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domingo, 11 de julio de 2010

Reflexiones

Tras las últimas entradas creo que debo detenerme un momento y pensar...
Por una vez en mucho tiempo, voy a escribir sobre cuestiones livianas, que relajen el ambiente, que hagan sonreír mientras se leen. El cuerpo lo pide.
Y, supongo, que los que puedan leerme, también.
Es verano y en esta época muchos enfermeros y auxiliares de enfermería empiezan sus contratos de sustitución en hospitales, centros de salud, residencias. En verano comencé yo, tanto como auxiliar de clínica, en la Paz, un verano lejano ya -con 18 años recién cumplidos-, como de enfermera en el Clínico de Madrid. En las dos ocasiones el terror a lo nuevo, a la enorme responsabilidad, a la realidad abrumadora, tuvieron la dudosa virtud de privarme del sueño y del apetito haciéndome las primeras semanas una experiencia angustiosa y horripilante acompañada de un tirón perenne en las entrañas que no me dejaba vivir, que no me permitía sosiego alguno. Fue algo muy duro, sobre todo en mi nueva andadura como enfermera, tras tres años de carrera, de estudio estresante y agotador. En mi primer día de trabajo llegué a la pasmosa determinación de que ¡¡me había equivocado de profesión, que la Enfermería NO era lo mío!! Llegué al final del turno de ese primer día al borde de las lágrimas y con una sensación de espanto rayana en la locura.
Hoy lo recuerdo y me sonrío.
Pero si me esfuerzo, aún puedo recordar ese sudor frío y pegajoso bajo el áspero uniforme que no me abandonaba ni un instante, más una sensación constante de pánico al creer que algo iba a suceder, algo irremediable... Todos los días regresaba a mi casa con la firme determinación de abandonar, de tirar la toalla, de buscarme otro trabajo. Se lo decía a mi madre entre enormes lágrimas, enormes como melones que dibujaban en su rostro una preocupación serena que la animaban a decirme frases hechas -¡la pobre, qué me podía decir!- pretendiendo animarme, pero que conseguían irritarme aún más.
Al día siguiente regresaba a mi planta, a mi trabajo y al siguiente y al otro... sin dejar, ni por un momento, de decirme que me estaba equivocando. Y un día me descubrí decidida, tranquila, sin miedo, sabedora de mi labor y sin gritarme en mi interior mi firme decisión de abandonar. Satisfecha por haber conseguido mi ritmo, por haber podido sacar los conocimientos que llevaba dentro, obteniendo día a día la experiencia y el rodaje que procuran confianza en la propia labor. Aprendiendo a trabajar, a organizarme, aprendiendo a todo aquello que en las prácticas no se aprende... ni se enseña.
Hace de esto ya 21 años.
En ese tiempo he pasado por muchos sitios, he trabajado en muchos hospitales, en varios centros de salud, en un centro de minusválidos físicos, he sido docente, todo ello repartido entre dos ciudades diferentes. He sido nueva en un puesto innumerables veces, cierto... pero ninguna, ninguna de esas «primeras veces» fue como la de ese día de julio en el hospital Clínico de Madrid. Ninguna.
No abandoné y me alegro. Habría sido muy triste no poder ejercer la profesión para la que nací, la profesión que llevo marcada a fuego en los genes, la profesión que amo y que respeto. En definitiva, la profesión que me ha impelido abrir este blog y estar aquí contando mis cosas y mis experiencias.
En medio de ese amplio margen de años han pasado tantas, tantas cosas...
Bueno, creo que lo dejaré aquí. Todo lo que haya que contar se lo dejo a «Mi Enfermera» que lo cuenta mucho mejor que yo. O eso creo.
Así, que aquí dejo mis reflexiones. Muchos enfermeros comienzan en estas fechas su nueva andadura profesional tras terminar sus carreras en junio. Sé, porque aún lo tengo muy fresco en la memoria y en el corazón, que algunos lo habrán pasado mal, que habrán tenido miedo, que estarán, incluso, asustados... Pero eso sólo es el resultado del conocimiento pleno de lo que tienen entre manos, del hecho de asumir seriamente la responsabilidad que se deja caer sobre sus hombros. Ese temor sólo es el resultado de su calado profesional. Y ese temor es bueno en dosis pequeñas... mantenido por siempre jamás y controlado en todo momento.
Mucha suerte a todos y a todas.
Mucha suerte a ti, Ana.
Y, por ahora, nada más.

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21 comentarios:

Juanma dijo...

En su primera vez, a mi hermano le tocó guardia en un ambulatorio de pueblo. Nunca olvidará cómo temblaba cuando le tocó darle puntos a un niño pequeño muy cerca del ojo. Tampoco abandonó. Se llevó varias noches sin dormir: miedos, nervios y pasión por su trabajo. El vuestro: impagable.

Gracias y enhorabuena. Y besos, claro.

velvetinna dijo...

Hola Lola te acabo de descubrir y creo que volveré muchas veces por aquí. Yo he acabado 2º de Enfermería este año.
Esta mañana pensaba que el año que viene, por estas fechas, estaré en esa tesitura que acabas de comentar y me ha entrado una cosa por el estómago sólo de pensarlo. Yo sé que lo pasaré mal, por como soy y porque ya lo paso mal en las prácticas, con eso te lo digo todo. Te doy las gracias por esta entrada, porque nunca se comenta este miedo que pasamos, y es consolador saber que no soy la única, que no soy rara. Muchas veces me he sentido así, como tú comentas y también he sentido que no valía para esto, menos mal que conforme pasa el tiempo vas encontrando tu sitio y te das cuenta de que no sólo vales, sino que haces falta y que la Enfermería te llena como pocas cosas en la vida. Mil gracias.

Lola Montalvo dijo...

JUANMA: Yo prefiero no contar la primera vez que cosí una ceja de niño... ¡terrible! Y también prefiero no recordar cuando trabajé un verano en la UCI Neonatos del Infantil del V. Rocío. Perdí cerca de seis kilos en un verano sólo por la angustia que sufrí. Los niños son personas especiales y cuidarlos algo muy difícil. El miedo al principio es normal. Dale recuerdos a tu hermano y mil besos para ti.

Lola Montalvo dijo...

VELVETINA: la primera vez que te pones el uniforme para trabajar -no para ir a prácticas- es una sensación inigualable. Deseas estar en otro sitio, deseas que algo se abra bajo tus pies, te trague y no te tengas que ver en ese trance. Es algo que todos los profesionales de la salud, en general, y de enfermería, en particular, han pasado. Todos. Este no es un trabajo normal: se labora con personas, con su salud, con su dolor, con sus miedos, con su vida... y durante las prácticas se ven tantas cosas, que cuando empiezas sabes que te pueden pasar a ti. Pero la vocación, la pasión por este trabajo y el saber que esto es lo tuyo te da fuerzas.
Ese primer día llegará, Velvetina... y pasará.
Confía y aprende todo lo que puedas, estudia y pregunta a tus tutores y enfermeros que se ocupan de tus prácticas. Haz todo lo que puedas, mira todo lo que puedas y confía en que tu primer día como enfermera será como sea, pero pasará. Y ya no habrá ningún día como ése.
Eso sí: a mis alumnos, cuando los tenía, y a mis nuevos compañeros, cuando llegaban a mi servicio, siempre les decía que todos tenemos derecho a ser 'nuevos', a aprender cómo funciona una planta o un servicio -aunque llevemos diez años trabajando- y que los demás tenemos la obligación a ayudar al que acaba de llegar hasta que se hagan con el sitio.
Me he enrollado muchísimo...
No te agobies y confía. Te irá bien.
Mil gracias a ti por venir, por leer, por opinar. Un abrazo.

velvetinna dijo...

No te has enrollado nada, ójala haya más profesionales como tú. Gracias de nuevo. Un saludo desde Badajoz :)

CreatiBea dijo...

Lola todos los principios son duros, y sobre todo cuando acabas de terminar la carrera y más en vuestra profesión...
Con este post creo que ayudarás a mucha gente a que no tiren la toalla.
Es cierto que todos hemos sido nuevos,que no se nace sabiendo y tenemos el derecho de aprender, pero es en estos principios cuando las dudas te machacan y tienes que ser fuerte para seguir.

Besos

Anónimo dijo...

Hola Lola, he leído tu libro y varias entradas de tu blog y se nota el amor que tienes hacía la profesión. Hace falta más profesionales como tú!
Un beso.

Lola Montalvo dijo...

VELVETINA: Hay mucha gente buena en esto, ya verás!! Y gracias. Besos

BEA: por supuesto que el primer día es infernal en muchos trabajos. Ese miedo a hacer cosas solo es terrible, el miedo a equivocarse. Me alegraría saber que este post ayuda a otros enfermeros. Besos

ANÓNIMO: Muchas gracias por leer mi libro. Y te agradezco más aún que me lo hagas saber. A veces tiene una la sensación de que sus palabras quedan inertes en un libro cerrado. Ambos, mi libro y este blog, surgieron precisamente de la pasión que siento por mi trabajo, lo que me gusta ese día a día, el cuidar a los demás cuando más lo precisan... ¡ojo, con sus muchas cosas feas, que las tiene y mucho!
Gracias por visitar este espacio, por leer y por opinar. Espero verte por aquí. Un beso

Serena van der Woodsen dijo...

El verano que empecé también lo pasé muy mal, tenía mucho miedo, cada día iba a trabajar angustiada... Yo también pensé que me había equivocado, quizá que me venía grande y yo me sentía muy pequeña, una niña, que todo había pasado demasiado rápido y ahora iba sola, el uniforme azul lo llevaba yo. Pensé incluso en dejarlo y hacer otra carrera.
Han pasado 3 años (sé que es una ridiculez), pero, parece que fue ayer y, aunque esa sensación de pánico desapareció, sigo teniéndole muchísimo respeto a la profesión, al día a día.
Me encantaría que me dijeras en qué librerías puedo comprar alguno de tus libros.

Lola Montalvo dijo...

SERENA: La angustia de los primeros días trabajando como enfermera es muy frustrante, porque esta carrera se estudia por vocación... y el creer que uno se ha equivocado después de tanto esfuerzo, tras una carrera que es de todo menos sencilla y/o fácil, es de lo peor. Y sí, se le debe tener un enorme respeto a esta profesión que nos obliga a estar constantemente al tanto, alerta y estudiando por siempre jamás.
Mi libro no se vende en librerías, Serena. No me ha publicado ninguna editorial. Puedes leerlo on-line en :
http://www.librovirtual.org/book/NOV0106/A-ambos-lados
En este sitio hay una pestañita que te lleva a la página en la que lo vendo. Antes de comprarlo prueba a leerlo on-line y, si aún así quieres comprarlo, lo tienes en venta por internet en:
http://www.bubok.com/libros/1979/A-Ambos-lados
Me gustaría que te gustara... ;)))
Un abrazo

videodromo dijo...

¡Madre mía! mi estimada Lola, ¡cómo pasa el tiempo! Parece que fue ayer cuando como parvularios pensábamos que la enfermería era otra cosa, y que íbamos a cambiar el mundo. Lo que hace la edad y la distancia. Muy interesante y sorprendente su faceta literaria, me gusta, me gusta. Usted y un servidor nos debemos poner al día, porque como bien se habrá imaginado hice otra carrera...en efecto...pasé cinco años por la facultad de ciencias de la información, justo el edificio de hormigón enfrene de nuestro pequeño ático (escuela de enfermería)y ahora me dedico a lo que más me gusta el cine, en los ratos que me deja libre la consulta de enfermería.
Suyo, Alfie

Anónimo dijo...

Como olvidarlo! ese rubor de inseguridad cada vez que se dirigían a ti, esa emoción de ser por fin lo que llevabas esperando tanto tiempo, miedo, alegría... Todas esas sensaciones nos quedarán gravadas en la memoria.
saludos

Lola Montalvo dijo...

VIDEODROMO: Claro que sí querido amigo Alfie. Nuestra carrera la sufrimos y la vivimos con ilusión y cuando uno llega a la realidad, la cosa es otra. Pero, aunque reconozco que me quemé, que me churrusqué tanto, tanto, que un día creí que necesitaba dejar de ser enfermera, aún sigo siéndolo. Hago mi trabajo con ilusión y con la tranquilidad que dan los años... 21 ya!!! Cómo pasa el tiempo... ¿Te acuerdas?
Un fuerte abrazo, compi!!

ANÓNIMO: esas sensaciones nos quedan grabadas en la memoria y hoy las recordamos con una sonrisa... ¡¡¡pero qué mal lo pasamos esos primeros días!!!
Saludos.

Ana dijo...

Lei tu entrada creo que el mismo día que la publicaste pero entre unas cosas y otras se me olvidó comentar, qué cabeza, no te digo yo... jeje. La he releído y hay tanta verdad en ella... me siento muy muy identificada y creo que igual que todos los compañeros que la lean. Gracias por los ánimos, ahora los necesito como agua de mayo. Ese respeto, casi miedo, lo sufro cada día, no paro de pensar si estaré haciendo algo mal y compruebo las cosas una y mil veces. Qué alegría tenerte al otro lado de la red, me tranquiliza bastante y me ayuda a normalizar mi situación. Un beso y gracias por todo, y por la suerte que me deseas. Tienes lo que toda enfermera debe tener ;)

Lola Montalvo dijo...

ANA: ese miedo, esa preocupación, esa angustia que nace de la preocupación por hacer todo bien, es totalmente normal y le pasa a los que sienten la responsabilidad de su tarea.
Sé que lo estás pasando muy mal... a mí me pasó lo mismo, lo mismo. Y fueron unos días muy malos, unas semanas que el tiempo que ha pasado desde entonces no ha conseguido borrar.
Date tiempo. Procura no angustiarte. Sabes más de lo que crees. Pregunta todo lo que dudes aunque alguien te ponga mala cara o te sientas una pesada. Anota, escribe, toma aire cuando hagas algo importante, pide ayuda cuando lo creas preciso. La enfermería es una labor de equipo, nos necesitamos unos a otros.
Deja pasar el tiempo...
Un día te darás cuenta de que ya no te angustias tanto, de que tu mente está más tranquila, de que las crisis de «pánico» ya no son tan frecuentes, de que lo que llevas dentro fluye con naturalidad. Ese día llegará. Pero debes de tener paciencia. Llevas poco tiempo y aún te irán surgiendo cosas que te hagan dudar. ¡A mí aún me pasa y llevo una porrela de tiempo!
En mi perfil está mi mail a tu disposición.
Y estoy para lo que creas que te pueda ayudar.
Un fuerte abrazo, Ana, y un beso.

ana dijo...

Te leo y me reencuentro con mis 20 añitos pasando esa misma viruela... qué angustia, sí.

Yo también me alegro por no haber abandonado mi vocación. Confieso que me ha costado muchas lágrimas estar aquí, mucho dolor. Pero lo que he aprendido a lo largo de todos estos años, bien merecen ese esfuerzo.

Es un privilegio haber llegado hasta aquí.

Y también lo es leerte. Estas reflexiones son el reencuentro con una enorme sonrisa.

Gracias.

Lola Montalvo dijo...

ANA: suerte tiene esta bendita profesión porque tú sigas ahí. Llegar es siempre algo complicado y no siempre la vocación tiene mucho que ver.
Besos miles, amiga.

Serena van der Woodsen dijo...

Lola, la semana pasada estuve de noches y empecé a leer "A ambos lados". Me cansa bastante leerlo online, aunque ese no es el motivo de que quiera comprarlo. Me enganchó muchísimo. Espero no tener problemas al ser online. Ya te contaré.

Lola Montalvo dijo...

SERENA: me alegra que te interese mi novela. En ese libro he puesto mucho de mí, mucho. Lo empecé a escribir hace 8 años, cuando creía que ya no quería ser enfermera, cuando estuve a punto de abandonar por lo muy quemada que estaba. Esa novela tiene mi alma y mi corazón, eso sí con grandes dosis de humor condensados en la protagonista... porque para tremenedismos ya tenemos los telediarios.
Gracias por decirme que la estás leyendo. Besos

Anónimo dijo...

Hola,Lola,te acabo de descubrir casi por casualidad.Acabo de crear un blog,donde,de alguna manera,hago lo mismo que tu...Dejo salir mis sentimientos y mis experiencias teniendo como punto de partida mi trabajo.Yo soy camarero,se que nada tiene que ver con la enfermeria,pero me encantaria que leyeses lo que escribo,porque veo que tu pasion por tu trabajo es similar a la mia.Por otra parte,solo puedo agradecerte como lector la emocion que pones a todo lo que escribes y,sobre todo,tu capacidad para transmitir sentimientos...Yo tengo dos hijos de tres años...mellizos...uno de ellos paso una temporada en la UCI de neonatos del hospital Miguel Servet de Zaragoza,y gracias a personas como tu,salio adelante...JAMAS he conocido tanta sensibilidad y delicadeza en el trato humano...Mi agradecimiento a ti es extensible a todas aquellas personas que,como tu,viven su trabajo con pasion y dedicacion...Te adjunto el enlace a mi blog,por si te interesa...http://elfulgorylamelodia.blogspot.com/?spref=fb

Lola Montalvo dijo...

ANÓNIMO: gracias por tus palabras. Lo grato de esta profesión no es tanto lo que se da, sino lo que mucho que se recibe. Tus palabras son muestra de ello. Visité tu blog, me parece realmente bueno.
Un abrazo.

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