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martes, 3 de agosto de 2010

Reflexiones: Comunicación II o "El arte de ponerlo difícil"

En estos días de estío en el que se presupone que muchos están de vacaciones, me lanzo a afrontar el tema de la Comunicación en su vertiente más complicada: la de los pacientes y usuarios. Complicada, afirmo, porque para que podamos proporcionar muchos de los cuidados propios de nuestra profesión debemos saber con precisión qué carencias sufren nuestros pacientes. Y les aseguro que no es nada fácil, dado que millones de expresiones copan nuestro lenguaje, expresiones muchas veces privativas de una cultura, región, provincia o pueblo que no es conocida por el resto.
Afronto este tema desde mi experiencia personal que, por suerte o por azares del destino, me ha llevado a dos ciudades lejanas entre sí y por diversos pueblos.
Con el máximo respeto a todo tipo de individualidad personal, cultural o idiomática, paso a relatar.
Dentro de la riqueza de nuestro idioma oficial -el único que hablo y escribo en el desarrollo de mi profesión- existen variadas maneras para decir lo mismo. ¡No saben cuántas! Como he indicado más arriba, en nuestro trabajo cotidiano debemos pedir muchos datos a nuestros pacientes para abrir una historia de enfermería, para valorar día a día su evolución, para valorar su aprendizaje en nuevas habilidades, para saber nuevas molestias, síntomas o indicadores de mejoría... En definitiva: la comunicación fluída y fácil es una herramienta imprescindible para llevar a cabo nuestra labor.
Empecé, hace muchos años ya, a trabajar como auxiliar de enfermería. Ahí me tropecé desde el primer día con el escollo lingüístico, cuando la primera mañana del primer día -uniforme nuevo y casi crujiente, zuecos de madera...- una mujer me pide:
«¡Señorita quiero hacer pum!»
En ese instante de profesional novata y nada curtida, mi sonrisa se congeló en mis fríos labios, sobre todo cuando la buena mujer se enfadó sobremanera porque no reaccionaba en segundos a su requerimiento de mi habilidad profesional. A partir de ese instante, de ese día, un rosario de expresiones, a cual más rebuscada e intuitiva, se desgranó ante mis narices como magnífico reflejo de la habilidad metafórica y cacofónica, para mi hasta entonces desconocida, que la mayoría de la población femenina de Madrid utilizaba para dar a conocer sus ganas de evacuar. A saber: «pum», «obrar», «plas», «popó», «hacer», «mover el vientre», «ya sabe... señorita...eso»
Si algo tan básico como manifestar la necesidad de llevar a cabo una función fisiológica puede llegar a ser rebuscado, no les quiero decir cuando entramos en campos desconocidos. Cuando la gente de a pie se sumerge en las procelosas aguas de la Medicina y la Enfermería podemos encontrarnos con importantes escollos lingüisticos, cierto y lógico, dado que, si el lenguaje científico que caracteriza esta profesión es complicado, a veces incluso para nosotros, no podemos esperar y menos aún pretender, que la gente sencilla lo domine. No es eso lo que motiva esta entrada. Palabras como «apendi», «visícula», «arteria torta», «estógamo» nos pueden hacer sonreír, es verdad, pero no vamos a negar que las originales conllevan una enorme dificultad, y no poco mérito, cuando se ponen en boca de personas que nunca han tenido la oportunidad de ir al colegio o estudiar.
A lo que me refiero es a la forma que tienen de expresar los males que les aquejan, que para las gentes de una provincia, una ciudad o un pueblo son harto conocidas, pero para los que venimos de fuera es un idioma en toda regla; y si lo asociamos a un fuerte y cerrado acento, el resultado es la incomprensión más absoluta.
A saber:
«Mi hija está volá» (presentar erupción en la piel o granitos)
«Mi hijo tiene balsas» (mucosidad en garganta y bronquios)
«Yo como peras, manzanas, peros...» (manzanas de las amarillas)
«Mi padre casi se murió porque se enguñipó» (se atragantó)
«Estoy muy molesta porque estoy ocupá» (estreñida)
«Tengo una fatiguita...» (angustia y nauseas)
«Me operaron hace tiempo y ahora estoy hueca» (estirpación de útero y/u ovarios)
«¡¡Señorita, ayúdeme, mi madre está flatá!!» (mareada, casi inconsciente)
«Se puso pálida como la cera y se quedó privá» (perdió el conocimiento)
Son sólo unos pocos ejemplos de lo que nos podemos encontrar cuando tratamos con la diversidad dialéctica de este país. Y no es necesario señalar ciudad o población alguna: con el enorme trasvase de gentes de lugar a lugar ya no existen casi fronteras idiomáticas. Cada uno es un universo en sí mismo. Creo que es fácil de comprender que, en el ambiente relajado de una consulta o de una habitación de hospital -¡ojo, si esto último alguna vez llega a ser posible!-, una se puede permitir la opción de pedir al paciente o usuario que se explique, pero cuando este intercambio de «expresiones propias» se lleva a cabo en el fragor de una urgencia médica, la situación puede ser estresante e, incluso, irritante. Alguno y alguna han llegado al extremo de manifestar desagrado, enfadado y algo más, cuando no les he comprendido a la primera y les he solicitado que me expliquen... Los menos.
Por supuesto, no pretendo que los pacientes y usuarios de la sanidad se adapten o realicen ningún esfuerzo para controlar nuestra jerga o para resultar más científicos cuando nos describen sus males o sus alteraciones. En absoluto es ésa mi intención. Sólo deseo mostrar la dificultad de comunicación que se puede ocasionar cuando uno no controla la idiosincrasia dialéctica de un grupo poblacional. Respeto y defiendo la diferencia, las particularidades, la riqueza de expresiones de toda la gente en general. Me parecen fascinantes.
Supongo que somos nosotros, como profesionales, los que debemos hacer el mayor esfuerzo para facilitar la comunicación con nuestros pacientes, no sólo para hacernos comprender, sino para llegar a entenderlos a ellos... que a veces no lo ponen demasiado fácil, la verdad.
Con una sonrisa, finalizo esta entrada.
Y, por ahora, nada más.

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15 comentarios:

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Precisamente el domingo pasado discutía con mi mujer de este tema.
Ella dice que para entenderse lo principal es querer, y yo le decía que además hace falta un entendimiento grande, pues hay perosnas que tienen un vocabulario propio y piensa que todos lo tiene que entender y se cabrean como monas si no les entiendes.
Adiós, un beso y tienes toda la razón del mundo. Es para reirse

CreatiBea dijo...

Lola, si es que vuestro trabajo no está pagado con dinero...

Si ya es importante entenderse, en temas de salud es absolutamente necesario.

Buena entrada.

Un abrazo.

Lola Montalvo dijo...

MIARMA: por supuesto que para entenderse hay que querer. Supone un esfuerzo por ambas partes. Una de mis muletillas más cansinas cuando trabajo, que, incluso, forma parte ya de mi forma habitual de hablar -harto criticada por mi marido- es «¿Me explico?», porque considero que si un paciente no me entiende, no es por otra razón sino porque yo no lo he explicado bien. Eso sí, me fastidiaba mucho cuando un paciente se irritaba y llegaba a dudar de mi inteligencia cuando me decía alguna de sus expresiones y yo le pedía repetir...porque no le había comprendido. Se me ha dicho muchas veces «¡Ay, hija, tantos estudios pa ná». Otros muchos, simplemente se reían y yo con ellos.
Es un esfuerzo, cierto, pero un esfuerzo por ambas partes.
Un abrazo.

BEA: A veces, en alguno de los pueblos que trabajé, llegué a tener la sensación de que estaba en otro país: acento cerrado, expresiones propias, rapidez meteórica del verbo... Imagináte el agobio cuando tus cuidados y el tratamiento de un paciente depende de que entienda y lleve a la práctica ciertas habilidades que tú debes enseñarle. Pero con paciencia todo, todo se logra.
Un abrazo.

Juanma dijo...

Los gestos, al final tenemos que acudir a ellos casi siempre. Y parece que son más universales o comunes, ¿no?

Besos.

mariocarlosp@aol.om dijo...

Hace 25 años que soy enfermero, y sinceramente hoy día con solo mirarlo al paciente aunque no pueda expresarse, por que esta intubado, o inconsciente, me doy cuenta que necesita, agua, orinar, dolor, donde esta, es un sexto sentido que desarrollamos todos, me imagino, logramos muchas veces anticiparnos a los requerimientos y necesidades de ellos, y cuando estan mejor, y dialogan con nosotros desarrollamos un entorno amigable que les beneficia, cada paciente tiene sus codigos, su lenguaje, pero creo podemos adaptarnos rápidamente para lograr esa comunicacion tan necesaria entre enfermero y paciente, y por supuesto lo gestual es la base de toda comunicacion, cuantos me han dicho te pido a vos el orinal, por que la otra enfermera me parece que no tiene paciencia y vos me caes bien, me das seguridad

Lola Montalvo dijo...

JUANMA: claro que sí, la comuniciación gestual es muy importante. Pero en ciertos casos apoya poco. Recuerdo en esa consulta de enfermería de cierto pueblo en el que un paciente me explicaba lo que comía: de diez cosas que dijo, hube de pedirle «traducción» para nueve. A veces me lo explicaban y, de una vez para otra se me olvidaba, y se lo preguntaba en casa a mi marido... Por supuesto, hoy día, ya no me pasa, porque ya conozco todas las palabras y expresiones propias. Me encanta esa variedad lingüística. Espero que nunca se pierda.
Besos miles

MARIOCARLOS: por supuesto, tienes razón, la comunicación gestual es básica en esas situaciones. Tu larga experiencia en ese servicio te permite que sólo con un parpadeo sepas lo que desea un paciente. Pero imagínate que vas a otra ciudad, a otro pueblo, donde se habla tu idioma pero con giros, con expresiones que nunca has escuchado y los pacientes te las dicen con toda naturalidad... A eso es a lo que me refiero con esta entrada. Como le decía a Juanma, en ciertas entrevistas de enferemería esa comunicación gestual ayuda poco. Insisto: creo que, al igual que debemos hacernos entender como profesionales, también debemos esforzarnos por entender a nuestros pacientes... Se producen situaciones a veces ridículas, a veces comprometidas, pero lo fundamenteal es comprenderlos.
Muhcas gracias, MarioCarlos por entrar en este espacio, por leer, por comentar. Un abrazo

Raúl Peñaloza dijo...

Es cierto. Recuerdo cuando una mujer andaluza me quería enseñar a hacer gazpacho. Me decía: "Tótiekir al turmi". Por supuesto, no entendí nada y, a base de señales, entendí que el "turmi" viene de Turmix, marca común de licuadoras en los años 70. Y "tótiekir" es poner todos los ingredientes, es decir, "todo tiene que ir".

Pero la señora hablaba a mil por hora, mezclando palabras con sonrisas. Finalmente logré hacer gazpacho en casa, a pesar de todo.

Y se supone que hablamos el mismo idioma...

;-)

Lola Montalvo dijo...

RAÚL: efectivamente, esas cosas pasan todos los días, todos... Una vez trabajado en un serrvicio de Neonatos un médico entró y dijo a una compañera:
«Quiero vé al niño de la 'sesi'»
Por suerte no me lo dijo a mí. Yo pensé a toda velocidad a qué niño se referiría el médico, porque no teníamos ninguno cuya madre se llamara Cecilia o similar, cuyo diminutivo fuera 'Ceci'. La enfermera le llevó a ver un pequeño que descansaba plácidamente en una incubadora. En ese momento me di cuenta que se refería a que «quería ver al niño de la 'sepsis'», un proceso infeccioso bastante importante.
Por supuesto, en mi fuero interno, me partí de risa... ¡¡Lo que puede hacer un cerrado acento en los oídos de un no entrenado!! Me parecen maravillosos esos giros del idioma, esa música en forma de acento.
Un abrazo y gracias por leer y opinar. ;)))

Ana dijo...

Me he leído tus dos últimas entradas seguidas y creo que tienes mucha razón. A veces no nos entendemos ni con nuestra propia gente así que imagínate con desconodos que se ponen en tus manos por temas de salud. El lenguaje técnico tiene muchas trabas y yo siemrpe intento hablar con la gente con un lenguaje muy de la calle para que me entiendan, poner ejemplos, etc. Lola, imagina lo difícil que me resulta explicar como actúa un citostático en nuestro organismo. Es difícil a veces pero la comunicación es imprescindible, eso está claro.

PD: Me ha hecho mucha gracia lo de «Se puso pálida como la cera y se quedó privá» porque para mi "estar privá" es estar orgullosa/encantada de/con algo, Al menos si hablas con mi familia te entenderán así xD

Un besoo!! :)

Ana dijo...

Desconocidos* no 'desconodos'. Hablando de entendernos cuando nos comunicamos voy yo y escribo palabras indescifrables... xD

Lola Montalvo dijo...

ANA: lo has resumido muy bien. Pero de todos modos, creo que el esfuerzo siempre debe ser nuestro... los pacientes hablan con su forma habitual de hacerlo y cuando están enfermos o agobiados su capacidad puede verse menguada.
Me ha encantado la interpretación de «estar pivá». En donde yo vengo suele tener connotaciones negativas... digamos que los efectos de una intoxicación etílica. Tú y yo nos lo pasaríamos fenomenal hablando en 'coloquial'
Besos miles :DD

carmncitta dijo...

no sé de dónde serás , pero aquí en Aragón tener fatiga o fatiguita es tener ahogo/disnea y tener "ansias" es tener náuseas. Justo lo hablaba el otro día con una compañera que es Andaluza pero está en Zaragoza y me contaba que la primera vez que estando aquí un paciente le dijo lo de la fatiga fue corriendo a por un barreño pequeño y a preparar el primperam...

Lola Montalvo dijo...

CARMNCITTA: Efectivamente, soy de Madrid y allí también «fatiga» es tener disnea o cansancio y «ansias», náuseas. Aquí, en Andalucía, significa algo distinto tal y como cuentas. Yo sufrí lo mismo que tu compañera, pero al revés. Reconozco que al principio no entendía mucho de lo que me decían y me pasaron cosas, a veces, divertidas. Tuve que esforzarme mucho, pero merece la pena. Me gusta la variedad que un mismo idioma puede tener en cada parte del país. Me parece fascinante.
Gracias por visitas este espacio, por leer y por comentar, Carmncitta. Un abrazo

Aniña (@vampyevil) dijo...

Algún día tendré que hacer una entradita hablando de este tema en mi blog! besitos

Lola Montalvo dijo...

ANIÑA: sin duda alguna, este tema da para mucho más. Besos miles y muchas gracias por leer y comentar.

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