felicidades por vuestro aniversario, «Cuidando. es». Espero y deseo que cumpláis muchos más. Gracias por permitirme formar parte de vuestra publicación por un día. Ha sido un enorme placer.
Y, por ahora, nada más.

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domingo, 13 de febrero de 2011

Reflexiones: Hemodiálisis Domiciliaria (HDD)

Cuando un enfermo es diagnosticado de cualquier patología que produzca Insuficiencia Renal Crónica, que vamos a abreviar como IRC, lo que sufre es un proceso crónico en el que los riñones, los dos, dejan de funcionar por completo. En el cuerpo se acumulan, por tanto, todas las sustancias de desecho que en condiciones normales los riñones eliminan y que al estar enfermos ya no lo hace. Estas sustancias son muy variadas, pero entre ellas encontramos creatinina, urea, ácido úrico, urobilinógeno, sodio, potasio y agua, fundamentalmente. Si estas sustancias se acumularan de forma prologada el cuerpo llegaría a intoxicarse y moriría. Hoy día existe un grupo de terapias sustitutivas de la función renal que se conoce como DIÁLISIS, que posibilita que, de forma artificial, se eliminen estas sustancias y el agua sobrante en el que van disueltas. Existen dos tipos fundamentales de diálisis:
1. La diálisis peritoneal, que se realiza mediante la inserción de un catéter —tubo— en el abdomen, alojado en la cavidad peritoneal. Mediante un complejo sistema de introducción de un líquido especial y un sistema de evacuación, se eliminan estas sustancias antes mencionadas. No es el tema de esta entrada y se realizará en su momento un artículo dirigido a explicarlo.
2. La Hemodiálisis: «hemo» significa, «sangre», por lo tanto es la diálisis o limpieza del cuerpo, realizada directamente en la sangre. Los enfermos que deben someterse a Hemodiálisis (HD) tienen que llevar un catéter directamente pinchado en un vaso sanguíneo grueso, sobre todo en el cuello, o bien tienen que sufrir una intervención quirúrgica dirigida a juntar una arteria a una vena; es lo que se conoce como «fístula». Lo que se consigue con esto es que la sangre arterial entre con gran presión y volumen en la vena, así el flujo de sangre en ese vaso sanguíneo será enorme y permitirá la extracción de grandes volúmenes de sangre —unos 300 ml/min—,  que pasa a la máquina, y la introducción de un volumen similar de sangre ya limpia en poco tiempo.

Fístula arteriovenosa (FAV) en antebrazo
Esta fístula es una mezcla de una fístula antigua que se dañó por un golpe y una fístula nueva —nueva sutura-puntos—. Por indicación del cirujano, se pudo seguir utilizando la fístula antigua, realizando las punciones (acceso arterial y acceso venoso) por encima de la zona de puntos, en la parte más proximal de la FAV. Una vez retirados los puntos se pudo realizar punciones en todo el recorrido de la misma.
imagen de un brazo con una fístula arteriovenosa para hemodialisis
Foto, Lola Montalvo
A los enfermos recién diagnosticados se les suele ofertar como terapias sustitutivas o la diálisis peritoneal o la hemodiálisis, esta última siempre en un centro privado concertado con la Seguridad Social. En estos centros, por regla general, al enfermo se le asigna un turno, mañana, tarde o noche, que no es fácil cambiar, aunque el personal que atiende procura respetar el horario laboral en caso de que el enfermo aún trabaje.
      Aparte del turno, se le asigna una frecuencia que suele ser de tres días en semana, más o menos cada 48 horas, con una duración de unas 4 horas de media por sesión de hemodiálisis. Además a estas circunstancias hay que sumarle que algunos enfermos viven a kilómetros de su centro de hemodiálisis más cercano y deben trasladarse en ambulancia que transporta a varios enfermos en la misma ruta. Entre la ida, el tiempo de diálisis y la vuelta, estas personas pueden gastar 6 ó más horas del día.
      ¿Qué pasa con este sistema? Que es muy rígido, es la persona la que se adapta a la organización de los centros de hemodiálisis, aunque en general escuchan a cada enfermo; en este sistema tan rígido es el paciente el que debe regular su vida personal y laboral a la disposición que le marca el centro de diálisis y no al revés. No se tiene capacidad de disfrutar de forma improvisada de su ocio o de su vida personal y laboral. Además, el enfermo debe llevar una estricta y draconiana dieta dirigida a minimizar la ingesta de alimentos ricos en iones —sodio y potasio, calcio y fósforo— que, en algunos casos, roza la malnutrición, sobre todo en pacientes jóvenes con vida activa y que realizan deporte.
Existe una posibilidad para salvar todos estos obstáculos. Hacer la hemodiálisis en casa. Todo el material, la máquina, el equipo de agua, la descalcificadora, el sillón y los consumibles, los proporciona una empresa farmacéutica y los gastos los pasa la Seguridad social, es decir, no tenemos que abonar ni un euro más, porque además, con este sistema la Seguridad Social se ahorra dinero. Para poder beneficiarse de este sistema de hemodiálisis domiciliara (HDD) debemos reunir una serie de requisitos, entre otros y principal que una persona —generalmente un familiar— se responsabilice de pinchar al paciente —aunque muchos enfermos se pinchan ellos solos—, de vigilarlo y de actuar en todo lo que éste precise durante el tiempo de diálisis.
maquina de hemodiliasis funcionando y enfermo

depuradora de máquina de hemodiálsis y descalcificadora
Paciente, máquina y equipo de agua
Fotos, Lola Montalvo
Como es lógico pensar, no todos los enfermos renales cumplen los requisitos, por supuesto. Los pacientes más adecuados para realizar hemodiálisis domiciliaria, son[1] los enfermos que tienen:
  • Una situación biológica adecuada.
  • Una cierta capacidad de aprendizaje.
  • Motivación para realizar la técnica en su domicilio.
  • Buen acceso vascular.
  • Una persona de ayuda
  • Un espacio y condiciones higiénico-sanitarias adecuados
Existen una serie de contraindicaciones absolutas, es decir, que cuando se presenten ese enfermo no podrá optar por la hemodiálisis domiciliaria, y son[2]:

  •    Paciente sin domicilio o sin disponibilidad de luz/agua
  • Paciente con condiciones higiénicas incorrectas (personales, domiciliarias)
  • Enfermedades mentales graves (psicosis/demencia) que condicionen imposibilidad para la técnica
  • Paciente con convulsiones frecuentes o no controladas
  • Paciente pendiente de donación de vivo[3]

Es de entender, por tanto, que se pretende que las personas que reciban este tipo de hemodiálisis, tengan un cuidador y un espacio en su domicilio adecuados y sean capaces ambos de responsabilizarse de este tratamiento y los cuidados exquisitos que requiere antes durante y después de cada sesión de HD.

Las ventajas de seguir este tipo de terapia sustitutiva son muy destacadas, como mejor control de todos los parámetros del enfermo renal (anemia, uremia, creatinina, iones…), mejor control de patologías óseas asociadas, mejor control de complicaciones, mejor nivel de alimentación nutrición… Se pueden hacer más sesiones a la semana y de menor duración, se puede adaptar la HD a las necesidades de trabajo/ocio de cada enfermo renal. Mejora la calidad de vida.
Cuando alguien se decide a realizar este tipo de terapia en domicilio, el servicio de nefrología que atiende al enfermo se ocupa de todo. Se debe realizar una instalación previa del aparataje (se puede requerir realizar obras de fontanería/eléctrica: poner punto de agua, de desagüe y puntos de luz con diferencial; de esto se ocupa el enfermo)  y diversos análisis de agua que establezcan las condiciones idóneas del agua que se utilizará para el proceso. De todo eso se ocupa el hospital o el servicio de nefrología; hasta que esta fase no está completada de forma satisfactoria no se da el visto bueno para el inicio de las sesiones.

El tiempo de aprendizaje del enfermo y de su cuidador; evidentemente, tanto enfermo como cuidador deben aprender a manejar el aparataje, a montar la máquina, desmontarla, limpiar, hacer el mantenimiento del sistema y pinchar, todo ello se hace en el hospital y corre a cargo de los enfermeros del servicio de nefrología (prediálisis o ERCA). El periodo de aprendizaje varía en base a la formación previa de ambos, enfermo y cuidador. Para personas sin formación previa y sin conocimientos sanitarios y/o clínicos varía entre dos y seis meses.
La primera sesión que se realiza en domicilio, es asistida por el médico nefrólogo y por los enfermeros responsables de la formación de enfermo y su cuidador. La asistencia post-formación es fundamental y médicos y enfermeros responden a dudas telefónicas y de asesoramiento en consulta. Por lo general, esta asistencia no se lleva a cabo los fines de semana, por lo que todo lo que se requiera en días festivos se debe solicitar al servicio de nefrología de guardia o hemodiálisis del hospital de referencia, generalmente en planta.

¿Ventajas de la HDD? Muchísimas:
  • Disminución del costo económico
  • Realización de la HD en el propio entorno del enfermo
  • Aumentar la capacidad de los centros de diálisis
  • Mayor calidad de vida y rehabilitación al enfermo (autonomía respecto a los horarios, desplazamientos, trabajo, etc.)
  • Se elimina el tiempo de transporte
  • Responsabiliza al enfermo de su enfermedad y de su tratamiento
  • Evita contagios e infecciones hospitalarias (menos riesgo de hepatitis, virus C, VIH, etc.)
  • Disminuye la morbilidad y aumenta la rehabilitación y supervivencia del enfermo.
  • Yo añado: posibilidad de realizar 5 diálisis a la semana, con menor tiempo en cada sesión, de 2 a 2,5 horas, con lo mejora considerablemente la alimentación/nutrición del paciente. Al dializarse casi a diario no debe llevar una dieta tan estricta y su nutrición mejora.
      Pero, para qué negarlo, también tiene inconvenientes: la ansiedad que puede originar en el propio enfermo y en su entorno familiar es enorme, ya que en ocasiones altera severamente el equilibrio personal, familiar y social. Y no podemos negar que pueden existir ciertas complicaciones que a priori no se puedan prever.
      En general, con la HDD la situación del enfermo mejora, porque le permite responsabilizarse de su cuidado, de su tiempo, de su tratamiento. Puede modificar los días y los turnos —no así las horas de HD totales semanales que oscilan entre 12 y 12,5 horas—; puede jugar con los días en caso de escapadas de fines de semana o de poder organizar su ocio. Su dieta mejora, la relación familiar también al estar más tiempo con su familia y se ahorra grandes desplazamientos. En definitiva, a todas luces con la HDD se hace asequible un tratamiento duro que en muchas ocasiones supone una situación de por vida.
      Hoy día se están desarrollando equipos mucho más modernos[4] para llevar a cabo la HDD y los servicios de nefrología están ofertando de forma más activa este servicio a los enfermos renales y sus familias

Espero con esta entrada haber podido acercar un poco más la posibilidad de realizar una Hemodiálisis Domiciliaria tanto a personas que no conocían la patología renal IRC como a los pacientes que la sufren y que consideran que su única posibilidad es la de centros concertados o la diálisis peritoneal. Me encantaría que a los que no conocen la HDD se la puedan plantear como una posibilidad para mejorar el control de su enfermedad y su insuficiencia renal crónica. Pregunten a su médico/enfermero de nefrología, pregunten y no se queden con ninguna duda.
      Las fotos son malillas, lo sé, las he hecho yo, pero creo que son un documento gráfico útil. El equipo es el que usamos en mi casa durante algo más de 5 años; sirva como ejemplo; hoy día todo el aparataje y la instalación han mejorado muchísimo en los años que nosotros ya no llevamos a cabo la HDD.

editado abril 2017



[1] E. Renau Ortells, et als.
Hemodiálisis domiciliaria diaria en dos pacientes
Rev Soc Esp Enferm Nefrol 2009; 12 (3): 251/254
[2] Pérez-Alba, Alejandro, Barril-Cuadrado, Guillermina, Castellano-Cerviño, Inés, Martín-Reyes, Guillermo, Pérez-Melón, Cristina, Slon-Roblero, Fernanda, & Bajo-Rubio, M. Auxiliadora. (2015). Hemodiálisis domiciliaria en España. Nefrología (Madrid), 35(1), 1-5. https://dx.doi.org/10.3265/Nefrologia.pre2014.Oct.12751
[3] Donación de vivo familiar, que supone una posibilidad de trasplante a muy corto plazo; no merece la pena poner en marcha los complejos mecanismos de HDD, que implican un gran desembolso. Cuando el enfermo está en lista de trasplante para vivo-trasplante cruzado, si se lleva a cabo HDD
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martes, 8 de febrero de 2011

Memoria de mi enfermera XXVI: "Quemado"

Llevo tres años trabajando en este Centro de Salud. Está ubicado en una ciudad grande y populosa, por lo que la carga asistencial en importante. Me gusta ser enfermero, me gusta mucho; de hecho estudié esta carrera por vocación, no por otro motivo. No entiendo mi vida siendo otra cosa o trabajando en algo diferente. La Enfermería es mi vida.
Sin embargo, aunque me gusta lo que hago, aunque siempre quise realizar la labor que llevo a cabo a diario, no puedo más. Tengo casi cuarenta años y aún soy contratado. Tengo que ver cómo otros compañeros con menos años de experiencia que yo se llevan mejores contratos o más largos o en mejores sitios porque tienen enchufe con algún cargo o algún sindicato. A mí, en este puesto que tengo ahora, me hacen contratos cada dos meses... de refuerzo, lo llaman ellos, cuando en realidad llevo un cupo de pacientes completo: el más numeroso y con la mayor proporción de ancianos frágiles y con asistencia a domicilio. Hago mi trabajo, pero no cobro por ello, es decir, al ser un contrato de refuerzo no me pagan por el cupo que atiendo, ni por los domicilios que asisto. Y mis compañeros, con mejores contratos, sí.
No tengo que decir que a diario asisto en consulta de crónicos una media de veinte personas, más los que se presentan sin cita porque se encuentran mal o los que el médico de cabecera me envía nuevos. Sin contar la media de cinco o seis visitas a enfermos crónicos a domicilio que no se pueden desplazar al centro. Cuando termino, a media mañana o más, debo atender la sala de curas en la que durante dos horas pongo inyectables y vacuno niños, hago curas de heridas quirúrgicas y atiendo las urgencias que me surgen. La mayor parte de los días no desayuno, me como una manzana en cualquier rincón. Cuando acabo, me voy a poner los inyectables o a hacer las curas de encamados a domicilio... Dos días en semana me corresponden las urgencias en la calle, es decir, que si alguien se pone malo y el médico y el enfermero deben salir, pues me toca salir... dejando abandonado lo que en ese momento esté haciendo.
Estoy quemado, quemado hasta las cenizas.
Cada día me cuesta un enorme esfuerzo llegar a mi puesto de trabajo. Mi jefe de enfermería me dice que esto es lo que hay. Cuando le pido ayuda porque tengo la sala de curas a rebosar o demasiados inyectables en la calle, me dice que debo hacerme cargo de mis obligaciones y nunca me ayuda, a no ser que esté al borde del colapso. Como no le hago la pelota, me da las guardias peores, las que no quieren sus enfermeros amigos. Si me quejo, se me recuerda que mi contrato está pendiente de renovación. Porque mi contrato siempre está pendiente de renovación.
Espero que me entiendan cuando digo que no aguanto más, que estoy a punto de abandonar, de dejarlo todo, de claudicar... a veces me planteo no renovar, pero me hace falta el trabajo, ya saben: el piso, la hipoteca, los niños... Otras veces -debo reconocer esto y me duele-, cuando voy en el coche camino del centro de salud me planteo que si tuviera un accidente me lo considerarían accidente laboral... ¡No, no qué espanto de pensamientos!
Además, me aterroriza hacer algo mal con mis pacientes, equivocarme por la presión, por el estrés, por la carga de obligaciones... No podría soportarlo. Los trato con educación, atiendo lo que precisan, pero cada día me cuesta más, más...
¡Estoy quemado, quemado y no me queda otra que buscar una solución y pronto! Porque no aguanto más...

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¿Les parece exagerado?
Pues no lo es en absoluto... acabo de narrarles cual era mi situación y como me sentía yo cuando trabajaba en varios centros de Salud de pueblo en los que laboré durante cuatro años, hace de esto ya unos 8 años.
Así vivía yo y así viven hoy día muchos profesionales de la salud, muchos, demasiados. ¿Motivos? Cientos, supongo yo: sobrecarga de trabajo, inestabilidad laboral, presión de los superiores -en este medio, a veces, funciona mucho el pelotilleo, se me va a disculpar la expresión...-, decepción laboral, motivos personales, expectativas no cumplidas... ¡¡¡qué se yo!!!
Se le llama Síndrome de Burnout, y pone muy difícil el desarrollo normal y completo de la labor profesional. Os pongo un enlace de una revista científica sobre este tema, por si alguien quiere saber más.
Este no es un trabajo como otro cualquiera, no me harto de decirlo. Trabajamos con personas y con su salud, con su enfermedad. Con personas.
Sé que esta entrada quizá no le guste a mucha gente, pero es real, real como la vida misma. Es un trozo de lo que sufrí.
Y, por ahora, nada más.
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viernes, 4 de febrero de 2011

DÍA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER


Hoy es el Día Mundial contra el Cáncer.
Gracias a la investigación constante, los avances científicos en cirugía, medicina, farmacología..., se ha conseguido que esta grave enfermedad no suponga un sinónimo de muerte. Sino de esperanza de curación. Muchas gente cada día sobrevive a un cáncer.
Pero también es una enfermedad que se puede, en muchos casos, prevenir. Por desgracia muchos factores de riesgo de ciertos tipos de cáncer están ligados a nuestros hábitos de vida: alimentación, tabaquismo, consumo de otras sustancias nociva, sedentarismo, relaciones sexuales...
Sé que puedo resultar muy pesada -discúlpenme el coloquialismo- en mi lucha personal contra el tabaquismo, pero sólo esta droga y las sustancias que contiene su humo, respirado de forma directa o indirecta, activa o pasiva, es capaz de desarrollar por sí misma decenas de tipos de cáncer, riesgo que desaparece al dejar de estar en contacto con el humo de tabaco.
Otros factores de riesgo pueden estar asociados a la dieta: dietas ricas en grasas saturadas, pobre en fibra... facilitan también el desarrollo de ciertos tipos de tumores.
La exposición al sol sin protección, aunque se tenga piel oscura o morena, la falta de ejercicio, exposición a sustancias químicas, alcoholismo asociado a tabaco, cierta actitud en las relaciones sexuales...
En definitiva, muchos hábitos cotidianos son considerados factores de riesgo de cáncer que modificándolos hacia un estilo de vida saludable hacen disminuir considerablemente la posibilidad de sufrir un cáncer.
No sólo eso...
Muchos tipos de cáncer, aunque no se pueda evitar su aparición, si pueden tener un magnífico pronóstico si se los diagnostica de forma rápida. Ello se consigue con lo que se conoce como técnicas de Screening que posibilitan un Diagnostico Precoz. En este grupo se encuentran las mamografías, las citologías ginecológicas, la revisión de la piel por un médico, la revisión prostática y, en algunos casos, la detección de ciertas sustancias en las heces.
Ahí radica la importancia de que la población en general conozca las medidas que pueden llevar a cabo para disminuir las probabilidades de sufrir un cáncer, modificando hábitos nocivos o adquiriendo hábitos saludables y realizando las revisiones necesarias con sus especialistas... revisiones que muchos no llevan a cabo por desconocimiento o cierta desidia.
Por ello, me gustaría resaltar el papel de:
  • Los profesionales de la salud para conseguir que sus pacientes y usuarios se adhieran a los programas de prevención y diagnóstico precoz -captación-.
  • La población en general. Muchas de las medidas que se proponen suponen que la gente tome las riendas de su propio cuidado. Esto se puede conseguir mediante lo que se conoce como Educación para la Salud, en diversos ámbitos, no sólo los sanitarios, sino haciendo uso de los colectivos sociales.
Bueno. No insisto más.
Quiero, eso sí, resaltar lo mucho que se tiene logrado hasta ahora. Avances científicos en terapias no sólo farmacológicas sino genéticas que consiguen atacar el problema de forma específica posibilitando curaciones que hace sólo apenas unos años eran imposibles. Pero aún queda mucho por hacer. Demasiadas personas enferman, demasiadas personas...
No penséis en todo lo que queda por conseguir. Pensad en lo logrado hasta ahora, en la esperanza de vida que tienen hoy día las personas que enferman con un cáncer.
Y pensad también en la cantidad de cosas que vosotros, como personas individuales, podéis hacer para evitar el desarrollo de unos tipos y el diagnostico precoz de otros. Sé que esta enfermedad le da miedo a muchos. Lo sé. Pero el conocer, el saber, posibilita que se pueda afrontar cara a cara lo que nos pueda venir en esta vida.
Ea, ya está...
Y, por ahora, nada más.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Reflexiones: Profesionales

En esta entrada querría tocar una cuestión que, creo, es de recibo. En un hospital, residencia, centro de urgencias, ambulatorio, consultorio, clínica, ambulancia o centro de salud trabajan muchos profesionales, muchos. Pero la inmensa mayoría de los pacientes y usuarios sólo ven y se fijan en los médicos y los enfermeros... como mucho. Al resto de los que posibilitan que todo funcione bien los obvian hasta que precisan algo de ellos. Así, auxiliares de enfermería, celadores, personal de limpieza, pinches, técnicos de rayos, técnicos de laboratorio, conductores, administrativos, trabajadores sociales, psicólogos, farmacéuticos... son, en muchos casos, los grandes desconocidos.
La labor en sanidad, en todo tipo de centros asistenciales, es una labor en equipo. Es decir, para que una persona sea atendida con éxito en cualquier centro, median muchas personas, diversos profesionales que posibilitan con su labor que las cabezas más visibles del sistema puedan hacer su trabajo. Cierto que el trabajo de máxima responsabilidad es el de los médicos y de los enfermeros, pero ninguno de ellos podría hacer nada si el resto del equipo no funcionara como la seda.
Los Auxiliares de Enfermería, antiguamente llamados «auxiliares de clínica», son un baluarte fundamental en cualquier servicio de planta o de centro de salud. Su labor, desconocida para muchos -lo sé de primera mano, dado que yo trabajé un tiempo como auxiliar de enfermería-, es básica para que tanto médicos como enfermeros puedan funcionar.
¿Qué hace o de qué se ocupa un auxiliar? Su nombre puede llamar a engaño, aunque básicamente se trata de un profesional que tiene clara sus funciones y tiene cierta autonomía, en la gran mayoría de los casos trabaja en colaboración con los enfermeros y/o los médicos. Se ocupan de la limpieza y aseo de los pacientes, de las camas... algo ciertamente complicado cuando un paciente está encamado y una red de tubos y cables brota de diversas partes de su cuerpo o se insertan es espacios recónditos de la anatomía de una persona. Ayudan a los pacientes en su aseo, eliminación y alimentación. Los ayudan a levantarse y a acostarse. Se ocupan de la limpieza y reposición del material clínico, en el más amplio sentido de la palabra. Se ocupan de tomar algunas constantes, como la temperatura; administrar cierta medicación -sólo en algunos sitios-, fundamentalmente oral y rectal y tomar ciertas muestras biológicas para su posterior análisis... y más que sería farragoso plasmar.
Las palabras no manifiestan la realidad del trabajo que llevan a cabo los auxiliares de enfermería. Parece una labor simple, pero en absoluto lo es. Son, junto con los enfermeros, los que más contacto tienen con el paciente y sus familiares, quienes casi siempre mejor saben cual es su estado de ánimo, cuales sus carencias afectivas, aquellas que podrían poner en dificultad la recuperación de un paciente. Son los que posibilitan su confort en higiene, alimentación, auto-imagen, movilidad, eliminación.
Y en la gran mayoría de casos, son los grandes desconocidos en los centros asistenciales. Se les confunde con los enfermeros porque se ignora su existencia y no digamos su labor. Sólo las personas que han pasado algún periodo en un hospital como paciente o acompañante conocen su responsabilidad y saben la importancia que reviste su trabajo.
Cuando yo empecé a trabajar como enfermera, hace ya muchos años, había un póster del INSALUD, un póster informativo, que mostraba a un paciente en una cama de hospital dándole la mano a un médico -hombre-, con una tonta sonrisa dibujada en su rostro y un mensaje que rezaba: «¡Gracias, doctor!». En rotulador, muchos profesionales animados por la injusticia de la publicidad habían añadido: ... y celador; ... y auxiliar; ... y pinche; ... y enfermero; ... y técnico de laboratorio; en definitiva una larga lista de profesionales que, todos juntos, con una labor en equipo, había posibilitado la recuperación de ese supuesto paciente con sonrisa de afectada memez.
Hoy día un cartel de ese estilo no sería posible, porque en absoluto es reflejo de la realidad.
Creía necesaria hacer una entrada como ésta; me disculparán los que esperaban otra cosa. ¿Por qué la he escrito? Pues porque ayer estuve en el médico con mi hijo... y aún tengo que escuchar comentarios que dan protagonismo exclusivo a un único gremio de la sanidad. Algo en absoluto real. Y las auxiliares de enfermería son las grandes desconocidas, pero mira tú por donde, las más visibles en cualquier planta o servicio de nuestros hospitales.
Y, por ahora, nada más.