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jueves, 14 de octubre de 2010

Memoria de mi enfermera: XVIII: "Enfermera de Atención Primaria"

En esta entrada quiero contar cómo se trabaja como enfermera de Atención Primaria en los pueblos. Yo hice ese trabajo durante algo más de 4 años. Es un trabajo complejo, en el que la organización del profesional depende en gran medida de las posibilidades de los pacientes en sus domicilios, porque gran parte del trabajo se realiza en las casas, en los hogares de los pacientes. Me he permitido extraer un fragmento de mi novela A ambos lados (2008) para mostraros esta cuestión. La protagonista, Marian, antes enfermera de hospital, ahora trabaja en el centro de salud de un pueblo de la sierra granadina. Está embarazada y nos cuenta...

«Estamos ya en otoño pero hace un calor impresionante. Siento cómo me late el corazón a lo loco en el pecho por el esfuerzo. Tengo el coche aparcado en lo alto de una empinada cuesta, de una empinada calle del pueblo por lo que con el abultado y pesado maletín colgado en bandolera y la incipiente barriguita que es casi el doble de lo que corresponde para las fechas en las que me encuentro, me da la sensación de que estoy escalando el Moncayo. Me detengo un momento a tomar aire. El bebé me da una enorme patada que me obliga a doblarme. Me paso una mano por la barriga y no se repite ningún golpe más. Aprovecho para consultar mi dietario. Aún me quedan dos visitas programadas más, cada una en una punta del pueblo. Matías, un paciente de dieciocho años con una distrofia muscular muy grave que le ocasiona una importante insuficiencia respiratoria al que le han realizado hace unas semanas una traqueotomía y colocado una cánula conectada a un estimulador de la respiración. Su madre aún no se atreve a cambiarla ella sola y voy yo cada vez a ayudarla hasta que se vea capaz de hacerlo por ella misma. La otra es Margarita, una mujer de ochenta años, postrada en una cama desde hace quince, que padece todo tipo de patologías crónicas junto a una demencia senil. Su incapacidad de moverse por sí misma y de poder ser levantada de la cama le ha llenado el cuerpo de úlceras, escaras de grado III y IV brutales, a las que casi no doy a basto de curar y a la que debo visitar a diario. Necesita dos curas al día pero las de la tarde-noche se las hace su nieto cuando llega de trabajar del campo.

No sólo se aprende de los pacientes cuando se les ve ingresados en los hospitales, sino que es impresionantemente enriquecedor verlos en sus casas bregando a diario con sus enfermedades y sus pesares. El medio hospitalario es alienante para los seres humanos y son los pacientes los que se deben adaptar al mismo; nosotros los vemos con sus pijamas azules con el logo del hospital grabado en el bolsillo superior y nos resultan, demasiadas veces, seres sin rostro y con una enfermedad concreta que van y vienen en una sucesión sin fin. Sin embargo, en sus domicilios eres tú, el profesional sanitario, el extraño y tú el que se debe adaptar a sus peculiaridades, a sus posibilidades, a sus escasos recursos técnicos y humanos, a sus hogares de dimensiones variantes y llenos de olores y colores que los distinguen siempre de los demás. En ese medio siempre cambiante debes contar con ellos, enseñarles a hacer determinadas técnicas para que sus vidas sean más llevaderas o más fáciles, si eso es posible y por desgracia no siempre lo es. Y cuando sales de sus casas alguien siempre te acompaña a la puerta para verte partir, en ocasiones contando con ansiedad las horas para que llegue el momento en que vuelvas a llamar a su puerta.

Suspiro.

Cierro mi dietario y lo guardo en el maletín. Continúo el ascenso de la vertical K-2 del pueblo.

No se me debe olvidar que a las dos de la tarde he quedado en mi consulta con Adriana una mujer de cuarenta años a la que han diagnosticado hace poco de Diabetes tipo II y a la que debo enseñar a realizarse los controles de glucemia. Objetivo, que la paciente sea capaz de ser autónoma, que sea capaz de manejar su dieta y sus pastillas por sí misma, darle herramientas que le ayuden a controlar su enfermedad y a solucionar los imprevistos más leves. Proporcionarle un conocimiento que le dé seguridad, autonomía y reduzca la ansiedad, lo que a su vez mejorará el control de la enfermedad en sí…

Me detengo nuevamente, saco una botella de agua, doy un generoso trago que la vacía más allá de la mitad y sigo mi lento ascenso. Miro al suelo mientras camino, mejor no mirar el largo trecho que aún me queda.

Sí, me gusta este trabajo. Es un gran reto para una rata de hospital como era yo. Pero, ¡por Dios! A quién se le ha podido ocurrir poner unas cuestas tan empinadas como éstas.»

----oooo0000oooo----

Os aseguro que el trabajo que se lleva a cabo en este medio es el gran desconocido de la Enfermería. Las visitas se hacen con el vehículo propio, muchas veces no se tiene horario y, entre medio, surgen no pocas urgencias, incluso accidentes de tráfico, que se atienden a pie de carretera con escasos medios. Espero haberos acercado un poco más esta labor tan importante que nuestros profesionales llevan a cabo a diario.

Y, por ahora, nada más.

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14 comentarios:

CreatiBea dijo...

Pero qué bien te explicas, querida!!!
Esta entrada me ha dejado un sabor agridulce. Agrio, porque me has hecho recordar mis curas a diario, durante casi dos meses, y dulce porque he recordado lo agradables y profesionales que fueron los enfermeros que me atendieron.Y me he sonreído, porque es totalmente cierto, que cuando os marchais, esperamos ansiosos la vuelta.

Besos Lola.

Susana Terrados dijo...

Querida Lola debo reconocer que, apesar de saber que realizan una gran labor, nunca me he puesto a valorar enserio el esfuerzo que realizan los enfermeros. Y, por supuesto, no soy consciente de los que trabajan en los hogares del paciente. Tu novela, además de que se ve que está muy bien escrita, debe ser un verdadero descubrimiento de la enfermería. Te agradezco el acercamiento y me alegro de saber algo más de tan digna profesión.
Admirable, de verdad, por lo humanitario, por la entrega y el amor, y por lo sacrificado que llega a ser.
Besotes.

Juanma dijo...

Y tanto que nos acercas a la realidad de este trabajo del cual sólo vemos, y por tanto conocemos, una parte que cada vez me parece más pequeña. Nos acercas en esta entrada y en cada una de ellas. Y uno lo ve, se mete en la piel de la enfermera, casi se cansa leyendo/subiendo esas puñeteras cuestas.

Besos.

ana dijo...

Creo que la labor de enfermería en primaria es una gran desconocida; en la que aún no se han desarrollado ni dado a conocer todos los campos en los que la enfermería es eficaz, eficiente y necesaria.

Y también pienso, que de esto, tienen mucha culpa los profesionales. Los que he conocido son personas que desgraciadamente no han sido capaces de apostar por su profesión, sino que están ahí porque buscaban un puesto cómodo. Tengo un Máster en Atención Primaria, me encantaba, pero decididamente regresé a la Atención Especializada. La sensación que me dejó fue extraña y de desilusión. Allí nadie quería hacer nada... y yo era la jovencita a la que tenían que decir, quietinaaaaa... eso sí, siempre me trataron con mucho cariño esos compañeros.

Me ha encantado cómo has descrito nuestra labor en el domicilio. Es algo muy agradecido, es demasiado rotunda la enfermedad cuando se tiene que vivir en casa. Eso significa que es crónica. Pero el lado humano que es capaz de sacarle a las personas que la rodean, es de gran valor emocional y personal. El ser humano es indescriptible en su bondad, y lo ves, cuando observas a todo un señor del campo ponerse a curar a su abuela, en el interés y cuidado que ponen cuando les explicas algo, en cómo te abren su casa... en cosas así, que son parte de la vida misma.

Los enfermeros somos unos privilegiados, lo he dicho y lo sigo diciendo. Espectadores silencioso de la grandeza que el ser humano es capaz de tener, siempre nos ven como una mano amiga, y eso, eso significa muchas cosas buenas.

Un abrazo Lola.

Lola Montalvo dijo...

BEA: Siento que hayas tenido que conocer este trabajo en tus propias carnes y me alegro que todo haya quedado atrás y espero que recuperada. cuando una persona tiene una afección que sigue requiriendo cuidados, esa persona y su familia, sufre cierta angustia por cómo irá, cómo se resolverá. Necesita un apoyo que proporciona el/la enfermero. Y tal como tú indicas, cuando el trabajo está bien hecho, la sensación de cada visita es de alivio.
Gracias, Bea, por visitarme y opinar. Besos, amiga.

SUSANA: gracias por lo que comentas. Se agradece esa visión amable que haces de nuestra labor. Mis escritos siempre están basados en mi experiencia personal y siempre están inspirados por la pasión que mi trabajo me produce. Gracias por visitar, por leer y por opinar. Besos, Susana

Raúl Peñaloza dijo...

Me parece que es de una sensibilidad exquisita. No me había puesto a reflexionar lo que ve y siente una enfermera en terreno ajeno.

Lola Montalvo dijo...

JUANMA: Por estos pueblos cercanos, con mi maletón lleno de gasas, de jeringas, de sondas, con mi aparato de la TA, de glucemia, con mi carpeta de visitas (no menos de 10 por día) me he «pateao» muchas calles, muchos caminos de tierra, casas junto a lagos sin acceso a coche, con avispas, un sol de justicia, con perros... que me han mordido. Sí, creo que esta labor de la enfermería no es muy conocida, pero seguiré intentándolo. Gracias, Juanma, por leer y opinar. Besos miles, amigo.

ANA: te diré que hace unos 8 años, yo trabajaba en Atención Primaria. Durante dos trabajé en un sitio, en un centro de pueblo, en el que los compañeros, dos hombres ATS, que lo eran, me trataron como a una fulana... uno de ellos me lo decía a la cara, sin cortarse un pelo. Ése hombre me decía que a ver qué hacía, que no trabajara mucho, no fuera a ser que a ellos se les exigiera más... No te digo más que me ofrecieron un contrato largo en ese pueblo y lo rechacé. Tuve una crisis vocacional y casi dejo de ser enfermera.
No, no todo es un lecho de rosas ni bonito ni emocionante ni estimulante en esta profesión. Muchas veces se trabaja sólo y a contracorriente, porque los que están no quieren hacer nada más que lo justo... y no mucho.
Yo no soy así. Y sufrí.
Quizá, algún día, lo rumie bien y haga una entrada respecto a eso.
Pero claro, Ana, tú conoces esto tan bien como lo puedo conocer yo... y la parte hermosa de este trabajo vale por todas esas miserias que he esbozado. A mí me gratificaban esas visitas, ese ver a gente sencilla realizando tareas con tanta habilidad como un médico o un enfermero que afrontaban por dar el mejor cuidado a un ser querido.
Gracias, Ana, por tu visita y por tus palabras. Besos miles

Lola Montalvo dijo...

RAÚL: me alegra haber sido capaz de transmitir esas sensaciones y te agradezco que hagas el esfuerzo de ponerte en ese lugar. Gracias por visitarme y por opinar. Besos, Raúl.

ana dijo...

Por supuesto, estoy contigo. La parte hermosa de nuestro trabajo nadie la va a olvidar. Afortunadamente. Estás, estamos en ello. No te quepa duda.

:)))))))))))))))

Una Ana en Concreto dijo...

Ayy Lola, me ha encantado esta entrada. Te explicas tan bien que cualquiera es capaz de entender a la perfeccíón el esfuerzo y el trabajo de los enfermeros de atención primaria que atienden a las personas en sus domicilios. No he trabajado en ese sector pero hice prácticas un par de semanas con una enfermera que visitaba inmovilizados. Fue genial, una experiencia totalmente enriquecedora y además, te das cuenta de lo necesaria que es la familia y el hogar para el bienestar de la persona que precisa cuidados. Admiro tu aguante. Un beso Lola ^^

Serena van der Woodsen dijo...

La gente ignora por completo el papel de la enfermera de atención primaria. Estoy deseando que pasen 15 días, que es lo que tardará en llegarme "A ambos lados". Por fin :)
Un beso.

Lola Montalvo dijo...

UNA ANA: muchas gracias por tus palabras, son muy estimulantes. Ver a los pacientes en sus casas, trabajar con ellos con sus medios, cons sus familiares es muy enriquecedor. Pero también ves lo solo que está el que está solo. Besos miles.

SERENA: Te agradezco en el alma que hayas comprado la novela. Espero que te guste y que no lo veas un dinero tirado. Muchas gracias. Besos miles

Anónimo dijo...

hola Lola, yo soy enfermera tambien y siempre me he inclinado por el primer nivel y la verdad es un trabajo impresionante porque ahi es donde se parte para evitar que mucha gente llegue a un segundo y tercer nivel.
ojala y muy pronto cambien muchas cosas y se de la importancia que se debe tener al primer nivel. sabes te sugiero que revises sociologia o antropologia en el area de la salud te impresionaran muchas cosas y te servira de mucho.
saluditos desde México

Lola Montalvo dijo...

ANÓNIMO: bienvenida a este espacio. Cierto que aquí, en España, ya se le va dando a la Atención Primaria la importancia que debe tener para fometnar hábitos de vida saludables y prevenir en cierta medidas según qué patologías crónicas. Pero aún queda mucho, mucho camino por recorrer. Muchas gracias por leer y opinar. Un fuerte abrazo.

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